La discusión sobre el salario volvió a ocupar un lugar central en la agenda económica argentina. Con la inflación desacelerada pero todavía elevada, la atención ya no se concentra sólo en la evolución de los precios, sino en la capacidad de los ingresos para recomponer poder adquisitivo después del fuerte deterioro acumulado en los últimos años.

La aprobación en el Senado, con media sanción, de la reforma laboral también colabora a que se reactive el debate sobre el funcionamiento del mercado de trabajo en la Argentina. En ese marco, más allá de los cambios normativos en discusión, el desempeño de los salarios aparece como una variable clave para evaluar el balance del último año y las condiciones con las que el empleo privado y público ingresó en 2026.

A lo largo de 2025, el desempeño de los salarios formales mostró una dinámica heterogénea, atravesada por recomposiciones parciales, meses de atraso frente a la inflación y una marcada diferencia entre el sector privado y el público. El resultado final depende, en buena medida, del recorte temporal elegido para el análisis: la comparación interanual, el promedio del año completo o el contraste con niveles previos al cambio de gobierno.

Un informe elaborado por el economista Nadín Argañarás permite ordenar esa discusión a partir de distintos indicadores. El trabajo se concentra en los salarios formales, tanto privados como públicos, y mide su evolución real frente a la inflación.

Recién al observar el año completo surge una primera foto de conjunto. En el promedio de 2025, el poder adquisitivo de los salarios privados registrados creció un 4,8%, mientras que el de los salarios públicos aumentó un 3,8%. Esa mejora, sin embargo, no alcanzó para compensar la pérdida previa: frente a 2023, los salarios privados todavía quedaron 1,6% por debajo, y los públicos mostraron una caída mucho más profunda, del 17,4%.

El detalle al interior del sector público muestra fuertes asimetrías. Mientras los salarios provinciales iniciaron una recuperación a partir de mediados de 2024 y sostuvieron una tendencia alcista hasta agosto de 2025, los salarios públicos nacionales continuaron cayendo en términos reales, luego de una baja similar en los primeros meses posteriores al cambio de gestión.

La lectura cambia cuando el foco se pone en el cierre del año. En diciembre de 2025, los salarios privados registrados crecieron 2,5% nominal, por debajo de una inflación mensual del 2,8%. En el sector público, la suba fue aún menor: 1,0% en promedio, con incrementos de 1,0% en el ámbito nacional y 1,1% en el provincial. Ese comportamiento volvió a tensionar la relación entre ingresos y precios en el último tramo del año.

La comparación interanual, entre diciembre de 2024 y diciembre de 2025, reforzó esa señal. Con una inflación acumulada del 31,5%, los salarios privados registrados mostraron una caída real del 2,1%. En el sector público, los provinciales lograron una leve suba del 0,8%, mientras que los salarios públicos nacionales registraron una baja pronunciada, del 8,6%.

En paralelo, el último Índice de Salarios del INDEC, correspondiente a diciembre de 2025, mostró una suba nominal del 38,2% interanual y un aumento mensual del 1,6%, impulsado principalmente por el sector privado registrado, que creció 2,5% en el mes. En el sector público, el incremento nominal fue del 1,0%, mientras que en el sector privado no registrado apenas alcanzó el 0,1%. Se trata de un indicador amplio, que releva la evolución de los salarios pagados en la economía y combina remuneraciones de trabajadores registrados y no registrados, ponderadas según su participación en la masa salarial

Esa medición, sin embargo, no es directamente comparable con el análisis que realiza Argañarás. Mientras el índice del INDEC captura variaciones nominales y agrega universos heterogéneos —incluido el empleo informal, con rezagos propios en su estimación—, el informe del economista se concentra exclusivamente en salarios formales, tanto del sector privado como del sector público, y evalúa su poder adquisitivo real, es decir, descontando la inflación y comparando promedios anuales y puntos de cierre.

En el trabajo de Argañarás, la combinación de meses dispares explica uno de los puntos claves del informe: el llamado arrastre estadístico hacia 2026. Durante 2025 convivieron meses muy malos con otros algo mejores, lo que elevó el promedio anual por encima del nivel alcanzado al final del año. Diciembre, en cambio, cerró por debajo de ese promedio, especialmente en el sector privado y, con mayor intensidad, en el sector público nacional.

Bajo el supuesto de que en 2026 no haya una recomposición real adicional y que los salarios se mantengan constantes, en términos reales, en el nivel de diciembre de 2025, el promedio del próximo año partiría desde un escalón más bajo que el promedio de 2025. En términos estadísticos, eso se traduce en una caída del poder adquisitivo, aun sin nuevos saltos inflacionarios. En ese escenario, los salarios privados registrados mostrarían una baja real del 1,0%, los salarios públicos nacionales del 4,3% y los provinciales del 1,8%.