Una convocatoria científica poco convencional llegó desde Italia: el centro Eurac Research necesita doce personas dispuestas a instalarse durante un mes en los Alpes, con todos los gastos cubiertos y una compensación de 400 euros.

El fin no es turístico sino académico: el proyecto MAHE busca medir con rigor cómo impacta vivir a una altura de entre 2.000 y 2.500 metros en quienes habitualmente residen al nivel del mar, poniendo el foco en la salud cardiovascular, el metabolismo y el sueño.

La sede del experimento, que se llevará a cabo entre agosto y septiembre de 2026, es el refugio Nino Corsi, enclavado en el Parque Nacional del Stelvio, en la región del Tirol del Sur. Los investigadores eligieron este enclave porque la mayor parte de los estudios existentes sobre altitud y salud se concentraron en cimas extremas, dejando sin respuesta qué ocurre en altitudes intermedias, donde viven millones de personas en todo el mundo.

Datos preliminares apuntan a que ese rango específico podría tener efectos favorables sobre la presión arterial y el metabolismo, pero la ciencia aún no cuenta con evidencia sólida al respecto.

Un pueblo en los Alpes Suizos se derrumbó debido al cambio climático. Fuente: Archivo.
Un pueblo en los Alpes Suizos se derrumbó debido al cambio climático. Fuente: Archivo.

El perfil requerido apunta a hombres y mujeres de entre 18 y 40 años sin enfermedades preexistentes, no fumadores y ajenos al deporte de alto rendimiento. Estas condiciones buscan garantizar que los resultados sean homogéneos y comparables entre sí. La respuesta pública superó con creces las expectativas: apenas publicada la convocatoria, llegaron más de 160 postulaciones.

Quienes resulten seleccionados no estarán de vacaciones. Deberán mantener su ritmo laboral o académico habitual a través del teletrabajo, mientras un equipo médico registra de forma continua su actividad física, alimentación y descanso. La idea es que el entorno cambie, pero no los hábitos, para aislar con mayor precisión el efecto de la altitud sobre el organismo.

Vivir por encima de los 1.500 metros tiene implicancias concretas: la presión atmosférica es menor, el oxígeno escasea y la radiación ultravioleta es más intensa.

Aunque algunos estudios asocian estas condiciones con una reducción de la mortalidad por accidentes cerebrovasculares, también se registra mayor riesgo en afecciones respiratorias. Precisamente esa tensión entre beneficios y riesgos es lo que el proyecto pretende cuantificar.

Los resultados de este monitoreo apuntan a un objetivo más amplio: entender en qué medida el entorno geográfico, independientemente de la genética o los hábitos personales, puede incidir en la longevidad. Si los datos confirman el potencial protector de las altitudes medias frente a enfermedades cardiovasculares e incluso ciertos tipos de cáncer, el hallazgo podría tener consecuencias relevantes para la medicina preventiva a escala global.