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Tras habilitar el desembolso de u$s 1000 millones para la Argentina, el Fondo Monetario Internacional (FMI) volvió a poner el foco sobre el frente externo argentino y advirtió que el país necesitará sostener “superávits comerciales suficientemente grandes” para fortalecer las reservas internacionales, reducir vulnerabilidades y garantizar el acceso al financiamiento externo.

La definición aparece en el documento técnico que se conoció este viernes, donde el organismo analiza distintos aspectos de la economía argentina, desde el sistema tributario hasta la estabilidad monetaria y la posición externa.

Allí, el FMI sostiene que la acumulación de reservas deberá apoyarse principalmente en mayores exportaciones, balances comerciales positivos e ingresos de inversión extranjera directa, más que en endeudamiento.

“Argentina necesitará generar superávits comerciales suficientemente grandes a mediano plazo para respaldar la acumulación de reservas y un acceso estable al mercado”, señaló el texto en el capítulo dedicado al fortalecimiento de la posición externa.

Kristalina Georgieva, directora gerente del FMI
Kristalina Georgieva, directora gerente del FMIFMI

El organismo considera que, pese a la mejora macroeconómica reciente, la posición externa del país continúa siendo frágil. En ese marco, plantea que la acumulación “orgánica” de reservas, impulsada por el comercio exterior y no por nueva deuda, resulta central para reducir el riesgo soberano y estabilizar la economía.

Según el informe, la evidencia internacional muestra que los procesos exitosos de acumulación de reservas estuvieron sostenidos por “mejores balances comerciales y flujos de inversión extranjera directa”, mientras que el endeudamiento externo tuvo un rol limitado.

El documento también remarca que una suba de reservas equivalente a 1% del PBI podría reducir el riesgo país entre 100 y 150 puntos básicos si fuera resultado de mayores superávits comerciales.

En paralelo, el FMI identifica a los sectores de energía y minería como motores potenciales del crecimiento exportador argentino en los próximos años. Sin embargo, advierte que el desafío será evitar desequilibrios macroeconómicos asociados a los ciclos de commodities y administrar el ingreso de divisas con un esquema cambiario más flexible.

Frente a este potencial exportador clave asociado al desarrollo de sectores vinculados a commodities, remarca que las políticas económicas deberán calibrarse cuidadosamente “para evitar dinámicas de boom-bust y mitigar riesgos de enfermedad holandesa”.

La referencia apunta al riesgo de que un fuerte ingreso de divisas por exportaciones provoque una apreciación cambiaria que termine afectando la competitividad de otros sectores productivos.

En ese sentido, el FMI considera que un tipo de cambio más flexible resulta fundamental para absorber shocks externos y evitar desequilibrios derivados de ciclos internacionales de precios de materias primas. “El tipo de cambio más flexible seguirá siendo crítico para absorber shocks externos”, señala el documento.

El trabajo también cuestiona el peso de los impuestos distorsivos sobre el comercio exterior, especialmente las retenciones. El organismo afirma que los derechos de exportación “continúan restringiendo el crecimiento, las exportaciones y el desarrollo financiero”.

Más divisas, cómo Brasil

En ese sentido, recomienda avanzar en una reducción gradual de los derechos de exportación sobre los principales productos del agro y sostiene que eliminar esas cargas podría elevar alrededor de 10% las exportaciones de cereales y oleaginosas, con un ingreso adicional estimado en u$s 5000 millones al año.

Bajo esa premisa, el FMI describe que desde fines de 2023, la Argentina avanzó en una reducción de impuestos vinculados al comercio exterior; sin embargo, la carga efectiva sobre las importaciones cayó de 16,4% a 5,5%, mientras que los derechos de exportación bajaron de 8,3% a 6,7%.

Para el FMI, el fortalecimiento del sector externo será una condición necesaria no solo para recomponer reservas, sino también para sostener el proceso de desinflación y reducir la vulnerabilidad financiera del país.

Para dimensionar, el informe dedica un apartado al impacto de los derechos de exportación sobre el desempeño agroexportador argentino y traza una comparación directa con Brasil.

Según el análisis del FMI, las retenciones generan distorsiones sobre los precios relativos, reducen incentivos a invertir y afectan la incorporación de tecnologías que mejoran la productividad.

Como ejemplo, el organismo compara la evolución de la producción de soja en ambos países desde comienzos de siglo. Mientras que la producción brasileña se triplicó desde el año 2000, la argentina creció apenas alrededor de 40%. El documento vincula parte de esa diferencia al esquema de derechos de exportación aplicado en la Argentina.

El staff técnico del FMI sostiene además que una reducción de 1% en las retenciones a la soja y sus derivados podría traducirse en un incremento cercano al 0,5% en la producción, las exportaciones y el área sembrada.

En ese contexto, el organismo insiste en que avanzar hacia una reducción gradual de los impuestos a las exportaciones agrícolas podría tener efectos positivos sobre el ingreso de divisas y el crecimiento económico, en línea con la necesidad de consolidar superávits comerciales más robustos.