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Mar del Plata es hoy sinónimo de verano, playa y turismo masivo. Pero su recorrido histórico demuestra que su identidad actual es el resultado de una evolución larga, marcada por cambios sociales, económicos y urbanísticos que modificaron por completo la vida en la costa bonaerense.

Ubicada en la provincia de Buenos Aires, la ciudad supera los 600.000 habitantes y recibe cada temporada a millones de turistas que llegan por sus playas, su gastronomía y su oferta cultural.

Sin embargo, antes de su fundación formal en 1874, la zona tuvo otros nombres, usos diversos y un pasado que muchas veces queda fuera de las postales actuales.

De los pueblos originarios a los primeros exploradores

Mucho antes de que existiera el concepto de “ciudad balnearia”, el área estuvo habitada por comunidades originarias que aprovechaban la cercanía al mar y a las lagunas de la región.

Con el avance europeo, navegantes como by Juan de Garay recorrieron la costa entre los siglos XVI y XVII, aunque no formaron asentamientos permanentes.

A mediados del siglo XVIII, los jesuitas intentaron crear una misión en la zona, que abandonaron pocos años después. Recién en el siglo XIX empezaron a aparecer establecimientos productivos capaces de atraer familias y trabajadores.

El primer nombre de Mar del Plata

Las referencias históricas coinciden en que uno de los primeros nombres oficiales surgió en 1857, cuando se instaló un saladero cerca de la laguna.

Ese punto comercial impulsó un pequeño núcleo poblado y dio origen a la denominación Puerto de la Laguna de los Padres, una referencia directa al entorno natural y a la actividad económica del momento.

Esos primeros nombres se apoyaban en la geografía local, la fauna marina y las características del paisaje, elementos que marcaron la identidad temprana del lugar.

El nacimiento de Mar del Plata y una figura clave

El gran cambio llegó en 1874, cuando Patricio Peralta Ramos pidió de manera formal el reconocimiento de la localidad ante el gobierno bonaerense. Desde entonces, el sitio adoptó el nombre Mar del Plata, una decisión que definió el rumbo del nuevo poblado.

Peralta Ramos levantó la Capilla de Santa Cecilia, impulsó obras, promovió la llegada de familias y consolidó el asentamiento. En sus primeros años, la ciudad dependió administrativamente del Partido de Balcarce, hasta que pasó a ser la cabecera del Partido de General Pueyrredón.

El ferrocarril y la transformación en balneario de élite

La llegada del tren en 1886 cambió la historia para siempre. Con el nuevo acceso, la ciudad comenzó a atraer a sectores acomodados del país, que buscaban un destino de descanso y mar.

En pocas décadas surgieron hoteles emblemáticos, paseos costeros, chalets veraniegos y una arquitectura que todavía distingue a Mar del Plata. Durante el primer tramo del siglo XX, la ciudad se consolidó como un punto exclusivo para familias de alto poder adquisitivo.

El salto al turismo popular en los años 50 y 60

Con el avance del siglo XX, la ciudad experimentó otra transformación profunda. La expansión del turismo social y el crecimiento de la infraestructura hotelera permitieron que Mar del Plata se volviera un destino accesible para diferentes clases sociales.

Esa apertura masiva definió su perfil moderno y le dio los apodos que hoy dominan el imaginario argentino: “La Feliz” y “La Perla del Atlántico”.

Una identidad que se sostiene y se reinventa

Cada nombre que tuvo la ciudad refleja una etapa distinta: la vida junto a la laguna, las primeras actividades productivas, los inicios del poblamiento formal y el desarrollo turístico. Esa evolución fortaleció el sentido de pertenencia de sus habitantes y dejó un patrimonio histórico que sigue presente en su arquitectura y su cultura.

Hoy, Mar del Plata combina tradición y renovación. Su oferta de espectáculos, gastronomía, playas, espacios verdes y eventos la mantiene entre los destinos más elegidos de América del Sur, tanto en verano como durante el resto del año.

Un legado que define a la ciudad

La historia de sus nombres habla de un territorio que cambió, creció y se adaptó. Ese recorrido explica por qué Mar del Plata se convirtió en un símbolo de la costa argentina y en una pieza clave del turismo nacional.

Su identidad, construida a lo largo de más de un siglo y medio, sigue viva en cada rincón: desde la Laguna de los Padres hasta los clásicos paseos frente al mar.