

El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, buscará alcanzar un superávit fiscal durante todos los años de su nuevo mandato, según anticipó el jefe del Partido de los Trabajadores (PT), Edinho Silva. La definición apunta a despejar las dudas sobre el rumbo de las cuentas públicas que surgieron tras su reelección.
“Lula hará un Gobierno que buscará el superávit y el equilibrio fiscal”, afirmó Silva en una entrevista con CNN Brasil. Según explicó, el objetivo es generar capacidad de inversión y, para eso, el Estado debe gastar menos de lo que recauda.
La promesa del PT llega después de una jornada de fuerte turbulencia en los mercados brasileños. Tras la victoria de Lula frente al senador Flávio Bolsonaro, el Ibovespa se desplomó 13,88%, mientras que el real se depreció 8,2% frente al dólar. Fue la mayor caída diaria de la Bolsa brasileña desde marzo de 2020.
El movimiento reflejó, entre otros factores, el cambio de expectativas de los inversores después de las elecciones. Parte del mercado había apostado por una victoria de Flávio Bolsonaro, quien durante la campaña había prometido un fuerte recorte de impuestos, burocracia y gasto público por unos 200.000 millones de reales, equivalentes a unos u$s 37.000 millones.
Las cuentas que preocupan a los mercados
La cuestión fiscal se convirtió así en uno de los principales desafíos para el cuarto mandato de Lula, que comenzará el 5 de enero de 2027. La deuda bruta del Gobierno general llegó al 82,9% del PBI en agosto, según los últimos datos disponibles del Banco Central de Brasil, con un aumento de 4,2 puntos porcentuales en lo que va del año.
En agosto, además, el sector público consolidado registró un déficit primario de 10.000 millones de reales. Si se incorporan los intereses de la deuda, el déficit nominal acumulado en 12 meses alcanzó el 9,48% del PBI, mientras que los pagos de intereses llegaron al 8,86% del producto.

Frente a ese escenario, Silva planteó que Lula quiere utilizar el próximo mandato para recuperar el equilibrio de las cuentas públicas y, al mismo tiempo, preservar la capacidad del Estado para invertir.
“Quiere un cuarto mandato histórico, que enfrente los principales problemas de nuestro país”, sostuvo el jefe del PT. Y agregó que para poner ese proyecto en práctica “el Gobierno tiene que tener capacidad de inversión”, algo que, según su explicación, solo es posible “cuando se gasta menos de lo que se recauda”.
La definición marca un intento del oficialismo brasileño de colocar el equilibrio fiscal en el centro de la agenda económica del próximo mandato. Sin embargo, todavía no se conocen medidas concretas de recorte del gasto, ni tampoco quién estará al frente del Ministerio de Hacienda.
Lula fue reelecto y enfrenta el desafío fiscal
Lula obtuvo el 51,79% de los votos válidos en la segunda vuelta y superó a Flávio Bolsonaro, que consiguió el 48,21%. De esta manera, el dirigente del PT consiguió un cuarto mandato no consecutivo, con 64.256.232 votos.
La economía brasileña, de todos modos, llega a la nueva elección con algunos indicadores favorables. Según consigna la agencia EFE, el país creció a tasas superiores al 2% durante los últimos tres años, mientras que el desempleo se encuentra en mínimos históricos y la inflación se mantiene relativamente controlada.
El desafío para el próximo gobierno será combinar esos resultados con una trayectoria fiscal que genera preocupación entre los inversores. En ese contexto, la promesa de buscar superávit durante todos los años del nuevo mandato aparece como una de las primeras señales económicas del Lula reelecto.
La diferencia es que, por ahora, la llamada “motosierra fiscal” no tiene un detalle operativo: el PT habló de gastar menos de lo que se recauda, pero todavía no precisó qué partidas se reducirían, qué metas fiscales se fijarán ni qué medidas concretas acompañarán esa promesa.



