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El recrudecimiento del conflicto en Medio Oriente ya empieza a reflejarse en las estrategias de los grandes bancos de inversión sobre los activos emergentes y, en particular, sobre la deuda argentina.
El Bank of America (BofA) decidió cerrar su recomendación de compra en el bono soberano GD35 tras capturar una suba cercana al 11% desde julio pasado, en un movimiento táctico ante la mayor aversión global al riesgo.
El análisis de Wells Fargo asegura por su parte que una escalada prolongada de la guerra podría golpear con fuerza a economías vulnerables al financiamiento externo, como la Argentina.
Wells Fargo advierte que, aunque el escenario base es que el conflicto en Medio Oriente tenga un impacto limitado en la economía global, el riesgo de una escalada prolongada no puede descartarse.
En ese caso, el principal canal de contagio hacia los mercados emergentes sería financiero: “Una mayor incertidumbre geopolítica podría generar volatilidad en los mercados y provocar un “sudden stop” de capitales, es decir, una interrupción abrupta de los flujos de financiamiento hacia estas economías”.
“Ese tipo de episodios históricamente golpea con más fuerza a los países que dependen del financiamiento externo, tienen niveles elevados de deuda en moneda extranjera o cuentan con reservas internacionales limitadas”, consigna el banco.
Argentina, solo por detrás de Turquía
Bajo ese prisma, el informe ubica a la Argentina y Turquía como los emergentes más vulnerables a un shock de ese tipo, mientras que economías como China, India o Corea del Sur aparecen mucho más protegidas por sus fundamentos macroeconómicos y su mayor colchón de reservas.
Para el banco estadounidense, un deterioro prolongado del clima financiero global podría traducirse en presiones sobre las monedas emergentes, suba de spreads soberanos y mayor dificultad para acceder a financiamiento externo.

El informe también analiza la resiliencia de las monedas emergentes frente a un shock geopolítico. En ese punto, el peso argentino vuelve a aparecer entre las divisas con fundamentos más débiles dentro del universo emergente, junto con las monedas de Colombia y Turquía.
El análisis considera variables como el nivel de reservas, la cobertura de importaciones, los diferenciales de tasas reales y los riesgos políticos. En ese contexto, las monedas asociadas a fundamentos más frágiles podrían enfrentar depreciaciones adicionales si la volatilidad global se intensifica.
A su vez, Wells Fargo advierte que un eventual salto del precio del petróleo podría generar un doble shock para varios emergentes: “Depreciación cambiaria y presión inflacionaria, lo que reduciría el margen de los bancos centrales para bajar tasas y estimular la actividad”.
Desarme de recomendación y el impacto positivo de la energía
El diagnóstico no es completamente negativo para la Argentina. En un informe separado, Bank of America sostiene que el país podría beneficiarse parcialmente de un escenario de precios energéticos más elevados, dado que ya se ha convertido en exportador neto de petróleo.
Según el banco, la producción argentina ronda los 860.000 barriles diarios, lo que permite que un aumento del precio del crudo mejore el ingreso de divisas y fortalezca la balanza energética. En ese contexto, el superávit del sector podría acercarse a los u$s 8000 millones anuales, impulsado por el crecimiento de Vaca Muerta.
Un petróleo más caro, asegura el documento, podría acelerar proyectos de inversión en infraestructura energética y gas natural licuado, lo que ampliaría el flujo potencial de dólares hacia la economía.
Sin embargo, el documento informa que el gigante de Wall Street recomendó a sus cliente4s tomar ganancias y cerrar una recomendación de compra en el bono soberano argentino con vencimiento en 2035 (GD35), una posición que había iniciado en julio de 2025.
La operación capturó una suba desde u$s 67,1 hasta u$s 74,4, lo que implicó una ganancia cercana al 11% en precio. El banco explicó que el cierre responde principalmente al aumento de la aversión global al riesgo provocado por el conflicto en Medio Oriente, que podría afectar temporalmente a los activos emergentes y “retrasar el regreso de la Argentina a los mercados internacionales de deuda”.
Sin embargo, la entidad aclaró que la decisión es táctica y no implica un cambio en su visión estructural. También ratifica que mantiene una recomendación Overweight sobre la deuda externa argentina al considerar que los rendimientos son elevados con relación a su calificación crediticia y que el país muestra avances macroeconómicos relevantes.
Entre los factores positivos menciona la fuerte consolidación fiscal, la desaceleración de la inflación y el potencial crecimiento del sector energético.




