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Hay una frase que el psicólogo Gabriel Rolón repite de diversas maneras y que cada vez resuena con mayor intensidad: “Todo no se puede”.

En su columna en Perros de la Calle (Urbana Play), Rolón volvió a poner el foco en uno de los temas que más aborda con sus pacientes y también en sus obras: la relación entre las expectativas y el malestar cotidiano.

Lejos de sonar a resignación, su planteamiento apunta a un significado más profundo. La frustración, establece, no es el problema en sí mismo. El inconveniente radica en creer que no debería existir.

Rolón, psicólogo: “Intentar vivir de un modo sano implica poder soportar la idea de que todo no se puede” (foto: archivo).
Rolón, psicólogo: “Intentar vivir de un modo sano implica poder soportar la idea de que todo no se puede” (foto: archivo).

La frustración como parte inevitable de la vida

“Intentar vivir de un modo medianamente sano implica, antes que nada, poder soportar la idea de que todo no se puede”, planteó el psicólogo. Añadió que esta reflexión abarca aspectos como los vínculos, los logros personales e incluso el rol de padre o pareja. No vas a acertar siempre. No todos los que deseas te correspondan. No ganarás cada vez que consideres merecerlo.

Lo que propone no es conformarse, sino distanciarse de la exigencia constante que lleva a juzgar cada resultado como un éxito o un fracaso absoluto.

Para Rolón, la frustración no representa un signo de fracaso, sino una condición humana universal. Todos enfrentamos circunstancias en las que la realidad no coincide con lo que esperábamos, lo cual provoca enojo, tristeza o una sensación de vacío. La clave radica en no evitar esa experiencia, sino en poder sostenerla sin que esta nos paralice.

Para Rolón, la frustración no representa un signo de fracaso, sino una condición humana universal. Fuente: Freepik.
Para Rolón, la frustración no representa un signo de fracaso, sino una condición humana universal. Fuente: Freepik.

Su propuesta es clara: estar bien no depende de lo que ocurre, sino de desde dónde se enfrenta a la situación. A continuación, se presentan los puntos fundamentales de su reflexión:

  • La felicidad no es un estado permanente, sino una posición ante lo que sucede.
  • La intención es relevante: cuando una decisión se toma con afecto y convicción, eso tiene valor aunque el resultado no sea el esperado.
  • Aceptar los límites no implica rendirse, es reconocer que la vida presenta situaciones de imposibilidad que escapan a la voluntad.
  • Estar en una posición favorable implica la capacidad de interpretar lo que la vida ofrece y responder desde allí, ya sea en momentos de alegría o de duelo.

Rolón también amplió su perspectiva sobre la felicidad, un concepto a menudo confundido con la ausencia de dolor o la acumulación de momentos placenteros. Para él, esta definición resulta incompleta y, en innumerables ocasiones, fuente de mayores sufrimientos.

La diferencia entre el esfuerzo y la exigencia

Hay una tensión que Rolón señala con frecuencia y que muchas personas reconocen en su propia experiencia: la diferencia entre esforzarse y exigirse de manera desmedida. El primero implica compromiso, el segundo, una vara tan alta que nada alcanza para estar a la altura.

Una idea simple pero que invita a revisar con qué criterio se juzgan las propias acciones y, sobre todo, con cuánta dureza se carga el peso de lo que no salió como se esperaba.

“A veces la decisión no fue la más correcta, pero cuando te sostiene el afecto de ‘fue hecho desde este lugar’, eso te termina rescatando”, cerró el psicólogo.