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El plan económico y político que encabeza Javier Milei transita por un sendero estrecho donde conviven éxitos indiscutibles en el plano nominal y serias alertas en la economía real. Así lo definió el analista político y director de la consultora Opinaia, Facundo Nejamkis, quien comparó la coyuntura actual con los antecedentes de ajuste de las últimas cuatro décadas y advirtió que la clave de la supervivencia electoral libertaria no dependerá únicamente de la disciplina fiscal, sino del tiempo que tarde en materializarse la reactivación.

Para Nejamkis, la historia argentina reciente ofrece pocos puntos de comparación. “Desde la vuelta de la democracia hay tres gobiernos que han llevado adelante programas de ajuste y de estabilización: Menem, Macri y Milei”, sintetizó durante una entrevista a Radio Con Vos.

Al trazar el balance histórico, el consultor recordó los desenlaces contrapuestos de las experiencias previas. Mientras que la convertibilidad de Carlos Menem “logró extenderse y confirmarse y durar diez años de la mano de una modernización y un crecimiento de la economía muy significativo”, el gobierno de Mauricio Macri optó por el gradualismo para “mantener su mayoría electoral”, pero “la estabilización no se logró, tuvo que recurrir al ajuste y terminó en el resultado que todos conocemos: la derrota con Alberto Fernández”.

En ese espejo, el actual mandatario aparece como una figura inclasificable: “Milei es como un híbrido: no es Menem 95, pero tampoco es Macri 2019”, sentenció Nejamkis.

Javier Milei fundiéndose en un abrazo con el expresidente Mauricio Macri.
Javier Milei fundiéndose en un abrazo con el expresidente Mauricio Macri.

Según el analista, el Gobierno cuenta con logros tangibles en su haber: “Ha logrado estabilizar alguna de las variables de la economía, por ejemplo el dólar, que en la Argentina es una variable muy significativa; y ha logrado descender significativamente los niveles de inflación”.

Nejamkis matizó el relato oficial al señalar que los números que suele invocar el Presidente —en referencia al 15.000% anualizado— “son difíciles de justificar”, pero remarcó que el descenso real frente a la inercia previa “es un resultado concreto”.

La carrera entre la paciencia y el rebote

El principal escollo para la Casa Rosada no radica en el frente financiero, sino en el mostrador de la calle. Nejamkis puso el dedo en la llaga sobre la recesión y el riesgo de que la estabilización no alcance para sostener el humor social.

“A él se le combina con una situación de recesión económica que abre interrogantes respecto de si la estabilización es suficiente como para que la sociedad lo siga acompañando con la promesa de un eventual crecimiento económico que no termina de llegar”, apuntó el especialista.

En este sentido, Nejamkis caracterizó a Milei como un “creyente de sus ideas” que apuesta a fondo por la teoría del rebote: “Está convencido de lo que piensa y cree que su fórmula en algún momento debería dar resultado, esa idea de la destrucción creativa de que después del ajuste la economía florece y vuelve a crecer”.

Sin embargo, alertó sobre los plazos políticos: “Nunca se sabe cuándo llega ese momento. Hay que ver si ese momento llega, y si llega, si va acompasado con los tiempos electorales y si la sociedad está dispuesta a seguir creyendo”.

La polarización y la regla del rechazo que ve Nejamkis

En términos de opinión pública, el director de Opinaia describió un escenario de marcada ambivalencia: Milei “retiene una base importante de votantes y su imagen no se derrumba como la de Alberto Fernández en 2022-2023”, pero el clima de época sigue demandando giros de timón.

“Cuando vos preguntás en la sociedad si continuidad o cambio, lo que domina es el cambio. Para un gobierno, encarar un año electoral con 55 o 60 puntos de la sociedad que dicen ‘cambiemos’ le implica un desafío muy importante”.

A la hora de proyectar la disputa en las urnas, Nejamkis desestimó que los comicios se definan por adhesión dogmática y apeló al espejo electoral de Brasil (el enfrentamiento entre Lula da Silva y Flavio Bolsonaro) para ilustrar la mecánica de las sociedades polarizadas: “La gente termina decidiendo más por el rechazo: es decir, a quién no quiero votar. Si hubiera habido amor por Lula, lo hubieran votado en la primera vuelta; en el balotaje encontramos más rechazo a Bolsonaro que amor por Lula”.

Bajo esa premisa, el analista concluyó que la suerte electoral del oficialismo estará atada al perfil que logre articular la oposición: “La pregunta es: ¿quién despierta más rechazo el año que viene? ¿Milei o el candidato que le proponga el peronismo?”.