

Una planta que llegó a Hawái desde Brasil en 1825 terminó transformándose, dos siglos después, en una de las especies invasoras más difíciles de controlar.
Para intentar contenerla, investigadores de Estados Unidos desarrollaron una estrategia que combina control biológico y tecnología aérea: utilizan un insecto originario de Brasil y drones capaces de distribuirlo en zonas donde resulta complicado acceder por tierra.
El método fue puesto a prueba por un grupo de investigadores de Estados Unidos, que comparó el uso de drones con la aplicación manual para distribuir el insecto que combate al guayabo de fresa. Los resultados fueron publicados en la revista científica Journal of Economic Entomology.
Qué especie invasora llegó a Hawái en 1825 y por qué preocupa a los científicos
El guayabo de fresa es una planta originaria de América del Sur que fue introducida en Hawái desde Brasil en el siglo XIX. Con el tiempo logró expandirse ampliamente por las islas y pasó de ser una especie introducida a convertirse en una amenaza.
La planta puede formar grandes concentraciones y modificar la estructura del bosque tropical. Al ocupar el espacio disponible, compite con especies autóctonas y dificulta la recuperación de la vegetación nativa.
El problema alcanzó una dimensión considerable. Los expertos calculan que existen aproximadamente 475.000 hectáreas ocupadas por guayabo de fresa en Hawái, una superficie que hace muy difícil aplicar métodos tradicionales de manera eficiente.

Qué insecto utilizan para combatir el guayabo de fresa
El protagonista del método de control biológico es Tectococcus Ovatus, un pequeño insecto formador de agallas originario de Brasil.
Su principal ventaja es su especificidad: se alimenta del guayabo de fresa y fue seleccionado precisamente para ayudar a controlar esta especie invasora. Las autoridades hawaianas aprobaron su utilización y lo introdujeron en la isla en 2012.
Los insectos se distribuyen mediante pequeñas estructuras que contienen las colonias y que pueden colocarse sobre las hojas de los árboles. Una vez que los ejemplares colonizan una planta, pueden continuar expandiéndose por la copa y favorecer la propagación del control biológico en el área.
Los resultados observados en una zona de prueba muestran el potencial de esta estrategia. En 2017 se inoculó una colonia y, cuatro años después, en 2021, las agallas provocadas por el insecto podían observarse en el 23,1% de los árboles fotografiados. Para 2024, la presencia había alcanzado al 100% de los guayabos de fresa de esa misma zona.
Cómo funcionan los drones que utilizan para frenar la invasión
El principal desafío es llevar el insecto hasta los árboles ubicados en áreas de difícil acceso.
Por eso, los investigadores probaron un sistema instalado sobre drones para lanzar y colocar las estructuras que contienen los insectos directamente sobre los árboles.
En uno de los ensayos participaron 129 árboles de la Reserva Forestal Ola’a. El sistema terrestre consiguió colocar correctamente las estructuras en el 97,6% de los intentos, mientras que el dron alcanzó un 86,6%.
Sin embargo, la diferencia más importante apareció en el tiempo necesario para completar el trabajo. El método aéreo necesitó apenas 2,8 minutos por árbol, mientras que la aplicación manual demandó alrededor de 12 minutos. Esto significa una reducción cercana al 77% del tiempo de tratamiento.
Además, al analizar los resultados un año después, el sistema con drones había conseguido colonizar con éxito alrededor del 63% de los árboles, frente al 38% registrado con el método manual.



