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La mora en los créditos otorgados por fuera del sistema bancario alcanzó niveles récord y empezó a producir que aquellas entidades que ampliaron el acceso al financiamiento durante los últimos años ahora también comenzaron a restringir su oferta de préstamos.

Un informe sobre la evolución del endeudamiento muestra que la irregularidad de las familias con proveedores no financieros de crédito llegó al 30,1% en junio, por encima incluso del máximo registrado durante la pandemia.

Pero el dato más reciente aparece un paso después: mientras disminuyen los préstamos y la cantidad de usuarios en las categorías de menor riesgo, crece el volumen de deuda directamente clasificada como irrecuperable.

El fenómeno abarca un universo más amplio que las billeteras digitales más conocidas. Técnicamente se trata de los Proveedores No Financieros de Crédito (PNFC), una categoría que incluye fintech y otros prestamistas y financiadores.

El cambio tiene una consecuencia directa para quienes necesitan financiarse: puede resultar más difícil acceder a nuevos préstamos, al tiempo que el costo y las condiciones adquieren todavía mayor relevancia antes de aceptar una oferta de crédito.

La mora de las billeteras llegó al 30%: qué significa

Elaborado sobre información del Banco Central y de la Central de Deudores (CENDEU), el documento publicado por el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), muestra la velocidad que alcanzó el deterioro.

La mora de las familias con proveedores no financieros pasó de 7,3% en noviembre de 2024 a 30,1% en junio de 2026. El registro incluso superó el máximo anterior de la serie: 27,1% en mayo de 2020, en plena pandemia. Existe una salvedad para esa comparación: el BCRA comenzó a medir la calidad de la cartera de los PNFC en 2018.

Para entender la magnitud del problema también es necesario saber qué considera el informe como morosidad.

La CENDEU clasifica a los deudores según su nivel de riesgo.

  • La Situación 1 corresponde a la cartera normal.
  • La Situación 2 implica seguimiento especial o riesgo bajo y todavía no es contabilizada formalmente como mora.
  • El deterioro comienza a computarse desde la Situación 3, correspondiente a deudores con problemas y atrasos superiores a 90 días.
  • Luego aparece la Situación 4, considerada de alto riesgo de insolvencia.
  • La Situación 5, donde la deuda ya se clasifica como irrecuperable.

Al observar conjuntamente bancos y proveedores no financieros, la mayor cantidad de dinero irregular está actualmente en Situación 4: son $6,73 billones. Otros $4,14 billones corresponden a Situación 3 y $3,86 billones ya se encuentran clasificados como irrecuperables.

Pero en esta última categoría aparece una particularidad. Aunque el sistema bancario tiene una cartera de préstamos considerablemente mayor, los proveedores no financieros explican el 64,6% del capital familiar considerado irrecuperable.

Es decir, el deterioro no se limita a un incremento de personas que pagan tarde, sino que una porción importante del crédito ya avanzó hasta la peor categoría de riesgo.

La señal que muestra que las billeteras empezaron a prestar menos

El cambio más reciente aparece al comparar mayo con junio.

Hasta ahora, parte de la demanda de financiamiento que no encontraba respuesta en los bancos había avanzado hacia proveedores no financieros. Entre febrero de 2024 y junio de 2026, por ejemplo, la cantidad de deudores exclusivamente bancarios se redujo en 1,09 millones (-12%), mientras creció el universo vinculado a los proveedores no financieros.

Pero en junio esa dinámica mostró una modificación. Los datos del CEPA indican una caída generalizada tanto del monto prestado en términos reales como de la cantidad de deudores de las billeteras en las primeras cuatro categorías crediticias. Al mismo tiempo, la Situación 5 se movió exactamente en la dirección contraria.

En Situación 1, el monto se redujo en $97.154 millones reales respecto de mayo y hubo 3814 deudores menos. En Situación 2, la caída alcanzó $60.209 millones y 38.560 personas; en Situación 3, $56.733 millones y 32.191 deudores; y en Situación 4, $9118 millones y 3572 personas.

En cambio, la deuda en Situación 5 aumentó casi $180.000 millones en apenas un mes y sumó 72.080 deudores.

El CEPA define expresamente el fenómeno como un “freno en el otorgamiento de crédito” y sostiene que, al igual que los bancos, estos proveedores ajustaron su oferta, conteniendo tanto los montos concedidos como la cantidad de nuevos préstamos.

En paralelo, observa un “escalamiento directo a la incobrabilidad”: la cantidad de usuarios que se incorporaron a Situación 5 resulta prácticamente equivalente a la reducción de deudores observada en conjunto en los cuatro tramos anteriores.

La foto general también permite dimensionar cuánto creció este mercado dentro del problema de la mora.

En junio había 20,97 millones de personas endeudadas considerando bancos y proveedores no financieros, de las cuales 5,91 millones estaban en situación irregular. De estas últimas, 2,90 millones estaban en mora exclusivamente con proveedores no financieros y no registraban incumplimientos con bancos.

Qué mirar antes de pedir un crédito por una billetera

Que el acceso al crédito comience a restringirse no significa que las alternativas hayan desaparecido. Pero en un mercado caracterizado por prestamistas, tasas y condiciones muy diferentes, la facilidad para conseguir el dinero no debería ser el principal criterio para decidir si tomarlo.

El primer dato para comparar es el Costo Financiero Total (CFT) y no solamente la tasa nominal anunciada. El CFT busca reflejar cuánto termina costando realmente el financiamiento al incorporar intereses y otros conceptos asociados al préstamo.

Esto adquiere particular importancia en el crédito no bancario. El propio informe señala que estos proveedores suelen operar con tasas superiores a las del sistema bancario tradicional, en parte como cobertura frente al mayor riesgo de incobrabilidad de su cartera.

El segundo punto es evaluar qué proporción de los ingresos absorberá la cuota. Que el monto pueda pagarse hoy no alcanza. Hay que contemplar los gastos habituales y cuánto margen queda disponible frente a un imprevisto durante todos los meses que dure el préstamo.

También importa el plazo. Estirar un crédito puede reducir el valor de cada cuota y hacerlo parecer más accesible, pero al mismo tiempo puede incrementar significativamente el costo total que terminará pagando el usuario.

Otra pregunta necesaria es qué ocurre ante un atraso. Antes de aceptar una oferta conviene conocer los intereses que comenzarán a correr, los cargos aplicables y las consecuencias que el incumplimiento puede generar sobre la situación crediticia.

Finalmente, utilizar un nuevo préstamo para cancelar sistemáticamente una deuda anterior constituye una señal que requiere especial atención. Puede servir para ordenar vencimientos en determinadas circunstancias, pero si la operación sólo posterga pagos sin recuperar capacidad para afrontarlos con los ingresos habituales, el problema deja de ser de liquidez y puede transformarse en uno de sobreendeudamiento.