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A un año del caso LIBRA, el ecosistema cripto en la Argentina mira por el espejo retrovisor y hace un balance. Mientras remarcan que el impacto político y en la adopción de criptomonedas fue marginal, reconocen que hubo un golpe reputacional y que fue “educativo”.

Cuando Javier Milei tuiteó la dirección del smart contract de LIBRA, se convulsionó el mundo cripto en la Argentina y en el exterior.

En momentos en que las memecoins estaban en boga, llamó la atención que un presidente de la Nación en ejercicio promocionara (o difundiera) una de ellas y que la describiera como una vía para financiar a emprendedores. “Este proyecto privado se dedicará a incentivar el crecimiento de la economía argentina, fondeando pequeñas empresas y emprendimientos argentinos”, posteó en X el 14 de febrero de 2025.

Ese mensaje disparó en cuestión de minutos la cotización de LIBRA. Horas después, tras borrar su tuit, la criptomoneda se desplomó.

Según información exclusiva a la que accedió El Cronista, en la Argentina hubo más de mil inversores que compraron LIBRA en el exchange Ripio, que ofreció la cripto en una sección experimental diseñada para traders avanzados, llamada Playground, En total, 1358 usuarios de Ripio registrados en Argentina compraron LIBRA, de los cuales 1329 eran de nacionalidad argentina.

“Es importante destacar que Playground está claramente diferenciada del listado de tokens de Ripio y cuenta con advertencias visibles y notificaciones específicas sobre los riesgos asociados a este tipo de activos experimentales, incluidas memecoins y tokens de baja capitalización”, explicaron a este medio desde la billetera.

Esos usuarios fueron los que compraron a través de una billetera centralizada que opera en el país, pero otros lo hicieron por otras vías. Según información recopilada por Fernando Molina, ingeniero de datos especializado en cripto, el 62% de las billeteras que invirtieron perdieron entre u$s 1 y u$s 1000. Casi un 9% perdió entre u$s 1.000 y u$s 10.000, mientras que 2,7% sufrió pérdidas entre u$s 10.00 y u$s 100.000.

Del lado de los ganadores, el 21% se alzó con entre u$s 1 y u$s 1000. Los que ganaron más de u$s 100.000 fueron sólo el 0,18% de las billeteras que compraron y vendieron el token. Fueron los primeros que operaron y los que sabían de antemano lo que sucedería esa noche.

Hayden Mark Davis, de Kelsier Ventures, admitió que utilizó “snipers” y “bots” para comprar el token apenas fue publicado el posteo de Milei en X y lo vendió cuando se infló su valor. Este tipo de maniobra es conocida como rug pull, donde los desarrolladores o beneficiarios iniciales inflan artificialmente el valor del token para luego venderlo masivamente y dejar a los demás inversionistas con activos sin valor.

Cuál fue el impacto en el ecosistema cripto

En la industria cripto creen que LIBRA dejó esquirlas. “Para el ecosistema terminó siendo un peso en la discusión de lo que es cripto en Argentina. En general, se termina asociando cripto siempre a lo malo y nunca a lo bueno. Eso para los que trabajamos en esto hace muchos años es como arrancar cada vez de cero”, remarcó Manuel Beaudroit, CEO y cofundador de Belo.

Desde Ripio remarcaron que LIBRA fue “educativo”. “El caso LIBRA tuvo un impacto “educacional” en el ecosistema cripto local, porque puso de relieve de cara a la opinión pública que no todas las criptomonedas son lo mismo y obligó a “parar la pelota” en un momento donde las memecoins estaban en boga”, aseguraron.

Según los referentes de la industria, el impacto en el negocio fue “marginal” y el caso, que motivó la apertura de causas judiciales en la Argentina y en los Estados Unidos, ya es “irrelevante” desde lo político. “Este episodio tuvo un impacto mediático considerable, pero su efecto en el mercado a mediano plazo fue marginal. No se tradujo en una ralentización de la adopción en Argentina ni tampoco llevó a que personas o empresas “salieran” masivamente de cripto”, confiaron fuentes de Ripio. “También demostró cómo la industria cripto de Argentina es un espacio muy resiliente”, agregaron.

Beaudroit remarcó que el caso “se volvió un tema irrelevante desde el punto de vista político y estratégico de la Argentina”. “Hoy el ecosistema local está mucho más concentrado en cómo hacer que la industria crezca entendiendo las condiciones y variables macro de Argentina. Hay mucho interés en que desde el Gobierno se le dé a la industria la importancia que se merece y que no seamos vistos como gente que viene a disrumpir el normal funcionamiento de las cosas”, confió.