

La construcción de la identidad es uno de los grandes debates de la filosofía y la psicología. Durante siglos, la pregunta de si el ser humano es resultado de su crianza, de las circunstancias o de las propias elecciones dividió a pensadores de todas las épocas.
Jean-Paul Sartre, el filósofo francés que sacudió el pensamiento occidental del siglo XX, dejó escrita su reflexión sobre el asunto: “Lo importante no es lo que han hecho de nosotros, sino lo que hacemos con lo que han hecho de nosotros”.
No la escribió para motivar a nadie. La escribió en 1952, en Saint Genet, comédien et martyr, un ensayo denso y polémico sobre un hombre que el mundo había convertido en ladrón y marginado, y que acabó haciéndose escritor. La frase era una tesis filosófica sobre la libertad humana en condiciones de opresión.

Qué quiso decir Sartre con su reflexión más profunda
Saint Genet es quizás la obra menos leída de Sartre fuera de los círculos académicos, pero es en la que su pensamiento llega a uno de sus puntos más concretos y provocadores. El libro analiza la vida de Jean Genet, un huérfano que creció siendo tratado como un ladrón hasta que interiorizó esa identidad y la convirtió en materia prima literaria.
Lo que Sartre ve en ese proceso no es una historia de víctima sino una demostración de su filosofía central: nadie es solo el resultado de lo que le hicieron. El entorno, la familia, la sociedad, los traumas: todo eso condiciona. Pero no determina de forma absoluta la construcción del sujeto.
En el texto original en francés, la frase dice: “L’important n’est pas ce qu’on fait de nous, mais ce que nous faisons nous-mêmes de ce qu’on a fait de nous”. Una formulación más precisa y exigente que cualquiera de sus versiones populares: “no somos arcilla. Somos lo que elegimos construir con lo que nos dieron, incluso cuando lo que nos dieron fue difícil o injusto”.

Por qué esta idea es el corazón del existencialismo de Sartre
Jean-Paul Sartre nació en París en 1905 y murió en 1980. Estudió en la École Normale Supérieure, fue contemporáneo de Simone de Beauvoir, con quien mantuvo una relación intelectual y amorosa durante décadas, y construyó una obra filosófica y literaria que incluye El ser y la nada (1943), El existencialismo es un humanismo (1945) y la novela La náusea (1938).
Su idea central es conocida pero raramente comprendida en toda su profundidad: la existencia precede a la esencia. A diferencia de los objetos, que tienen una función definida antes de existir, el ser humano existe primero y se define después, a través de sus elecciones. No hay una naturaleza humana fija que determine quién vas a ser. Eres, en cada momento, la suma de las decisiones que has tomado.
Eso convierte la libertad en algo incómodo. “El hombre está condenado a ser libre”, dijo Sartre en otra de sus frases más célebres. Condenado porque no puede escapar de la responsabilidad de elegir. Incluso no elegir es una elección.
El Nobel que rechazó y la coherencia hasta el final
En 1964, Sartre fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura. Lo rechazó. Su argumento fue sencillo y completamente coherente con su filosofía: un escritor no debe convertirse en una institución. Aceptar el Nobel sería dejar que una etiqueta externa decidiera por él lo que significaba su obra. Prefería seguir siendo lo que elegía ser, no lo que otros querían hacer de él.
Ese gesto fue, en sí mismo, una aplicación práctica de la frase de Saint Genet. Lo importante no es lo que te ofrecen. Es lo que haces con eso que te ofrecen.




