

El tráfico aéreo en Europa podría cambiar de forma radical en los próximos años. Tras décadas de debates, el plan para ampliar Heathrow con una tercera pista ha recuperado el respaldo político del Gobierno británico, lo que reactiva uno de los proyectos de infraestructura aeroportuaria más ambiciosos del continente.
La decisión vuelve a colocar al aeropuerto de Londres en el centro de la estrategia de conectividad del Reino Unido, en un contexto marcado por la recuperación del tráfico aéreo y la competencia entre grandes hubs europeos. Sin embargo, el impulso político no elimina los desafíos técnicos, ambientales y regulatorios que aún rodean a la ampliación.
El proyecto aspira a reforzar el papel del aeropuerto como nodo clave del transporte internacional, aunque el proyecto sigue condicionado a complejos procesos de autorización y a un intenso debate social sobre su impacto económico y medioambiental.

En qué consiste la ampliación de Heathrow
El plan de ampliación contempla la construcción de una tercera pista de 3.500 metros, que se situaría al noroeste del actual complejo aeroportuario. Esta nueva infraestructura permitiría aumentar de forma significativa el número de operaciones aéreas y aliviar la saturación que sufre Heathrow desde hace años, especialmente en horas punta.
Uno de los elementos más complejos del proyecto es el desvío de la autopista M25, una de las vías más transitadas del país. La propuesta incluye soterrar un tramo de la carretera mediante un túnel para integrarla con la nueva pista sin afectar de forma permanente al tráfico terrestre, una obra de ingeniería de gran escala que añade costes y plazos al desarrollo del proyecto.
Además de la nueva pista, el diseño prevé la construcción de una nueva terminal, conocida como T5X, junto con la ampliación de la terminal 2. Esta reorganización de las instalaciones podría implicar cambios relevantes en el uso de las terminales actuales, incluida una posible reconfiguración de la terminal 3, aunque su cierre no está definido de forma definitiva.
Con estas mejoras, Heathrow proyecta aumentar su capacidad desde los aproximadamente 480.000 vuelos anuales actuales hasta cerca de 756.000 operaciones al año, lo que supondría un incremento cercano al 60 % una vez completada la ampliación en la próxima década.
Qué beneficios promete el Gobierno británico
Para el Gobierno del Reino Unido, la ampliación de Heathrow es una palanca clave de crecimiento económico. Desde el Ministerio de Transporte se sostiene que el proyecto permitirá reforzar la conectividad global del país y consolidar a Londres como un centro neurálgico del comercio, el turismo y los negocios internacionales.
El Ejecutivo defiende que el aumento de capacidad facilitará la apertura de nuevas rutas internacionales y una mayor frecuencia de vuelos, con el objetivo de responder a la demanda futura del transporte aéreo. Las previsiones apuntan a la posible incorporación de hasta 30 nuevas rutas diarias hacia 2040, aunque estas cifras dependen de la evolución del mercado y de la aprobación definitiva del proyecto.
Otro de los argumentos centrales es el impacto en la carga aérea. Heathrow estima que la ampliación podría incrementar esta capacidad en torno a un 50 %, lo que fortalecería las cadenas logísticas del Reino Unido y su conexión con mercados estratégicos de Europa, América y Asia.
En cuanto a la financiación, el operador del aeropuerto sostiene que la expansión podría llevarse a cabo principalmente con inversión privada, sin recurrir a ayudas públicas directas. El calendario oficial fija como objetivo que la nueva pista esté operativa en torno a 2035, siempre que las autorizaciones urbanísticas y ambientales avancen según lo previsto antes de 2029.
Qué obstáculos y críticas enfrenta el proyecto
Pese al respaldo político, la ampliación de Heathrow sigue siendo uno de los proyectos más controvertidos del país. Varias aerolíneas, entre ellas British Airways y Virgin Atlantic, han expresado su preocupación por el elevado coste de la obra y advierten que podría traducirse en un aumento de las tarifas aeroportuarias, con impacto directo en los precios de los billetes.

Las críticas más intensas llegan desde el ámbito medioambiental. Organizaciones ecologistas cuestionan que un incremento tan significativo del tráfico aéreo sea compatible con los compromisos climáticos del Reino Unido, que incluyen la neutralidad de emisiones para 2050. El aumento de vuelos plantea dudas sobre el control del CO₂, el ruido y la contaminación en zonas densamente pobladas.
A estos factores se suma el impacto urbano y social. El desvío de la M25, la construcción de nuevas terminales y la ampliación de pistas implican una obra de enorme envergadura, con efectos potenciales en barrios residenciales, infraestructuras de transporte y calidad de vida de las comunidades cercanas. Todo ello mantiene abierto un debate que trasciende lo aeroportuario y coloca a Heathrow en el centro de una discusión más amplia sobre el futuro del transporte aéreo en Europa.




