En esta noticia
- Primera señal: los fondos reducen su exposición a las acciones
- Segunda señal: el apetito por riesgo cayó a su menor nivel desde abril de 2025
- Tercera señal: Brasil enfrenta un deterioro en bolsa, ganancias y moneda
- Cuarta señal: las tasas de Estados Unidos y el dólar amenazan a la región
- Por qué la Argentina todavía conserva una expectativa favorable
Los grandes fondos internacionales comenzaron a tomar distancia de América Latina. Las expectativas para las bolsas, las ganancias empresariales y las monedas de la región se deterioraron en agosto, mientras los inversores aumentaron la liquidez, redujeron el riesgo de sus carteras y buscaron protección frente a una posible corrección.
Sin embargo, la Argentina consiguió mantenerse al margen de ese giro defensivo. Y es que cerca del 33% de los administradores consultados espera una mejora adicional de los activos argentinos durante los próximos seis meses, frente a aproximadamente un 23% que sostiene una posición neutral y una proporción mínima que anticipa un deterioro.
Los datos surgen de la última encuesta de Bank of America (BofA) a 30 inversores institucionales que administran alrededor de u$s 90.000 millones. El relevamiento refleja las expectativas de los fondos y no constituye una recomendación propia del banco, cabe aclarar.
La lectura sobre la Argentina se mantiene favorable, pero perdió algo de intensidad respecto de julio. El porcentaje que espera una mejora bajó ligeramente, mientras la posición neutral todavía conserva un peso significativo.
No se observa, por lo tanto, una apuesta generalizada o agresiva, sino una resistencia relativa dentro de una región donde el apetito por riesgo cayó con fuerza.

Primera señal: los fondos reducen su exposición a las acciones
Solo el 16% de los inversores planea aumentar su asignación a acciones durante los próximos seis meses. Se trata de la proporción más baja desde octubre de 2024 y de un nivel muy inferior al promedio histórico.
El movimiento muestra que los fondos no esperan necesariamente una crisis regional, pero consideran que la relación entre riesgo y retorno perdió atractivo.
Con tasas internacionales elevadas, un dólar fuerte y menores expectativas de crecimiento de las ganancias, los inversores encuentran menos incentivos para ampliar sus posiciones.
La cautela también aparece en la composición de las carteras. La tenencia promedio de efectivo se mantiene en 6%, por encima del promedio histórico de 5,5%.
Al mismo tiempo, la proporción de fondos que tomó cobertura frente a una caída fuerte de las bolsas durante los próximos tres meses se ubicó ligeramente por encima de su media histórica.
La liquidez elevada funciona como una defensa, pero también les permite conservar recursos para aprovechar una eventual corrección de precios.
Segunda señal: el apetito por riesgo cayó a su menor nivel desde abril de 2025
El balance neto de inversores que declara mantener más riesgo de lo habitual en su cartera cayó a -37%.
Es el registro más bajo desde abril de 2025 y confirma que el retroceso no responde solamente a cambios entre países o sectores: existe una decisión general de bajar la exposición.
El cambio también modificó las estrategias preferidas. Las compañías de crecimiento se convirtieron en la principal elección para los próximos seis meses, mientras las acciones de valor quedaron en el último lugar.

Estas últimas suelen ser empresas que cotizan a múltiplos bajos respecto de sus ganancias, activos o patrimonio. Pero un precio reducido no siempre representa una oportunidad: también puede anticipar menores resultados, problemas estructurales o una pérdida permanente de rentabilidad.
BofA considera que la rotación puede mostrar un creciente temor a las llamadas “trampas de valor”: acciones aparentemente baratas que continúan cayendo porque sus fundamentos se deterioran.
En ese proceso más selectivo, utilities y bancos siguen siendo los sectores con mayor sobreponderación. En cambio, consumo discrecional, consumo básico y comunicaciones concentran las principales posiciones defensivas o subponderadas.
Tercera señal: Brasil enfrenta un deterioro en bolsa, ganancias y moneda
Brasil es “ligeramente” preferido frente a México, pero las previsiones sobre sus principales activos empeoraron.
El 56% de los fondos espera que el Ibovespa termine 2026 por debajo de los 180.000 puntos, frente al 38% que sostenía esa perspectiva en julio. Además, casi la mitad de los consultados proyecta un cierre inferior a 170.000 puntos, lo que deja abierta la posibilidad de nuevas caídas.

El problema no se limita a las valuaciones. El 53% espera revisiones bajistas de las ganancias de las empresas brasileñas vinculadas con la economía doméstica. Un mes antes, esa proporción era del 35%.
La combinación es especialmente negativa para la bolsa: si las estimaciones de beneficios disminuyen, las acciones pueden dejar de parecer baratas incluso después de una corrección. Es precisamente el riesgo que ayuda a explicar por qué los fondos abandonaron las estrategias de valor.
También empeoró la expectativa para el real. El rango más elegido para el cierre de 2026 pasó de entre 5,11 y 5,40 reales por dólar en julio a entre 5,41 y 5,70 en agosto.
Los fondos sí esperan cierto alivio monetario. Más de tres cuartas partes proyectan al menos un nuevo recorte de 25 puntos básicos de la tasa Selic durante el año y el 53% anticipa como mínimo dos reducciones.
BofA es más prudente: espera una baja de 25 puntos básicos en septiembre, seguida por una pausa prolongada.
Para que el Banco Central de Brasil pueda profundizar el ciclo de recortes, los inversores consideran necesarias una caída de las expectativas de inflación, una mejora fiscal y mayor estabilidad cambiaria.
Cuarta señal: las tasas de Estados Unidos y el dólar amenazan a la región
La principal amenaza externa identificada por los fondos es una permanencia de las tasas estadounidenses en niveles elevados. En segundo lugar aparece un fortalecimiento adicional del dólar.
Ambos factores pueden golpear simultáneamente a América Latina. Los rendimientos elevados de los bonos del Tesoro aumentan el atractivo de los activos estadounidenses, encarecen el financiamiento internacional y reducen los incentivos para invertir en mercados emergentes.
Un dólar más fuerte también presiona a las monedas regionales, alimenta riesgos inflacionarios y limita el margen de los bancos centrales para bajar las tasas. Esa combinación resulta especialmente comprometedora para economías que necesitan reducir el costo del crédito sin provocar una salida de capitales.
La encuesta muestra que la mayoría espera un dólar global más fuerte durante 2026. Ese escenario ayuda a explicar tanto la depreciación proyectada para el real brasileño como el posicionamiento más defensivo de los fondos.
Por qué la Argentina todavía conserva una expectativa favorable
La Argentina aparece como una excepción relativa dentro del relevamiento. La posición positiva supera a la neutral y la visión negativa es marginal, pese al retroceso general del apetito por riesgo regional.
Sin embargo, el dato debe tomarse con pinzas. El porcentaje de inversores que espera nuevas mejoras es apenas cercano a un tercio y disminuyó ligeramente frente a julio. Por lo tanto, todavía existe interés por los activos argentinos, pero no hay una señal de compra masiva.
La diferencia es relevante porque los fondos no están aumentando “indiscriminadamente” su exposición a América Latina, sino eligiendo mercados y activos con catalizadores propios.
En ese escenario, la Argentina conserva margen para avanzar, aunque deberá demostrar que puede sostener esos catalizadores frente a un contexto internacional menos favorable.




