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El fallo judicial que resolvió la disputa en torno a la estatización de YPF en 2012 volvió a poner sobre la mesa una pregunta del establishment financiero: ¿fue la intervención del Estado condición necesaria para el despegue de Vaca Muerta? El economista Santiago Bulat explicó en El Cronista Stream cuál fue el rol del Estado y qué le espera a Argentina a partir de ahora.
Para Bulat, el resultado judicial no fue un triunfo de un gobierno en particular, sino la cosecha de “un trabajo sostenido por varias administraciones”. La Procuraduría del Tesoro, señaló el economista, mantuvo durante más de una década una postura jurídica coherente que resistió cambios de signo político.
La advertencia sobre el “estatismo como política”
El especialista también dejó en claro que el fallo favorable no debe leerse como una habilitación para futuros avances del Estado sobre el sector privado.
“Lo que sí me parece que está mal es ‘ahora vamos a estatizar todo porque total ganamos’. No, eso te va a llenar de juicio y es un problemón”, advirtió. Y recordó que el costo real de la estatización de 2012 no fue solo el pago de 5000 millones de dólares a Repsol, sino el peso permanente que ese episodio tuvo sobre el riesgo país: “Cuando vos analizabas con cualquier inversor de afuera el tema YPF y la estatización, estaba ahí”.
Bulat amplió esa reflexión hacia lo que definió como el nudo central de la seguridad jurídica en Argentina: “Para los inversores extranjeros, la amenaza no pasa necesariamente por una estatización formal, sino por cualquier restricción que bloquee la movilidad del capital”.
“La seguridad jurídica es ¿qué puede pasar? Es el cepo cambiario, por ejemplo. No es estatizar algo o no, pero es bloquear la posibilidad de que tu empresa te devuelva la plata. Yo invierto en la Argentina y vos, de un gobierno a otro, me decís: ‘No podés girar más dividendos para afuera’. Yo como accionista, me quiero matar”, graficó.
Inflación: sin “cero” en el horizonte inmediato
El otro gran eje de la charla fue la dinámica de precios. Con marzo cerrando en torno al 2,9% según las propias mediciones de Bulat —“algunos colegas arriba de tres”, acotó—, el economista rechazó tanto el catastrofismo como el triunfalismo. “Así como en mayo la inflación dio 1,5% y dijimos ‘ya la inflación se terminó en la Argentina’, era mentira. Ahora que la carne subió y la inflación se fue a tres, tampoco es que volvió la Argentina que tiene 80% de inflación en un año. Ninguno de los dos polos son verdad”, sintetizó.
Detrás de la aceleración de los últimos meses, identificó tres factores convergentes: el rezago del tipo de cambio que intenta trasladarse a precios, la suba de carnes y el impacto de las tarifas. A eso se suma la indexación corta de algunos servicios —las prepagas como ejemplo emblemático— que impone un piso difícil de perforar. “Cuando la inflación es más alta en los meses anteriores, te va poniendo un piso nuevo en algunos bienes y servicios. La indexación tan corta en algunas cosas es un problema”, explicó.
En ese marco, cuestionó la apuesta oficial por una desinflación vertiginosa. “No hay un programa de estabilización que en dos o tres años logre que la inflación pase de 300 —como era— a cero”, sentenció. Y propuso una vara distinta para medir el éxito: “Yo creo que no sería un problema si vos me decís ‘bajé la inflación de 300 a 30 y este año va a dar 26 y el año que viene va a dar 20’. Si vamos en ese sendero y la actividad económica no se rompe, yo creo que todos compraríamos”.
Ante la pregunta directa de si la inflación llegaría a cero en agosto —posibilidad que el oficialismo ha deslizado—, Bulat fue lapidario: “Para mí no. Yo creo que este año no”.





