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La decisión del Gobierno de ampliar los préstamos en dólares puede aportar una nueva fuente de divisas al mercado oficial y ayudar a contener la presión sobre el tipo de cambio.
Sin embargo, su impacto sobre la inversión, el consumo y la actividad económica sería limitado, según advirtió Barclays en su último informe sobre la Argentina.
Cabe recordar que el Banco Central (BCRA) ya puso en marcha la nueva política de crédito para habilitar los préstamos en dólares para personas jurídicas que no generen divisas en su actividad ni que presenten garantías de otras firmas exportadoras.
El equipo económico habilitó a los bancos a destinar hasta el 15% de sus depósitos en moneda extranjera a financiar empresas que anteriormente no podían acceder a esos préstamos.
Desde la crisis de 2001, el crédito bancario en dólares había quedado esencialmente restringido a exportadores y compañías con ingresos vinculados a esa moneda.
La flexibilización extiende el financiamiento al resto del sector corporativo. Y para Barclays, la consecuencia más importante no será necesariamente “un boom de préstamos”, sino la aparición de una “oferta adicional de divisas en el mercado cambiario”.
Actualmente, las empresas que reciben estos créditos deben vender los dólares en el mercado oficial para obtener los pesos que necesitan para pagar salarios, proveedores o inversiones.
Cada préstamo puede convertirse así en una liquidación adicional de divisas y darle al BCRA mucho más margen para comprar reservas o, al menos, reducir la presión sobre la cotización.

Cuántos dólares podrían movilizarse
Los depósitos privados en dólares alcanzan aproximadamente los u$s 40.000 millones, mientras que los créditos denominados en esa moneda suman u$s 24.000 millones, de acuerdo con los datos utilizados por Barclays.
Los bancos deben mantener encajado el equivalente al 25% de los depósitos, unos u$s 10.000 millones. A partir de esas cifras, existirían alrededor de u$s 6.000 millones que podrían transformarse inicialmente en nuevos préstamos.
Ese es el potencial de expansión mencionado por el ministro de Economía, Luis Caputo. Barclays explicó que el techo teórico incluso podría ser mayor debido al efecto multiplicador del sistema financiero.
Si una empresa toma un préstamo y vende los dólares en el mercado oficial, las divisas pueden terminar nuevamente depositadas en otra cuenta bancaria. Ese depósito podría respaldar una nueva operación crediticia, prolongando el circuito.
La flexibilización también permitiría que los bancos paguen tasas más atractivas por los depósitos en dólares. En teoría, eso podría incentivar el ingreso al sistema financiero de parte de los billetes que los argentinos mantienen fuera de los bancos.
La presión que busca aliviar el Gobierno
La medida llega en un momento en que el mercado cambiario enfrenta una combinación menos favorable: disminuye estacionalmente la liquidación del agro, el Banco Central desaceleró su ritmo de compras y los inversores comienzan a desarmar posiciones de carry trade.

Barclays señaló que los ingresos medianos de divisas provenientes del sector agropecuario alcanzan aproximadamente u$s 10.000 millones entre abril y julio, pero disminuyen a unos u$s 7.000 millones entre agosto y noviembre.
Esa diferencia de u$s 3.000 millones ayuda a explicar por qué el tercer trimestre suele ser más exigente para el mercado cambiario. La oferta comercial se reduce justo cuando una parte de los inversores empieza a cerrar las apuestas que había realizado en pesos durante los meses de mayor liquidación agrícola.
El patrón, según el banco, se repite con frecuencia en la Argentina. Durante el final del primer trimestre y buena parte del segundo, el ingreso de dólares del campo favorece el carry trade: los inversores venden divisas, compran activos en pesos y capturan tasas de interés.
Cuando la liquidación agrícola alcanza su máximo y comienza a retroceder, ese movimiento puede invertirse. Los inversores recompran dólares y aumenta la demanda de cobertura, ejerciendo presión sobre el tipo de cambio y reduciendo la capacidad del BCRA para acumular reservas.
En ese contexto, los nuevos préstamos funcionarían como una fuente complementaria de divisas. No reemplazarían la oferta del agro, pero podrían amortiguar su caída estacional.
Barclays considera que la medida debería respaldar los ingresos al mercado oficial y ayudar a moderar las tensiones cambiarias. De todos modos, aclaró que su eficacia dependerá también de factores políticos y económicos, entre ellos la popularidad del presidente Javier Milei y la evolución de la actividad.
Por qué Barclays duda de los u$s 6.000 millones
La capacidad teórica del sistema no garantiza que los bancos presten todo ese dinero ni que las empresas estén dispuestas a tomarlo.
El principal obstáculo es el descalce de monedas. Una compañía que factura en pesos, pero se endeuda en dólares, queda expuesta a que una devaluación incremente el valor de su deuda y de los intereses frente a sus ingresos.
Los bancos también asumen ese riesgo de manera indirecta. Aunque el préstamo esté denominado en dólares, la capacidad de pago del cliente dependerá de una actividad cuyos ingresos pueden continuar expresados en pesos.
Barclays sostuvo, entonces, que tanto las entidades financieras como las empresas argentinas conocen bien ese peligro. Por esa razón, considera improbable que adopten un comportamiento agresivo de cara a un año electoral, cuando aumenta la incertidumbre sobre el tipo de cambio.
Aunque el Gobierno calcula una capacidad cercana a u$s 6.000 millones, el banco británico estima que la liquidez disponible por encima de lo que existiría bajo un escenario regulatorio normal podría ubicarse más cerca de los u$s 3.000 millones o u$s 4.000 millones.
Y además, sin un impulso relevante para la actividad
El diagnóstico de Barclays es todavía más escéptico cuando analiza el efecto sobre la economía real. El banco no espera que la apertura del crédito en dólares produzca un aumento significativo de la demanda agregada.
Como antecedente, destacó que los préstamos en moneda extranjera ya crecieron alrededor de u$s 7.000 millones en términos interanuales, sin que esa expansión se tradujera en un impulso relevante sobre la actividad.
El financiamiento puede beneficiar a determinadas compañías, especialmente si les permite acceder a tasas menores que las disponibles en pesos. Pero ese alivio individual no necesariamente se convierte en una recuperación generalizada de la inversión o del consumo.
Para Barclays, las variables de primer orden continúan siendo el tipo de cambio real, los salarios reales y las políticas fiscal y comercial. La disponibilidad de crédito ocupa un lugar secundario frente a esos factores.
La medida tiene así una doble lectura. Desde el punto de vista cambiario, puede movilizar dólares que actualmente permanecen inmovilizados dentro del sistema y generar nuevas liquidaciones en el mercado oficial. Desde el lado de la actividad, su alcance sería mucho más acotado.




