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La alta mar dejó de ser un vacío legal. Con la entrada en vigor del nuevo Acuerdo de Alta Mar, la comunidad internacional sella un compromiso histórico para resguardar uno de los espacios más extensos y menos regulados del planeta.

Después de décadas de negociaciones y advertencias de la comunidad científica, el tratado recibió la cantidad de ratificaciones necesarias gracias al impulso de países como Marruecos y Sierra Leona, y ya suma cerca de 80 adhesiones.

El pacto instala por primera vez un marco jurídico claro para preservar áreas que comienzan más allá de las 210 millas náuticas de cualquier costa y representan dos tercios de todos los océanos.

Hasta ahora, esa zona no tenía reglas precisas, lo que permitía que actividades como la pesca intensiva, el tránsito comercial o la explotación científica avanzaran sin controles sólidos.

Una protección global que imita modelos de parques nacionales

El nuevo acuerdo toma elementos de los sistemas tradicionales de áreas protegidas, pero los lleva a escala planetaria.

A partir de su implementación, será posible crear reservas marinas en alta mar, regular el aprovechamiento de los recursos biológicos y exigir evaluaciones de impacto ambiental antes de permitir cualquier actividad nueva.

El objetivo es frenar el deterioro acelerado de los ecosistemas oceánicos: pérdida de especies, sobrecalentamiento del agua, contaminación plástica y presiones crecientes de la industria pesquera.

Este marco legal también crea criterios estrictos para el uso de los recursos genéticos marinos, un campo que creció rápido por el avance de la biotecnología y que hasta ahora funcionaba sin una regulación clara.

Ejemplos que muestran que la protección funciona

Aunque la alta mar es un territorio complejo, existen antecedentes que marcan un camino posible. Uno de los más citados es el Monumento Nacional Marino Papahānaumokuākea, en el Pacífico, donde la expansión del área protegida y la prohibición de la pesca permitieron que especies clave volvieran y que los ecosistemas se recuperaran en pocos años.

Ese caso es hoy una señal optimista para quienes impulsan el nuevo tratado: si se aplican reglas firmes y se sostiene el monitoreo, la naturaleza responde.

Un territorio vasto y todavía poco explorado

La ciencia continúa descubriendo la verdadera dimensión de la biodiversidad oceánica. Según investigadores del Instituto Alfred Wegener, el uso de nuevas cámaras y robots permitió identificar especies desconocidas hace apenas una década. Sin embargo, esa riqueza convive con un problema persistente: la falta de presencia estatal.

El monitoreo satelital ayuda a registrar actividades ilegales, pero los expertos advierten que sin barcos de vigilancia, la capacidad de control será limitada.

El éxito del acuerdo dependerá de fondos, cooperación entre países y voluntad política para sostener operativos en zonas remotas.

Las dudas más fuertes: ¿incluye el fondo marino?

El tratado generó entusiasmo, pero también interrogantes. El texto menciona la protección de la biodiversidad en alta mar, aunque no define con claridad si eso cubre el fondo oceánico. Ese punto es sensible porque varios países —entre ellos Estados Unidos, Rusia y China— muestran interés creciente en avanzar con minería submarina para extraer minerales críticos.

La falta de una definición explícita podría abrir tensiones cuando el tratado empiece a aplicarse. Para los especialistas, establecer límites precisos será una de las tareas centrales en la primera fase de implementación.

Un cambio clave: ya no se necesita unanimidad

Una de las modificaciones más relevantes es el sistema de votación. A diferencia de otros foros internacionales, el acuerdo permite aprobar nuevas áreas protegidas con una mayoría de tres cuartos de los países presentes, sin exigir unanimidad.

Esta dinámica evita bloqueos diplomáticos que frustraron negociaciones pasadas, por ejemplo, en la Antártida.

Para organizaciones como la High Seas Alliance, este mecanismo ofrece una oportunidad concreta para avanzar sin quedar atrapados en vetos políticos.

Lo que viene: financiamiento, instituciones y reglas operativas

El tratado ya está activo, pero el trabajo real recién empieza. En un plazo de un año, los países deberán reunirse en la primera conferencia para establecer:

  • los organismos encargados de aplicar el acuerdo
  • un sistema financiero que asegure recursos estables
  • criterios comunes para definir nuevas reservas marinas
  • protocolos de vigilancia y sanciones

Esa etapa será determinante: sin estructura ni fondos, la protección quedará en el papel.

El pacto que podría cambiar los océanos: el acuerdo global que redefine la vida en alta mar
El pacto que podría cambiar los océanos: el acuerdo global que redefine la vida en alta mar kiattisakch

Una señal de cooperación en tiempos de tensión global

El Acuerdo de Alta Mar representa un avance inusual en un contexto en el que los pactos multilaterales suelen trabarse. Para científicos y ambientalistas, el paso dado es monumental, pero advierten que la velocidad de aplicación será clave.

La presión sobre los océanos crece cada año y, sin medidas rápidas, la ventana para revertir el daño se achica.

Lo cierto es que, por primera vez, el mundo cuenta con una herramienta común para cuidar un territorio esencial para el clima, la pesca y la vida marina. La pregunta ahora es si los países podrán transformar esa promesa en protección real.