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Meta presentó resultados mejores de lo esperado y, sin embargo, sus acciones llegaron a caer 7% en Wall Street.
La reacción puede parecer contradictoria: la compañía registró ingresos récord de u$s 64.000 millones y un beneficio por acción de u$s 3,83, por encima de los u$s 3,56 que esperaba el mercado. Pero los inversores encontraron otro motivo para vender.
Meta elevó el piso de su previsión anual de gasto de capital a entre u$s 135.000 millones y u$s 145.000 millones, desde un rango anterior de u$s 130.000 millones a u$s 145.000 millones.
Además, comunicó que recurrirá a una nueva clase de acciones sin derecho a voto para ayudar a financiar su expansión en inteligencia artificial. El problema dejó de ser entonces si las grandes tecnológicas están creciendo.
La pregunta que empieza a dominar Wall Street es cuánto tienen que gastar para seguir creciendo, cómo van a financiar esa inversión y cuándo aparecerá el retorno.
Pero el caso bursátil más destacado de las última horas importa porque Meta forma parte de un grupo reducido de compañías que concentra una porción cada vez mayor de las ganancias esperadas del mercado estadounidense.
El informe de Wealth Management de IOL hace pocos días advertía justamente que una decepción de las empresas más grandes podía tener un efecto que fuera mucho más allá de sus propias cotizaciones.
Meta cayó aunque superó las expectativas: qué vio el mercado
Meta compañía tuvo ingresos récord y un beneficio por acción superior al esperado. Pero al mismo tiempo informó un flujo de caja libre negativo de u$s 2120 millones, frente a uno positivo de u$s 10.630 millones un año antes. Fue la primera vez en más de una década que Meta registró una salida neta de caja de este tipo. La explicación está vinculada con la magnitud de las inversiones.
Meta forma parte del grupo de empresas que está construyendo centros de datos y otra infraestructura para sostener el desarrollo de la IA. El aumento del gasto plantea una pregunta cada vez más relevante para los accionistas: ¿qué retorno generará todo ese capital?
El jueves, Nvidia cayó 4%, el índice de semiconductores de Filadelfia perdió 6,7% y el Nasdaq se desplomó 2,6%, en su peor rueda desde junio.
En la sesión siguiente, la rotación continuó aunque con menor intensidad: Meta volvió a caer, mientras Nvidia y otras compañías vinculadas con la IA también operaron a la baja.
El problema de Wall Street: pocas empresas explican demasiado
El informe de IOL permite dimensionar por qué una caída de Meta puede tener consecuencias sobre el mercado en general.
El crecimiento de las ganancias esperadas para el S&P 500 ronda actualmente 29%. Pero si se excluyen Nvidia y Micron, baja a 20%.
La concentración es todavía más evidente dentro de las Magnificent 7. El conjunto de esas siete compañías tiene previsto un crecimiento de ganancias de 33,2%, frente al 27,7% del resto del S&P 500.
Pero si se sacan Nvidia y Meta de la cuenta, el crecimiento esperado de las otras cinco cae a apenas 7,5%.
Es una diferencia que ayuda a entender por qué los inversores siguen con tanta atención los balances de las grandes tecnológicas.
Una corrección fuerte en una de ellas puede afectar simultáneamente el precio de la compañía, las expectativas sobre sus resultados y la percepción sobre todo el sector.
La paradoja: el S&P puede crecer aunque las grandes fallen
La concentración de las ganancias no significa que el S&P 500 dependa indefinidamente de las mismas empresas.
De hecho, IOL destaca un dato que puede cambiar la lectura durante los próximos meses: por primera vez desde 2022, se espera que las otras 493 empresas del índice crezcan más que las Magnificent 7 en el cuarto trimestre.
La previsión apunta a un crecimiento de ganancias de 30,6% para las otras 493 compañías, frente a 23,6% para las Magnificent 7.
Si esa expectativa se confirma, el mercado podría empezar a depender menos de las gigantes tecnológicas para sostener el crecimiento agregado. Seis de las siete Magnificent 7 todavía deben presentar sus balances y sus perspectivas para los próximos trimestres.
La temporada de resultados será, por eso, una especie de examen sobre la capacidad de esas compañías para justificar las enormes inversiones que están realizando.

Qué pasa si las gigantes decepcionan
La reacción del mercado frente a Meta muestra que “decepcionar” ya no significa necesariamente presentar una pérdida o incumplir las previsiones de ganancias.
Una compañía puede superar el consenso y, aun así, ser castigada si el mercado considera que el crecimiento futuro requiere demasiado capital o que el retorno de esa inversión tardará más de lo esperado.
Ese cambio de criterio es importante para toda la cadena de la IA. Si las grandes plataformas desaceleran sus inversiones, pueden verse afectados los fabricantes de chips, los proveedores de infraestructura y las empresas que dependen de ese ciclo de gasto.
Y si mantienen el ritmo, el mercado necesitará comprobar que ese desembolso empieza a transformarse en ingresos y ganancias.
Por eso el movimiento de Meta tuvo una repercusión mucho más amplia. El jueves, mientras las acciones vinculadas con la IA eran vendidas, los inversores buscaron refugio en los bonos del Tesoro y en sectores considerados menos expuestos al ciclo tecnológico.
Esta fue una señal de que el mercado está empezando a discutir la sostenibilidad económica del boom de la IA.





