

Una mujer y su hija hallaron en una acumulación de desechos una solución para un proyecto que transformaría radicalmente su existencia. A partir de envases de vidrio que se encontraban dispersos en las playas, concibieron la idea de utilizarlo como materia prima para construir una casa.
Edna Dantas y su hija Maria Gabrielly Dantas lograron en conjunto algo que jamás hubieran considerado: recolectaron aproximadamente 8.000 botellas de vidrio con la finalidad de reutilizarlas y edificaron una vivienda de siete habitaciones. La construcción fue nombrada Casa de Sal y llegó a materializarse casi por completo con materiales reciclados cinco años más tarde.

El plan para edificar una vivienda desde el principio utilizando botellas
El proyecto inició el 1 de mayo de 2020, en el contexto de la pandemia de coronavirus. La idea emergió al observar la considerable cantidad de envases desechados en el entorno tras las temporadas de turismo.
A partir de esta problemática social, la madre e hija decidieron incluirlos en su construcción y, de este modo, avanzar con uno de los proyectos más significativos.
Durante más de 730 días, se dedicaron a recolectar miles de botellas. El trabajo fue totalmente manual y requirió limpiar, preparar y colocar cada envase dentro del diseño.
La apuesta no se limitó al vidrio, ya que también incorporaron madera recuperada y muebles reutilizados para minimizar el desperdicio.
El esfuerzo de Edna y su hija en la construcción de su hogar
Durante el primer año y medio, Edna y su hija construyeron la estructura principal. En esa fase habitaron con lo esencial, utilizando un primer cuarto de 20 metros cuadrados como taller y refugio mientras progresaba la obra.
La base se completó con celeridad, sin embargo, el proyecto total requirió aproximadamente cinco años de trabajo constante. La dotación con palets, las tejas ecológicas elaboradas con tubos de pasta de dientes y la consolidación de las siete habitaciones se lograron gracias al respaldo de la comunidad local.

Edna y Maria Gabrielly rompen moldes en bioconstrucción con una técnica artesanal propia e innovadora
Edna y Maria Gabrielly crearon una técnica artesanal innovadora que transformó los métodos convencionales de bioconstrucción.
Disposición vertical y en alternancia.
En lugar de colocar las botellas en posición horizontal, de modo que únicamente se observaran las bases, se optó por situarlas en posición vertical. Una fila reposa sobre su base, mientras que la siguiente se coloca invertida, con el fin de equilibrar la diferencia entre los cuellos y los fondos y así mantener el muro en un nivel adecuado.
Solidaridad comunitaria y sostenibilidad en la Casa de Sal
Una estructura de madera reciclada soporta el peso del techo y previene la presión directa sobre el vidrio.
Es de gran relevancia considerar este aspecto en el diseño arquitectónico para garantizar la durabilidad y la seguridad de la edificación.
En un acto de solidaridad, la comunidad local se unió al esfuerzo de Edna y Maria Gabrielly, aportando recursos y manos a la obra. Gracias a estas colaboraciones, la Casa de Sal no solo representa un hogar, sino también un símbolo de unión y trabajo en equipo que busca inspirar a otros a adoptar prácticas sostenibles.
La historia de madre e hija ha llamado la atención de medios de comunicación y organizaciones ambientales, quienes ven en su proyecto un modelo replicable en otras regiones.
Este innovador uso de materiales reciclados puede transformar no solo la industria de la construcción, sino también la percepción sobre la gestión de desechos en comunidades costeras.
La vivienda debe resistir los intensos vientos marinos de su ubicación, en una isla del noreste de Brasil. Este refuerzo lateral no es un aspecto insignificante.
Una mezcla de cemento y arena establece las hileras, mientras que los tabiques internos de palets contribuyen a la rigidez lateral.


