

A los 12 años, Ismael Maceira Lecanda dejó de vivir una adolescencia común. Un diagnóstico de COVID persistente lo enfrentó a un cansancio constante, problemas de memoria y una incertidumbre médica que se extendió durante años. Lejos de resignarse, esa experiencia se transformó en el motor de un proyecto innovador.
Hoy, con poco más de 16 años, Ismael es cofundador de Samira DTX, una empresa de terapias digitales que busca cambiar la forma en que los pacientes conviven con enfermedades crónicas. Su historia no nace del mercado, sino que surge de una necesidad personal que encontró en la tecnología una respuesta concreta.
“Pasé de ser un joven activo a sentirme atrapado en un cuerpo que no respondía”
Ese quiebre marcó el inicio de un camino que lo llevó a emprender cuando la mayoría de los adolescentes apenas empieza a proyectar su futuro.
¿Cómo una enfermedad crónica puede convertirse en una idea de negocio?
El punto de partida no fue una ambición empresarial, sino una ausencia. Durante años, Ismael recorrió distintas especialidades médicas sin encontrar herramientas que lo ayudaran a manejar su día a día. “Lo peor era la incertidumbre. No había tratamientos ni soluciones para aprender a convivir con la enfermedad”, explica.

La tecnología apareció casi por casualidad. A través de videojuegos, logró mejorar su memoria y su capacidad de concentración, avances que fueron validados por su neurólogo.
Ese resultado encendió una pregunta clave: “Si me está funcionando a mí, ¿por qué no puede funcionar a más personas?”.
Esa inquietud lo llevó a contactar al doctor Carlos Escobar, cardiólogo del Hospital La Paz y referente en salud digital, quien hoy es su socio.
En pocos encuentros, la idea tomó forma y dio origen a Samira DTX, una empresa pensada desde la experiencia del paciente y no desde una lógica puramente comercial.
¿Qué son las terapias digitales y por qué apuesta a liderar este cambio?
Samira DTX desarrolla terapias digitales con evidencia clínica, concebidas como un complemento a los tratamientos tradicionales.
“Funcionan como un fármaco, pero en formato tecnológico. El paciente participa activamente y se empodera de su enfermedad”, resume Ismael.

La empresa trabaja con videojuegos terapéuticos para pacientes con Parkinson, realidad virtual para dolor crónico y fobias, e inteligencia artificial para anticipar descompensaciones en insuficiencia cardíaca.
Todos los proyectos parten de una premisa clara: “Los pacientes no pueden seguir siendo espectadores de su enfermedad, tienen que ser protagonistas”.
Aunque aún se encuentra en etapa de desarrollo, Samira ya cuenta con un equipo en crecimiento y financiamiento público del País Vasco.
La inversión inicial fue mínima, apenas 3000 euros, y el lanzamiento comercial está previsto para 2027.
Para Ismael, emprender tan joven no fue un obstáculo. “Pensé que la edad iba a ser una barrera, pero fue todo lo contrario. Encontré profesionales e instituciones que me abrieron las puertas”, afirma.
Su mensaje para otros jóvenes es directo: “Las experiencias difíciles no son una debilidad. Muchos proyectos nacen justamente de una dificultad”.



