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La Argentina mejoró su imagen financiera, bajó el riesgo país y volvió a aparecer en los portfolios de inversores globales. Pero hay un termómetro que no se mueve al ritmo de los bonos soberanos: el que miden las multinacionales antes de decidir dónde instalar una planta, ampliar operaciones o relocalizar producción.
El Global Business Complexity Index 2026, uno de los rankings más influyentes entre corporaciones globales, ubicó al país en el noveno puesto entre las jurisdicciones más difíciles del mundo para operar.
Y es que mientras Wall Street empieza a premiar el superávit fiscal, la desaceleración inflacionaria y la expectativa de reformas, las grandes compañías globales todavía ven al país como uno de los entornos más difíciles del mundo para hacer negocios.
Ese es el principal mensaje que deja el Global Business Complexity Index 2026 de TMF Group, uno de los informes internacionales más seguidos por corporaciones e inversores para medir complejidad operativa, regulatoria y administrativa.
El ranking ubicó a la Argentina en el noveno puesto entre las jurisdicciones más complejas del planeta para operar, trepó así desde el puesto 11 del año pasado y regresó al “top 10” global.
El reporte no mide potencial macroeconómico ni valuaciones de activos. Analiza 292 indicadores vinculados a contabilidad, impuestos, regulación laboral, administración corporativa y cumplimiento normativo en 81 jurisdicciones que representan más del 90% del PBI global. Y ahí Argentina sigue como un mercado de alta fricción.
Según el documento, las empresas extranjeras todavía enfrentan cambios regulatorios imprevisibles, cargas administrativas elevadas y controles cambiarios que complican la operatoria cotidiana.
Qué necesita Argentina para liberar su potencial inversor
Para que se destraben las inversiones en la Argentina deberán converger varios factores de manera simultánea, según el estudio. En primer lugar, será necesaria una consolidación de la reducción de la inflación, que aporte previsibilidad macroeconómica a los inversores internacionales.
En segundo lugar, la flexibilización de las restricciones cambiarias resulta “indispensable”, ya que constituyen uno de los principales obstáculos operativos para las empresas extranjeras.
En tercer lugar, se requiere una estabilización del marco normativo que reduzca la frecuencia e imprevisibilidad de los cambios regulatorios que actualmente elevan el riesgo operativo y exigen una adaptación constante por parte de las compañías.
Finalmente, las decisiones que adopten los responsables de política pública en el actual contexto post-electoral serán determinantes.

Las trabas más allá de la macroeconomía
La conclusión es una economía puede estabilizar parcialmente la macro sin necesariamente simplificar el negocio de invertir.
El trabajo de TMF introduce además un concepto que hoy empieza a pesar tanto como el nivel de impuestos o el costo laboral: la “certeza regulatoria”. El CEO global de la firma, Mark Weil, indica que los inversores buscan “simplicidad, pero sobre todo certeza en las reglas”.
Ese punto ayuda a explicar por qué todavía existe una brecha entre el entusiasmo financiero y la cautela empresarial. Un fondo puede comprar bonos argentinos y apostar una compresión de spreads o mejora macro.
Pero una multinacional que evalúa instalar una planta, ampliar operaciones o relocalizar producción mira variables mucho más operativas: estabilidad normativa, facilidad para importar, reglas tributarias, disponibilidad de dólares y previsibilidad jurídica. En ese terreno, la Argentina carga todavía con problemas históricos.
El cepo, no desaparece
El informe remarca que los controles cambiarios continúan siendo uno de los principales obstáculos para las compañías internacionales. Aunque el Gobierno avanzó con medidas de flexibilización y unificación parcial del mercado cambiario, el reporte considera que la incertidumbre regulatoria sigue elevada y que todavía existen barreras relevantes para operar con normalidad.
Aun así, TMF reconoce que el país atraviesa un “punto de inflexión”. El documento destaca que las reformas impulsadas por el Gobierno —desregulación, reducción del gasto público, apertura cambiaria y simplificación administrativa que podrían modificar gradualmente el posicionamiento argentino si logran consolidarse.
El reporte incluso deja una lectura interesante para inversores de largo plazo: las compañías que ingresen antes de que mejore completamente el clima de negocios podrían capturar una ventana de oportunidad relevante si la estabilización se sostiene. En otras palabras, el upside potencial aparece antes en los activos financieros que en los rankings institucionales.

¿Qué necesita Argentina para salir del Top 10?
Jorge Sodano, Country Head de Argentina, Chile, Paraguay y Uruguay de TMF Group, señaló en declaraciones a El Cronista que “más que un evento puntual, lo que haría que Argentina salga de manera sostenida del Top 10 es la consolidación de un cambio de régimen en la previsibilidad de las reglas. Levantar completamente los controles cambiarios, estabilizar el marco tributario y reducir la carga burocrática son pasos importantes, pero ninguno por sí solo es suficiente si no se sostienen en el tiempo”.
Para Sodano, “la experiencia comparada muestra que los rankings mejoran cuando las empresas pueden operar durante varios años con reglas claras, sin cambios frecuentes ni excepciones permanentes”. Y fue contundente respecto al punto de inflexión real: “Argentina dejará de figurar entre las jurisdicciones más complejas no cuando anuncie una reforma, sino cuando el mercado incorpore que esas reformas son durables y operan en la práctica cotidiana”.
Sodano también apuntó a una paradoja que frena la mejora operativa del país: “En el caso argentino, el principal problema ya no es tecnológico, sino institucional y de diseño de procesos. La tecnología está disponible y, de hecho, muchos trámites se digitalizaron. El inconveniente es que esa digitalización no estuvo acompañada por una revisión integral de las reglas y procedimientos”.
En la práctica, explicó, “esto genera sistemas digitales que conviven con requisitos físicos, certificaciones manuales e instancias presenciales, lo que termina agregando capas de complejidad en lugar de reducirlas”. El diagnóstico del ejecutivo es preciso: “El cuello de botella no está en la infraestructura tecnológica, sino en cómo las instituciones adoptan, coordinan y simplifican los procesos”.
Qué le preocupa realmente a una multinacional
Consultado sobre las prioridades de las empresas internacionales, Sodano fue directo: “Hoy, lo que más preocupa a una multinacional no es un factor aislado, sino la imprevisibilidad regulatoria, porque es la variable que termina condicionando a todas las demás”.
Y agregó que el problema más profundo no es el cepo en sí, sino “saber si las reglas que se aplican hoy van a seguir vigentes mañana”.
Sobre el peso del factor político, el ejecutivo relativizó su importancia: “La política, en sí misma, pesa menos que en el pasado. Los inversores están acostumbrados a convivir con contextos políticos complejos en otros mercados. Lo que no están dispuestos a asumir es un escenario en el que los cambios políticos se traduzcan rápidamente en cambios abruptos de normas, impuestos o controles”.
Sodano también apuntó a una paradoja que frena la mejora operativa del país: “En el caso argentino, el principal problema ya no es tecnológico, sino institucional y de diseño de procesos. La tecnología está disponible y, de hecho, muchos trámites se digitalizaron. El inconveniente es que esa digitalización no estuvo acompañada por una revisión integral de las reglas y procedimientos”.
En la práctica, explicó, “esto genera sistemas digitales que conviven con requisitos físicos, certificaciones manuales e instancias presenciales, lo que termina agregando capas de complejidad en lugar de reducirlas”.
El diagnóstico del ejecutivo es: “El cuello de botella no está en la infraestructura tecnológica, sino en cómo las instituciones adoptan, coordinan y simplifican los procesos”, concluyó.
En términos financieros, el reporte funciona como una advertencia importante para el mercado argentino. El rally de activos puede adelantarse varios años a la mejora institucional real. Los bonos pueden comprimir spreads antes de que el clima de negocios mejore efectivamente.
Pero para que llegue inversión extranjera directa sostenida (la que genera empleo, capacidad productiva y flujo estructural de dólares) la estabilización macro necesita transformarse en previsibilidad regulatoria. Y ahí es donde Argentina todavía rinde mal.

