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En las profundidades del Mar Mediterráneo y a más de 90 kilómetros de la costa actual de Israel, encontraron el barco más antiguo jamás localizado en aguas profundas en todo el mundo, cuyo interior reveló un contenido inesperado: un cargamento de cientos de ánforas cananeas intactas.
Este hallazgo que data de hace aproximadamente 3.300 años, en plena Edad de Bronce aporta datos inéditos sobre la navegación antigua y obliga a reescribir la historia del mundo marítimo.
El barco hundido en el mar Mediterráneo que cambia la historia de la navegación antigua: qué encontraron en su interior
El descubrimiento no se produjo en una excavación arqueológica convencional ni fue fruto de una búsqueda deliberada sino que fue posible gracias a un robot submarino operado por una empresa energética, que detectó la acumulación de cerámica durante un estudio rutinario.
La posterior verificación, realizada junto a la Autoridad de Antigüedades de Israel, confirmó la antigüedad y el valor excepcional del yacimiento.
Las vasijas halladas dentro de la embarcación corresponden a ánforas cananeas, un tipo de recipiente utilizado para el comercio del Mediterráneo oriental durante los siglos XIV y XIII a. C. Era un tipo de cerámica que servía para transportar productos agrícolas como aceite de oliva, vino o miel en grandes cantidades, lo que apunta a un barco mercante.
La disposición de las vasijas sugiere que el barco, en entre 12 y 14 metros de eslora, se habría hundido de forma relativamente rápida, Asimismo, no se observaron señales de que la tripulación haya logrado aligerar la carga, lo que refuerza la hipótesis de un accidente súbito.

Barco hundido en el Mar Mediterráneo: porqué este hallazgo cambia la historia de la navegación antigua
Durante décadas, los historiadores y arqueólogos sostuvieron una idea casi incuestionable sobre la navegación antigua: en la Edad del Bronce, los marinos preferían no perder nunca de vista la costa. El mar abierto era, en teoría, un territorio hostil, imprevisible y demasiado arriesgado para embarcaciones construidas con tecnología limitada.
Sin embargo, este naufragio desafía esa teoría. A esa distancia de la costa, ningún accidente geográfico habría servido de referencia visual. Asimismo, la posición del barco indica que se encontraba en una ruta directa, no en un trayecto de cabotaje, lo que apunta a una navegación planificada en aguas profundas del Mediterráneo oriental.
Uno de los aspectos más fascinantes del hallazgo es su estado de conservación. En aguas poco profundas, los restos suelen ser alterados por tormentas, actividad biológica o la acción humana. Aquí, en cambio, cada vasija se encuentra casi en la misma posición que ocupó al momento de hundirse, hace más de 3.300 años.
Por ese motivo, solo se han recuperado dos ánforas para su análisis. El resto permanecerá preservado en el fondo del mar, con el objetivo de nuevas investigaciones mediante tecnologías más avanzadas.




