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La morosidad del crédito llegó a un nivel relevante en la primera mitad de 2026. En junio, la mora por monto del crédito otorgado a personas físicas alcanzó el 17,5%, según un informe de ECO GO y la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad Austral, elaborado con datos de la Central de Deudores del BCRA.
Detrás de ese porcentaje hay una situación que puede aparecer en cualquier presupuesto: una cuota que empieza a resultar difícil de pagar, un ingreso que pierde poder de compra o una deuda que se acumula mes a mes.
Cuando el dinero disponible ya no alcanza para cubrir todos los vencimientos, el problema deja de ser solamente financiero y se convierte en una cuestión de organización de pagos para evitar que el atraso se profundice.
Antes de dejar de pagar, el cliente puede acercarse al banco y consultar qué alternativas existen para refinanciar la deuda, extender el plazo o reorganizar los vencimientos. Pero veámoslo en detalle, ya que la negociación requiere mirar algo más que el valor de la próxima cuota.
Cuándo conviene hablar con el banco
El momento para negociar puede llegar incluso antes de que aparezca el primer atraso. Una persona que ya sabe que no podrá afrontar una próxima cuota puede plantear la situación a la entidad y conocer qué alternativas tiene antes del vencimiento.

Para hacerlo, conviene calcular previamente cuánto dinero puede destinarse cada mes al pago de deudas una vez cubiertos los gastos habituales para poder evaluar las propuestas con un criterio concreto.
También ayuda tener a mano el detalle de otras deudas, los vencimientos próximos y los pagos que ya están comprometidos. Con esa información, la negociación puede enfocarse en una cuota que pueda sostenerse durante todo el plazo acordado.
Qué pasa cuando ya hubo un atraso
Si una cuota ya venció, el primer paso es conocer el estado actualizado de la deuda. El cliente puede solicitar el detalle del saldo, los intereses acumulados y los cargos aplicados, además de las alternativas disponibles para regularizarla.
Cuanto más se extiende el atraso, mayor puede ser el costo de la deuda y más irregular pasa a ser la situación crediticia. Por eso, conviene contactar al banco cuanto antes y evaluar una propuesta que permita ponerse al día con una cuota sostenible.
Deudas: qué se puede pedir al banco
Cada propuesta tiene que analizarse en función de la tasa, el plazo y el costo total.
Una cuota más baja puede ser conveniente para recuperar margen en el presupuesto, especialmente cuando el problema principal es de liquidez mensual.
Una cuota más baja puede aliviar el presupuesto mensual, pero también puede aumentar el tiempo de pago y el monto final de la deuda.
Refinanciación
La herramienta más habitual es la refinanciación. Consiste en tomar la deuda existente y establecer nuevas condiciones de pago, generalmente con un plazo más largo. El objetivo principal suele ser reducir el peso de la cuota mensual y acomodarlo a la capacidad de pago del cliente.
Reprogramación de cuotas
También puede consultarse por una reprogramación de cuotas, un diferimiento de vencimientos o algún período de gracia, según las alternativas que tenga disponibles cada entidad.

Consolidación de deudas
Cuando existen varias obligaciones, otra posibilidad es evaluar una consolidación de deudas para concentrarlas en una sola financiación. Esto puede facilitar la organización mensual y simplificar los vencimientos.
Qué pedirle al banco antes de aceptar una propuesta
El primer dato es el saldo total de la deuda. A partir de ahí, el cliente puede pedirle al banco una propuesta concreta y solicitar el detalle de cómo se calcula la nueva financiación.
Hay que mirar la tasa de interés, el plazo, la cantidad de cuotas y el valor de cada una. También corresponde revisar el costo total de la operación y cualquier comisión, seguro, gasto administrativo u otro cargo incluido.
La comparación también debe contemplar el tiempo. Una refinanciación puede reducir el esfuerzo mensual y, al mismo tiempo, extender varios meses o años el período durante el cual se mantiene la deuda.
Qué hacer si el banco rechaza la primera propuesta
La primera alternativa ofrecida por la entidad no necesariamente es la única disponible. El cliente puede pedir que le detallen las opciones de regularización y comparar las condiciones de cada una.
También puede resultar útil solicitar la propuesta por escrito antes de aceptar. De esa manera quedan claros el saldo refinanciado, el plazo, las cuotas y el costo de la operación.
Una vez alcanzado el acuerdo, conviene conservar la documentación y los comprobantes de pago así como verificar que los importes cobrados coincidan con las condiciones pactadas.
Una buena negociación empieza por el presupuesto
El dato más importante para sentarse a negociar no lo tiene el banco: es cuánto puede pagar realmente el deudor cada mes.
Una vez calculada esa cifra, resulta más sencillo pedir una refinanciación que se adapte al presupuesto y descartar propuestas que vuelvan a generar una cuota imposible de sostener.
La idea de negociar antes de entrar en mora apunta justamente a eso: ordenar la deuda mientras todavía existe margen de maniobra. Conocer el saldo, calcular la capacidad de pago, pedir distintas alternativas y comparar el costo total permite tomar una decisión con mayor información y evitar que una dificultad puntual termine convirtiéndose en una cadena de atrasos.



