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El tipo de cambio en Argentina se mueve al compás de la tendencia del dólar a nivel global. La correlación entre el dólar index y el dólar financiero en Argentina se incrementó recientemente.

Con un riesgo país en niveles de 400 puntos, los factores externos comienzan a tener una mayor significancia sobre los activos financieros locales. Que espera el mercado para el futuro del dólar hacia adelante.

Más introducidos en el mundo

El dólar index representa hoy una variable cada vez más importante sobre el tipo de cambio local, condicionando la tendencia del bille en Argentina.

En los últimos meses se observa una evolución del Dollar Index y el tipo de cambio financiero en Argentina (MEP) cada vez más estrecha y correlacionada, es decir, se observa que ambos activos tendieron a moverse en la misma dirección durante el ultimo año.

La relación entre ambas variables no es mecánica, pero sí relevante.

Un DXY en alza implica un fortalecimiento del dólar frente a las principales monedas del mundo, lo que suele endurecer las condiciones financieras globales, presionar a las monedas emergentes y reducir el apetito por activos de riesgo.

En ese contexto, países como Argentina suelen enfrentar mayores presiones cambiarias, ya que aumenta la demanda de cobertura en dólares y se encarece el financiamiento externo.

Por el contrario, cuando el DXY cae, el contexto internacional suele ser más favorable para los mercados emergentes, lo que tiende a aliviar las tensiones sobre el tipo de cambio local.

Esta relación se fortalece aun mas si se toma en cuenta que hoy el riesgo país argentino se encuentra en 400 puntos, haciendo que los factores globales tengan un rol cada vez mas importante sobre los activos domésticos.

Hoy la Argentina está más introducida en el mercado global ya que el riesgo país es más bajo, por lo que depende mucho más de los flujos a nivel internacional.

En ese sentido, los cambios en las expectativas en la política monetaria en EEUU tienden a mover al dólar index en una primera instancia, y generando una tendencia similar luego en dólar en argentina en una segunda instancia.

Sin embargo, la volatilidad del dólar en Argentina es más elevado respecto del dólar index.

Esto se debe a que, además del contexto global, el tipo de cambio local está condicionado por factores propios de la economía argentina, como la política monetaria y cambiaria del Gobierno, las compras de reservas del Banco Central, la dinámica de la deuda en pesos, la estacionalidad de la oferta de divisas y la incertidumbre política.

En consecuencia, el DXY funciona como un viento de cola o de frente para el peso argentino, pero la dirección final del tipo de cambio depende principalmente de los factores domésticos.

Dante Ruggieri, socio de AT Inversiones, espera mayores subas en el dólar a nivel global, lo cual podría condicionar la tendencia del tipo de cambio en Argentina, por lo que ve cierto argumento para estar posicionado en moneda dura.

“Para lo que respecta a Argentina y al resto de los emergentes, un dólar index más fuerte podría generar presión en las monedas. Desde mi punto de vista, me siento más cómodo estando posicionado en activos hard dollar por este motivo y por motivos locales tanto de corto plazo como es el tercer trimestre en donde baja la oferta de divisas y como también pensando en un horizonte de mediano en donde el país tendrá elecciones presidenciales el año siguiente”, sostuvo.

Cuando se analiza la dinámica entre el dólar index y el MEP en las ultimas semanas, la relación entre ambos se hizo más estrecha.

El DXY comenzó a retroceder, pasando desde máximos de 101,5 hasta ubicarse nuevamente cerca de los 100 puntos, en un contexto de mayores expectativas de recortes de tasas por parte de la Reserva Federal y una moderación en la fortaleza del dólar a nivel internacional.

En paralelo, el dólar financiero también corrigió, retrocediendo desde la zona de $1.530 hasta niveles cercanos a $1490.

Si bien la baja fue acompañada por un contexto externo más favorable, también influyeron factores locales, como las intervenciones oficiales, la estrategia del Tesoro para absorber pesos y la continuidad de las compras de divisas del Banco Central.

Es decir, la caída reciente del DXY actuó como un viento de cola para el peso argentino, al reducir parte de la presión cambiaria externa.

Maximiliano Tessio, asesor financiero, remarcó que la reciente baja del dólar index ayudó a quitar presión sobre el tipo de cambio local.

Hacia adelante, advierte que el comportamiento del dólar global va a seguir muy condicionado por la Fed y la evolución de las tasas largas en EE.UU.

De cualquier manera, no ve la necesidad de abandonar masivamente las estrategias en pesos.

“En este contexto, no creo que sea momento de dolarizar agresivamente las carteras. Sigo viendo valor en posiciones en pesos, especialmente en instrumentos que combinan buen carry con cobertura cambiaria, como los bonos duales”, comentó Tessio.

Mirando a la Fed

Una variable clave que condiciona la tendencia del dólar index es la trayectoria futura de la política monetaria en EEUU.

Si el mercado espera suba de tasas de la Fed, las tasas en el mercado tienden a subir, haciendo que los capitales globales regresen a EEUU para aprovechar esa tasa más elevada.

Para implementar dicha estrategia deben hacerlo con dólares, por lo que se eleva la demanda potencial del billete, presionando al alza al dólar index.

Del mismo modo, pero en sentido contrario, si el mercado espera baja de tasas de la Fed, la demanda potencial del dólar debería ser mas baja ya que menos inversores se verían atraídos a regresar a EEUU debido a que las tasas de los bonos del EEUU tenderían a niveles mas deprimidos.

En la actualidad, el escenario base continúa siendo que la Fed eleve las tasas de manera gradual.

Para la reunión de septiembre, los contratos de futuros reflejan un 58,7% de probabilidad de que la Fed eleve la tasa 25 puntos básicos, llevándola al rango de 3,75%-4,00%, mientras que un 41,3% apuesta a que la mantenga sin cambios en 3,50%-3,75%. E

s decir, el escenario base del mercado dejó de ser una pausa y pasó a ser un nuevo endurecimiento de la política monetaria.

A medida que avanzan las reuniones, el mercado continúa contemplando la posibilidad de tasas más elevadas.

Para diciembre de 2026, la probabilidad de mantener la tasa en 3,75%-4,00% asciende al 43,9%, mientras que un 31,7% ya descuenta un rango de 4,00%-4,25%.

Incluso hacia 2027, el escenario predominante sigue concentrándose entre 3,75%-4,25%, lo que refleja que los inversores esperan que la Fed mantenga una postura restrictiva durante un período prolongado y que cualquier eventual recorte de tasas quedaría postergado hasta que existan mayores evidencias de una desaceleración sostenida de la inflación.

La posibilidad de que la Fed vuelva a subir las tasas incrementa el atractivo de los activos denominados en dólares, fortalece a la moneda estadounidense y suele generar un contexto menos favorable para los mercados emergentes.

Para Argentina, este escenario representa un viento en contra. Un dólar global más fuerte suele traducirse en mayores presiones sobre el tipo de cambio financiero, ya que reduce el apetito por activos emergentes y fortalece la demanda de cobertura en dólares.

Por eso, si el mercado continúa consolidando la expectativa de una nueva suba de tasas de la Fed, el contexto internacional podría volver a presionar al dólar financiero local, aun cuando la dinámica final siga dependiendo de factores domésticos como la política monetaria, la acumulación de reservas y el proceso electoral.

De cualquier manera, los analistas siguen haciendo foco en que los factores locales tienden a ser preponderantes a la hora de explicar la tendencia de los activos financieros domésticos, en particular al tipo de cambio.

Los analistas de Adcap Grupo Financiero remarcaron que los factores idiosincráticos están dominando a las monedas emergentes, haciendo referencia a que los movimientos de estas divisas no están siendo explicados principalmente por un factor global, como el comportamiento del Dollar Index (DXY), las tasas de la Reserva Federal o el apetito global por riesgo.

En cambio, cada moneda está reaccionando a factores propios de su economía, como decisiones de política monetaria, incertidumbre política, evolución fiscal, inflación, flujo de capitales o precios de sus principales exportaciones.

En el caso de Argentina, la depreciación del peso financiero durante la última semana responde principalmente a factores domésticos, entre ellos la incertidumbre electoral, la dinámica del mercado cambiario y las expectativas sobre la política económica.

Es decir, aunque el contexto internacional sigue siendo importante, el comportamiento reciente del peso argentino estuvo mucho más condicionado por variables locales que por los movimientos del dólar a nivel global.

“Los factores idiosincráticos están predominando en la evolución de las monedas de los mercados emergentes”, dijeron desde Adcap.

Lisandro Meroi, Research Analyst de TSA Bursátil, explicó que la dinámica del dólar index está condicionada por los cambios en las expectativas en torno a la política monetaria en EEUU.

En ese sentido, Meroi agregó que el mercado inició el año esperando recortes para la tasa de referencia, sin embargo, la nominación y posterior confirmación de Warsh como presidente de la Fed cambió el enfoque hacia un banco central a priori más hawkish.

“El panorama actual no es sencillo, tanto por la intención de Warsh de recortar el forward guidance, como por la situación cambiante en Medio Oriente y su repercusión sobre la energía y los precios. Probablemente la Fed decida esperar a contar con más información sobre la economía y los reportes de las “task forces” para establecer un sendero más claro en política monetaria”, sostuvo.

En cuanto al impacto local, Meori detalló que el dólar en Argentina ha movido con cierta independencia respecto de la dinámica del dólar index.

“El dólar local ha sido guiado por fundamentos idiosincráticos que probablemente continúen traccionando en los próximos meses. Un punto no menor es la ausencia local de elecciones, quitando un factor de volatilidad no despreciable”, afirmó.

El dólar futuro

Pensando en el futuro del tipo de cambio, el mercado ve mayores subas en el dólar.

El mercado de futuros de dólar proyecta una trayectoria de depreciación gradual del tipo de cambio oficial durante los próximos meses.

De acuerdo con los precios implícitos de los contratos, el dólar avanzaría desde los niveles actuales hasta ubicarse en torno a $1.590 a fines de septiembre, $1.630 hacia diciembre de 2026 y cerca de $1.820 para junio de 2027.

Es decir, los operadores no descuentan un salto cambiario abrupto, sino un sendero de ajustes mensuales relativamente ordenado.

Esta dinámica es consistente con la curva de devaluación implícita, que se estabiliza en torno a una tasa efectiva anual del 24%, reflejando que el mercado espera que el Gobierno mantenga un esquema de depreciación administrada del tipo de cambio oficial.

En ese contexto, las mayores coberturas se concentran en los vencimientos más cercanos, mientras que los contratos de mayor plazo incorporan una suba gradual del dólar, sin señales de una aceleración significativa de las expectativas de devaluación.

Federico Filippini, Head of Research & Strategy de Adcap Grupo Financiero, espera una suba leve en el dólar hacia los próximos meses.

“En las últimas semanas vimos el tipo de cambio moverse en línea con el índice del dólar global, lo que también permitió que el tipo de cambio real acotara su apreciación. En este contexto, y en lo que resta del año, estamos en línea con las expectativas del mercado, que contemplan una depreciación gradual del tipo de cambio sin saltos bruscos”, comentó.

Por su parte, Matías Ballestrín, jefe de Inversiones de Banco Piano, también espera una dinámica cambiaria al alza pero moderada.

“Vemos un dólar que, si bien puede ir ajustando, no se ve gran volatilidad. La curva de tasas en pesos muestra la misma expectativa. El segundo semestre siempre es un poco más exigente en materia cambiara, pero se ve ingreso de dólares. Reafirma esto cada emisión nueva de ON, donde hoy sobra flujo”, dijo Ballestrin.

En relación a la dinámica devaluatoria, tras una tasa implícita del 17,5% anual para el contrato más corto, la curva de dólar futuro se empina rápidamente hasta ubicarse por encima del 23% anual hacia los vencimientos de cinco a ocho meses.

A partir de allí, las expectativas se estabilizan en torno al 24% anual, lo que refleja que los operadores descuentan un esquema cambiario con ajustes graduales y sin un salto discreto del dólar oficial.

El comportamiento de la curva también evidencia que las expectativas de devaluación de mediano plazo permanecen ancladas.

Si bien existe una leve pendiente positiva entre los primeros vencimientos y los contratos de mayor plazo, la diferencia es acotada y las tasas convergen hacia una zona cercana al 24%-24,3% anual.

En otras palabras, el mercado no está incorporando un escenario de aceleración significativa del ritmo de devaluación, sino que proyecta una dinámica relativamente previsible para el tipo de cambio oficial durante los próximos meses.

Pablo Lazzati, CEO de Insider Finance, tampoco espera una suba significativa del tipo de cambio en los próximos meses.

Entre sus argumentos, remarcó que uno de los principales factores es que el sector agropecuario viene demorando las liquidaciones respecto del promedio de los últimos años, lo que implica que todavía queda un importante flujo de divisas por ingresar.

“Las estimaciones indican que la cosecha tendrá un rendimiento algo superior, por lo que, con precios similares o incluso más altos, el Banco Central contará con un mayor volumen de dólares provenientes del agro”, indicó.

Además, le sumó otros factores de oferta de divisas que aún están pendientes, como las emisiones de obligaciones negociables (ON) y, en un horizonte de los próximos 12 meses, los ingresos extraordinarios que podrían generarse por el proceso de privatización de empresas públicas, entre ellas Aysa y Aerolíneas Argentinas.

“En conjunto, estos flujos deberían contribuir a sostener la oferta de dólares y a mantener la estabilidad cambiaria en los próximos meses”, consideró Lazzati.

Finalmente, y mirando hacia adelante, Nery Persichini, estratega jefe de GMA Capital, alertó que el panorama continúa mostrando factores que podrían apuntar a una mayor presión cambiaria. Sin embargo, no espera un movimiento fuerte para el tipo de cambio.

“La desaceleración de las liquidaciones del agro, la creciente incertidumbre asociada al calendario electoral y un contexto internacional que podría dejar de ser tan benigno. En este marco, esperamos una mayor volatilidad de cara a los próximos meses y proyectamos que el dólar se mueva en un rango crecientemente amplio, entre los $1.505 y $1.680 hacia fin de año”, detalló.