En esta noticia

La nueva flexibilización del Banco Central (BCRA) para los créditos en dólares no sólo amplía el universo de empresas que podrá acceder al financiamiento en moneda extranjera. La medida también puede empezar a mover las tasas que los bancos pagan por captar dólares y las que cobran por prestarlos.

La decisión llega en un momento particular para el sistema financiero: existe una importante masa de depósitos en moneda extranjera que hasta ahora tenía posibilidades más acotadas de transformarse en crédito.

Según datos de Guardian Capital, los depósitos privados en dólares superan los u$s 40.000 millones, mientras que los préstamos alcanzan los u$s 24.800 millones. De acuerdo con sus cálculos, cerca del 17% de los depósitos queda actualmente como capacidad ociosa.

Actualmente, los bancos pagan entre 2% y 5% anual para hacerse de los dólares de sus clientes, dependiendo del tipo de colocación. En el Banco Nación, por ejemplo, una imposición de entre 365 y 720 días paga actualmente una tasa del 4,75% anual, según precisó Martín Fernández Dubois, de Asset Management.

La nueva normativa amplía las posibilidades de los bancos de colocar esos fondos. Y si efectivamente aparece una mayor demanda de préstamos, la competencia por captar los dólares de los ahorristas también podría aumentar.

El interrogante que empieza a plantearse en el mercado es qué ocurrirá entonces con las tasas: cuánto estarán dispuestos a pagar los bancos para conseguir esos dólares y a qué costo podrán prestárselos luego a las empresas.

Qué puede pasar con las tasas de los depósitos en dólares

Federico Machado, economista de OPEN, anticipó que la medida podría tener un efecto sobre los rendimientos que reciben los ahorristas.

“Estimo que las tasas de los depósitos en dólares podrían subir al haber mayor demanda potencial de crédito en dólares”, señaló.

La lógica es que, si los bancos encuentran más alternativas para prestar los dólares que reciben, esos fondos adquieren mayor valor para las entidades y aparece un incentivo adicional para captarlos.

Federico Glustein coincide con esa mirada y pone el foco en el equilibrio que se genere entre la demanda de nuevos préstamos y la disponibilidad de depósitos que puedan ser destinados al crédito.

“Para mí, el riesgo es que depende siempre de la demanda de créditos existente contraponiendo la disponibilidad de depósitos prestables. Si empieza a incrementarse el movimiento de créditos en dólares, los bancos van a pagar más tasas para hacerse de esos dólares y, por ende, podría además subir la tasa activa”, explicó.

Christian Buteler, analista financiero, también considera que darles un mayor uso a los dólares depositados y mejorar los incentivos para los ahorristas es uno de los motivos detrás de la flexibilización.

Cuando los bancos tienen pocas alternativas para utilizar los dólares que reciben, explicó, tampoco tienen demasiados incentivos para ofrecer una remuneración atractiva por ellos.

“Darle uso a los dólares que están en los bancos para que el depositante pueda tener mayor interés es uno de los motivos”, sostuvo.

¿Alcanza para sacar los dólares del colchón?

La incógnita es si una eventual mejora de los rendimientos alcanzará para atraer una cantidad significativa de los dólares que los argentinos mantienen fuera del sistema financiero.

Machado es escéptico. “No creo que esto logre atraer a ‘los dólares del colchón’ como pretende el Gobierno”, afirmó. Glustein coincide en que será difícil que aparezca un flujo masivo de nuevos depósitos. “A mi entender, va a depender también de si hay éxito o no en atraer los dólares fuera del sistema o un porcentaje de ellos”, sostuvo.

Dólares.
Dólares.Shutterstock

Sin embargo, después de los distintos blanqueos implementados en los últimos años, algunos con mayor efectividad que otros, considera que “no tendremos otra vuelta masiva de depósitos en dólares”.

Ese punto puede resultar determinante para la evolución de las tasas. Si crece la demanda de préstamos pero el stock de depósitos disponibles no aumenta al mismo ritmo, los bancos tendrán que competir por esos dólares y pagar más para conseguirlos.

Y ese mayor costo terminará condicionando también la tasa que puedan ofrecer a las empresas.

Créditos en dólares: ¿7%, 8% o hasta 12%?

Del lado de los préstamos, el mercado empieza a hacer números sobre cuál podría ser el costo de las nuevas líneas.

Fernández Dubois estima que para que las tasas activas en dólares resulten tolerables deberían oscilar entre el 7% y el 8% TNA.

Pero para saber hasta dónde pueden bajar hay que mirar primero cuánto les cuesta a los bancos captar los dólares que después prestarán.

Y allí aparece un jugador central: el Banco Nación.

Actualmente, explicó Fernández Dubois, la entidad paga 4,75% anual por colocaciones en dólares de entre 365 y 720 días. A ese costo de fondeo los bancos deben agregar la incidencia de su estructura, impuestos y encajes legales.

Por eso, el especialista considera que será “fundamental” observar cómo salga a la cancha el Banco Nación en su rol natural de formador de precios.

La tasa que establezca la entidad pública para sus líneas en dólares podría convertirse en una referencia para el resto del sistema financiero y condicionar la competencia entre bancos.

Glustein coincide en que una tasa activa del orden del 7% al 8% sería un nivel deseable, pero considera poco probable que las nuevas líneas puedan estabilizarse en esos valores.

“Hoy las grandes pagan ON entre 6% y 7%. Lo veo poco probable que se sitúe en esos valores”, sostuvo.

Su cálculo es que, una vez incorporada la estructura de costos del sistema bancario, las tasas activas podrían ubicarse entre 10% y 12% anual, bastante por encima del rango deseable.

La comparación con el mercado de capitales resulta relevante. Si las grandes compañías ya consiguen financiamiento a través de obligaciones negociables a tasas del orden del 6% al 7%, un préstamo bancario al 10% o 12% podría perder atractivo para ese segmento.

La pregunta será entonces qué empresas terminarán demandando las nuevas líneas y hasta dónde los bancos podrán comprimir sus márgenes para competir por esos clientes.

La paradoja que puede generar la medida

La flexibilización abre así una nueva dinámica para el mercado de crédito en dólares.

Por un lado, existen más de u$s 40.000 millones depositados en el sistema financiero y una parte de esos fondos permanece como capacidad disponible para ser prestada.

Por el otro, el BCRA amplió el universo de compañías que pueden demandarlos.

Si esa demanda efectivamente despega, los bancos tendrán mayores incentivos para competir por los dólares de los depositantes. Eso podría traducirse en mejores rendimientos para los ahorristas, pero también elevar el costo de fondeo de las propias entidades.

Se genera así una suerte de paradoja: cuanto más exitosa sea la medida en generar demanda de créditos, mayor podría ser la presión sobre las tasas si no ingresan nuevos dólares al sistema.

La variable clave será, entonces, la respuesta de los depositantes. Si los bancos logran atraer una mayor cantidad de divisas que hoy están fuera del circuito financiero, tendrán más fondos disponibles para satisfacer la nueva demanda.

Pero si, como anticipan Machado y Glustein, no se produce una entrada significativa de “dólares del colchón”, el ajuste podría darse vía precios: los bancos tendrían que pagar más para captar depósitos y trasladar parte de ese mayor costo a las tasas de los préstamos.

En ese escenario, el rango de 7% a 8% anual aparece como el nivel deseable para los nuevos créditos, pero no necesariamente como el que terminará prevaleciendo. Con los costos actuales de fondeo y la estructura bancaria, las tasas podrían acercarse, según Glustein, al 10% o 12% anual.

El éxito de la flexibilización dependerá así no sólo de cuántas empresas quieran endeudarse en dólares, sino también de cuántos dólares adicionales consiga atraer el sistema para financiar esa demanda y a qué precio