En los últimos 12 meses, así como en lo que va de 2026 y en agosto, el peso se encuentra entre las monedas de peor performance del mundo. Las elecciones de 2025 condicionaron al peso argentino para que el balance en el ultimo año sea negativo para la moneda. En el corto plazo, el peso está teniendo una dinámica similar a sus pares.
Cuales son los factores que explican la mala performance y qué espera el mercado hacia adelante.
Entre los peores puestos
El peso argentino fue la moneda de peor desempeño frente al dólar entre las principales divisas globales durante el año cerrado a junio de 2026.
Según datos de Deutsche Bank y Bloomberg recopilados por Visual Capitalist, la moneda argentina registró una depreciación del 18,9%, incluso superior a la caída de la lira turca (-14,6%), el won surcoreano (-12,6%) y el yen japonés (-11,3%).
El resultado coloca a la Argentina en el extremo opuesto de varias economías emergentes cuyas monedas lograron fortalecerse significativamente frente a la divisa estadounidense.
En la parte superior del ranking sobresale América Latina.
El peso colombiano se apreció 19,2%, convirtiéndose en la moneda de mejor desempeño de la muestra, mientras que el peso mexicano avanzó 7,7% y el real brasileño ganó 5,2%.
También se destacaron el séquel israelí (+13,2%), el forint húngaro (+8,9%) y el rand sudafricano (+8,1%).
Según destaca el informe del banco, las tasas de interés elevadas en economías como Colombia y México contribuyeron a atraer capitales extranjeros, fortaleciendo sus monedas frente al dólar.
El ranking muestra así una marcada divergencia entre el peso argentino y buena parte de las monedas latinoamericanas y emergentes.
Mientras varias economías se beneficiaron del ingreso de capitales y de monedas más firmes, el peso argentino quedó rezagado incluso frente a divisas de países que sufrieron el impacto de mayores precios de la energía.
La comparación refuerza la importancia de los factores domésticos en la dinámica cambiaria argentina, dado que la depreciación del peso se produjo en un escenario internacional en el que varias monedas comparables consiguieron ganar terreno frente al dólar.

De cualquier manera, al acotar el análisis a lo que va de 2026, la fotografía para el peso argentino cambia de manera significativa respecto de la comparación interanual.
En lo que va del año, el peso registra una caída de 2,8% frente al dólar, ubicándose en el puesto 25 entre las 31 monedas relevadas.
Si bien continúa en terreno negativo, la depreciación resulta mucho más moderada que el 18,9% observado en la comparación anual.
De todos modos, el desempeño argentino sigue contrastando con el fortalecimiento que muestran varias monedas emergentes y, particularmente, latinoamericanas.
El peso colombiano vuelve a liderar el ranking, con una apreciación de 21,3% en 2026, mientras que el peso mexicano gana 6%, el real brasileño avanza 4,9% y el sol peruano se mantiene prácticamente estable.
El peso chileno, en cambio, retrocede 1,5%, aunque también presenta un mejor desempeño que la moneda argentina.
La comparación muestra que la mayor parte de la depreciación interanual del peso argentino se concentró en la segunda mitad de 2025, mientras que durante 2026 la pérdida de valor frente al dólar se redujo considerablemente.
En ese periodo se llevaron a cabo las elecciones de medio termino en Argentina, lo cual afectó el valor de la moneda y distorsiona el balance anual de la marcha cambiaria doméstica.

Finalmente, la dinámica de agosto vuelve a mostrar al peso argentino entre las monedas de peor desempeño frente al dólar, aunque con una caída relativamente moderada.
Entre el cierre de julio y el 14 de agosto, la moneda local acumula una depreciación del 0,35%, ubicándose en el puesto 26 entre las 31 divisas relevadas. El dato contrasta con un escenario global en el que la mayoría de las monedas de la muestra logra apreciarse frente a la divisa estadounidense.
La divergencia es especialmente visible dentro de América Latina.
En lo que va del mes, el peso mexicano gana 2,1%, el peso chileno avanza 1,9%, el peso colombiano sube 1,3% y el sol peruano se aprecia 1,1%. La excepción regional más importante es el real brasileño, que retrocede 2,8%.
A nivel global, el séquel israelí encabeza las ganancias con una apreciación del 3,5%, seguido por el rand sudafricano (+2,2%).
De esta manera, el comportamiento reciente refuerza el desacople del peso argentino respecto de buena parte de las monedas emergentes.
Mientras 22 de las 31 divisas relevadas muestran avances frente al dólar durante agosto, el peso se mantiene del lado perdedor.
Sin embargo, su caída es considerablemente menor que la del real brasileño (-2,8%) y el rublo ruso (-5,6%), lo que muestra que, si bien la moneda argentina continúa rezagada, la magnitud de la depreciación se moderó en el corto plazo.

La suba del dólar recientemente coincide con un proceso de mayor cautela por parte de los inversores y en la búsqueda de un posicionamiento mayor en moneda dura.
Recientemente se ha dado una fuerte recomposición de la cobertura cambiaria del sector público en manos privadas durante los últimos meses.
Luego de haber caído hasta apenas u$s 3211 millones en mayo de 2026, el stock total de instrumentos de cobertura cambiaria aumentó a u$s 11.239 millones en julio y u$s 12.118 millones en agosto.
Esto implica que la cobertura prácticamente se cuadruplicó respecto del piso de mayo y volvió a ubicarse en niveles elevados, aunque todavía por debajo del máximo reciente de u$s 15.287 millones registrado en octubre de 2025, antes de las elecciones de medio término.
Por lo tanto, la señal más relevante es que volvió a crecer con fuerza la demanda de protección frente a una eventual suba del dólar.
Al mismo tiempo, implica que una porción creciente del riesgo cambiario está siendo asumida por el sector público, ya sea a través del Tesoro o del BCRA, una dinámica que cobra relevancia para analizar la exposición fiscal y monetaria ante eventuales movimientos del tipo de cambio.

Jonathan Spitz, Head Sales Trader Individuos en Balanz, considera que se está evidenciando una estrategia de mayor cautela entre inversores al dolarizar sus portafolios con instrumentos atados al tipo de cambio.
“Después de dos años en los que la inflación avanzó a un ritmo mayor que la devaluación, durante el último bimestre vimos revertida la tendencia. A partir de esto y como medida de precaución muchos optan por cerrar posiciones en pesos y rotar hacia activos en dólares. Esto se combina con las primeras definiciones de armado de portafolios de cara a las elecciones del año próximo”, detalló.
Matías Ballestrín, jefe de Inversiones de Banco Piano, detalló que las carteras se están desindexando, es decir, yendo al dólar y a activos de cobertura.
“Las carteras de mediano plazo se están dolarizando y en parte yendo a la curva CER donde las tasas reales son más atractivas, sobre todo en el tramo medio, donde hay tasa del 7.5% y duration de 1.5 como referencia. Hoy la tasa en pesos de 2% mensual hacen más atractivo buscar tasa Hard Dólar o CER. Las carteras de inversores medios están en ese camino”, detalló.
El futuro del dólar
Dado el nivel actual del tipo de cambio, el mercado incorpora así una depreciación gradual del peso a lo largo de los próximos meses.
La curva de futuros de dólar refleja que el mercado espera una suba gradual del tipo de cambio durante los próximos meses, con un ritmo relativamente estable.
Partiendo de un contrato de agosto de 2026 en $1.505, las posiciones anticipan un dólar en $1.532 para septiembre, $1.560 en octubre, $1.591 en noviembre y $1.621 en diciembre.
Esto implica una suba acumulada de aproximadamente 7,7% hacia fin de año respecto del contrato más corto.
La tendencia se mantiene hacia 2027. El dólar futuro asciende a $1.652 en enero, $1.679 en febrero y $1.712 en marzo, lo que representa una suba acumulada de 13,8% frente al valor de agosto.
Más adelante, la curva alcanza $1.776 en mayo, $1.810 en junio y $1.840 para julio de 2027, acumulando un incremento de aproximadamente 22,3%.
En términos mensuales, los contratos incorporan mayormente avances de entre 1,6% y 2%.

Maximiliano Tessio, asesor financiero, remarco que más que una dolarización estructural de carteras, lo que se observa es una mayor demanda de cobertura cambiaria.
“El mercado incorpora una probabilidad más alta de deslizamiento del tipo de cambio nominal en la previa electoral, en un contexto donde el Gobierno busca acumular reservas y administrar el ritmo del tipo de cambio. Por eso crece la demanda de instrumentos dólar linked y duales”, sostuvo
En esa línea, agregó que los inversores no necesariamente abandonan las posiciones en pesos, sino que buscan preservar el carry incorporando protección ante un eventual ajuste cambiario.
“Es una estrategia de cobertura, no una salida masiva hacia activos dolarizados”, remarcó.
Mirando el factor político
Una de las causas por las que el mercado se torna mas conservador y demanda más dólares, llevando al tipo de cambio al alza, está relacionado con el escenario político local.
La semana pasada se conoció una nueva medición de AtlasIntel, una consultora que viene mostrando un grado relativamente elevado de precisión en sus relevamientos nacionales y cuyos resultados son seguidos de cerca por el mercado.
El último sondeo muestra un marcado deterioro en la percepción sobre el Gobierno, con uno de los niveles de imagen más débiles desde el comienzo de la gestión.
En julio de 2026, el 62,4% de los encuestados manifestó desaprobar la gestión presidencial, frente a un 37,1% que expresó su aprobación.
De esta manera, la brecha entre ambas respuestas se amplió a más de 25 puntos porcentuales, alcanzando el mayor nivel de rechazo registrado en la serie.

Juan Manuel Franco, economista jefe de Grupo SBS, explicó que la dinámica de las variables de la economía real es clave para el humor social y las mismas irán ganando peso relativo en la discusión de mercado a medida que nos adentremos en el ciclo electoral 2027.
“La imagen del Gobierno a mínimos de la gestión, la mora de familias en niveles récord y unos salarios reales que no despegan componen un trasfondo que los inversores ponderarán cada vez más a medida que el ciclo electoral 2027 se aproxime, dado que de allí dependerá la lectura política que el electorado haga del programa”, afirmó.
Si bien el Gobierno continúa exhibiendo avances en materia de desinflación, equilibrio fiscal y estabilización macroeconómica, esos logros no parecen haberse traducido plenamente en una mejora de la percepción pública.
El aumento de la desaprobación sugiere que una parte importante de la sociedad aún no percibe una mejora suficiente en su situación cotidiana, mientras que factores como la evolución del empleo, el consumo y distintos episodios políticos también influyen sobre la valoración de la gestión.
Adrián Yarde Buller, economista jefe de Facimex Valores, mantiene de cerca los indicadores de humor social como driver clave sobre los activos financieros.
“Si bien todavía falta más de un año, los indicadores de confianza y aprobación son clave para comenzar a imaginar la elección 2027. El mercado mira particularmente el Índice de Confianza al Gobierno de UTDT (ICG), debido a que en las últimas décadas tuvo una correlación del 70% con el porcentaje de votos positivos que obtuvieron los oficialismos en elecciones nacionales”, detalló.
El deterioro de la confianza en el Gobierno durante julio se concentró especialmente entre los jóvenes de 18 a 29 años, donde el indicador cayó incluso por debajo del nivel que registraba Mauricio Macri en una instancia similar de su mandato.
En cambio, entre los mayores de 50 años la pérdida de respaldo fue más moderada.
La dinámica resulta relevante porque los jóvenes habían sido uno de los principales pilares electorales del oficialismo en 2023. Por eso, recuperar el apoyo de este segmento aparece como una variable importante para medir la fortaleza política del Gobierno de cara al próximo calendario electoral.
Finalmente, desde el equipo de Research de Adcap Grupo Financiero agregaron que la confianza en el Gobierno cae precisamente donde Milei solía mostrar mayor fortaleza, en particular entre los más jóvenes.
En ese sentido, remarcan que existe una relación con la mora, ya que el estrés crediticio se concentra entre los tomadores más jóvenes.
Además, la falta de actividad en sectores intensivos en mano de obra erosiona la imagen presidencial.
“La debilidad de la actividad ajustada por empleo está afectando la aprobación del Gobierno. La actividad muestra mayor debilidad precisamente en los sectores donde el empleo tiene mayor peso”, detallaron.




