

La caída de la natalidad en Argentina llevó a que el país se ubique por debajo del nivel de reemplazo. El dato habilita la pregunta de si se está generando un mejor hábitat, acceso a la salud, los alimentos y la educación de los niños.
Desde el Barómetro de la Deuda Social de la Infancia de la Universidad Católica Argentina (UCA) analizaron las condiciones de vida de los niños en los últimos quince años y observaron una caída en la pobreza y mejoras en el acceso a la salud, pero más problemas de salud mental, mayor hacinamiento y la postergación de la atención médica.
En los últimos quince años mejoraron las condiciones de las viviendas con niños. Pero en 2025 se registró un aumento del hacinamiento, pasando del 18,3% al 20,9%, y del déficit de saneamiento, que pasó del 39,1% al 42%.
Ambas variables tienen diferencias en base a ingresos. En los hogares medios profesionales el déficit de saneamiento trepó al 3,1% y en los de menores ingresos fue del 57,6%. En el caso de hacinamiento, un niño de un hogar pobre tiene 12 veces más posibilidades de vivir hacinado. “Mientras los pobres vieron aumentar su hacinamiento del 26,2% al 33,2%, los no pobres se mantuvieron estables en 6,7%. Esta divergencia habla de una recuperación económica que no llega a todos por igual y de un problema habitacional que se agrava” en los sectores más pobres, sumaron desde la UCA.

La cobertura de la Asignación Universal por Hijo y la Tarjeta Alimentar alcanzó al 42% de los niños. El aumento de casi el 500% de la AUH desde diciembre de 2023 implicó una caída de la tasa de pobreza, que pasó de 62,9% en 2023 a 53,6% en 2025. Algo similar se dio con la indigencia, que pasó de 16,2% a 10,7%.
Si bien mejoró el acceso a la salud, aumentó la cantidad de niños sin obra social o prepaga. Esta última sube hace años, pero consolidó su tendencia en 2025, cuando pasó del 57,5% al 61,2%.
El sistema público abasteció la demanda al ver la caída de la tasa de niños que no visitaron un odontólogo, que pasó del 40,2% en 2024 a 34,6% en 2025, y de los que no vieron un médico, que bajó del 16% al 15,7%.
Sin embargo, el 19,8% dejó de asistir al médico por problemas económicos en 2025, siendo la atención odontológica la más postergada. Esta situación enfrenta diferencias por clase social de hasta 20 puntos entre los extremos (26,8% vs. 6,8% que postergó consultas).
Respecto de la salud mental, una consulta específica incluida desde 2025, detectaron que el 18,1% de los menores de 17 años presentaron síntomas de tristeza o ansiedad, según observaron sus adultos a cargo. La incidencia es mayor en la adolescencia (21,2%), con mayor impacto entre las mujeres (24,7% frente a un 18% en los varones).
También se reiteran las diferencias según estratos, registrando en las clases más bajas casi el doble de malestar emocional que en las más altas (20,7% vs. 10,6%). La presencia de tristeza o ansiedad aumenta en un 46% la probabilidad de no aprender lo suficiente.
Respecto de la alimentación registraron una suba desde 2016 en la demanda de alimentación gratuita, con un salto de 3 puntos en el último año, cuando alcanzó al 64,8% de los menores de 17 años. La suba vino de la mano de una caída de la tasa de inseguridad alimentaria (28,8%, menor registro desde 2017) y la inseguridad alimentaria severa (13,2%, menor marca desde 2022).
Según declararon sus mayores a cargo, el 4,1% de los niños tienen un problema de exceso de peso, algo que contrasta con las estadísticas oficiales del Ministerio de Salud, que indican que el 41% de los chicos y adolescentes de entre 5 y 17 años tienen sobrepeso y obesidad.
En el sentido contrario, el 3,1% registra problemas de bajo peso. Las percepciones varían según nivel socioeconómico, donde el exceso de peso se registra como un problema en los sectores de mayor poder adquisitivo, mientras en los de bajos ingresos se registra como problemática la delgadez.





