

Con el paso del tiempo, una PC puede comenzar a funcionar más lento por diferentes motivos: demasiadas aplicaciones ejecutándose en segundo plano, un escritorio cargado, malware o simplemente un equipo con varios años de uso.
Antes de pensar en formatear Windows o eliminar programas importantes, existen algunos ajustes que conviene revisar para intentar recuperar parte del rendimiento.
Uno de los más sencillos consiste en controlar qué aplicaciones se ejecutan automáticamente al iniciar Windows. Además, hay otras recomendaciones que pueden ayudar a liberar recursos y mejorar el funcionamiento general del equipo sin realizar cambios drásticos.
El truco secreto para mejorar el rendimiento
Una de las primeras cosas que conviene revisar son las aplicaciones que se ejecutan al iniciar el sistema operativo. Algunas se configuran automáticamente para abrirse cada vez que se enciende la computadora y, cuando son demasiadas, pueden hacer que el arranque sea más lento.

Para comprobar cuáles están activadas, hay que presionar Control + Alt + Suprimir y seleccionar Administrador de tareas. Luego, elegir Más detalles para acceder a la versión completa y entrar en Aplicaciones de arranque.
Allí aparecerá el listado de programas configurados para iniciarse automáticamente y es importante prestar atención a dos columnas:
- Estado: indica si la aplicación está habilitada para iniciarse con Windows.
- Impacto de inicio: muestra cuánto puede afectar esa aplicación al arranque del equipo.
Si aparece un programa con un impacto elevado que no es prioritario que se abra automáticamente, se puede seleccionar y presionar Deshabilitar.
La aplicación no se elimina de la PC, sino que simplemente dejará de iniciarse por sí sola y se abrirla manualmente cuando se necesite.
Otras opciones para optimizar la velocidad de la PC
Mantener limpio el escritorio de Windows
También es recomendable evitar tener demasiados archivos y accesos directos en el escritorio. Durante el inicio, Windows debe cargar los diferentes elementos que aparecen allí y, en computadoras con recursos limitados, un escritorio muy cargado puede contribuir a que el sistema tarde más en estar listo.
Una alternativa sencilla consiste en crear carpetas dentro del escritorio y organizar allí los accesos directos y archivos que realmente necesitás tener a mano.
Comprobar que la computadora esté libre de malware
La presencia de virus o malware también puede afectar el rendimiento de una PC. Por eso, si el equipo comenzó a funcionar más lento sin una causa evidente, conviene realizar un análisis de seguridad.

Windows cuenta con Windows Defender, su herramienta de protección integrada. Para acceder a ella, hay que ingresar en Privacidad y seguridad desde la configuración de Windows, seleccionar Seguridad de Windows y luego pulsar Abrir Seguridad de Windows para acceder a las opciones de protección disponibles.
Cambiar el plan de energía si la PC funciona demasiado lenta
Otra alternativa consiste en revisar el plan de energía de Windows, aunque conviene utilizarla con criterio porque un mayor rendimiento puede implicar un mayor consumo energético.
Para hacerlo, hay que buscar Panel de Control desde el menú Inicio y entrar en Hardware y sonido > Opciones de energía. Allí pueden aparecer diferentes planes disponibles y, en Windows 11, puede ser necesario seleccionar Mostrar planes adicionales.
El modo Alto rendimiento prioriza la velocidad del equipo, pero no siempre es la opción más conveniente. Si la computadora funciona correctamente, lo recomendable suele ser mantener un plan equilibrado o el establecido por el fabricante. El cambio puede reservarse para situaciones en las que realmente se necesita priorizar el rendimiento.


