Mientras los productores mantienen más de la mitad de la soja todavía sin comercializar y demoran la fijación de precios, las exportaciones de girasol crecieron 128,5%, la molienda aumentó casi 30% y ahora el sector proyecta sembrar 3 millones de hectáreas.
El contraste aparece con claridad en los números del primer semestre. La molienda de soja acumuló 19,775 millones de toneladas, 1,8% menos que un año atrás. En girasol ocurrió exactamente lo contrario: el procesamiento alcanzó 2,874 millones de toneladas y creció alrededor de 29% interanual.
La diferencia también se observa en el comercio exterior. Mientras las exportaciones de harina de soja retrocedieron 2,4% y las de aceite crudo de soja bajaron 5,7%, el complejo girasolero registró uno de sus mejores desempeños de los últimos años.
En apenas seis meses, las exportaciones de la cadena del girasol alcanzaron los u$s 2073,2 millones, un salto del 128,5% interanual, según el último informe de la Asociación Argentina de Girasol (ASAGIR). El complejo explicó así el 7,7% de todas las exportaciones agroindustriales argentinas del período.

Detrás del crecimiento de la facturación aparece un salto todavía más llamativo en los volúmenes.
De acuerdo con el Monitor Agroindustrial de CIARA-CEC, entre enero y junio la Argentina exportó 1,186 millones de toneladas de grano de girasol, un 1.194,9% más que en el mismo período de 2025. Sólo durante junio se despacharon 86.000 toneladas, un récord histórico para ese mes.
¿Por qué el productor demora la soja?
El contraste entre ambas oleaginosas tiene, sin embargo, algunos matices. La menor velocidad de comercialización de la soja no responde necesariamente a una falta de demanda o a una necesidad del productor de desprenderse del grano.
Por el contrario, los productores tienen actualmente otros productos con los cuales generar liquidez y eso les permite conservar la soja, según coinciden análisis de AZ-Group y Gestor Max.
De acuerdo con AZ-Group, está comercializado el 47,5% de la cosecha de soja, frente al 54,8% que se había negociado a igual momento del ciclo anterior. Sin embargo, el nivel actual se encuentra cerca del promedio de los últimos tres años, del 49%.
La brecha es mayor cuando se consideran solamente los negocios con precio cerrado: está vendido con precio el 33% de la producción, contra el 44% de la campaña pasada.
“El comportamiento está en línea con las decisiones que está tomando el productor de guardar soja y vender otros productos agrícolas”, explicó Lorena D’Angelo, analista de granos de AZ-Group.
La especialista recordó que la última campaña de trigo fue récord y que los productores se encaminan hacia otra gran cosecha de maíz. En ese escenario, pueden obtener liquidez mediante la venta de otros granos y conservar la soja.

En términos absolutos, AZ-Group calcula que fueron comercializadas 23,7 millones de toneladas sobre una producción de 50 millones, aunque 7,3 millones todavía no tienen precio fijado.
Así, quedan 26,2 millones de toneladas sin ningún tipo de negocio. A valores actuales, la consultora estima que ese volumen representa cerca de u$s 11.400 millones.
Gestor Max también identifica un retraso en las ventas, aunque, a partir de una metodología y referencias diferentes, llega a otra estimación.
“Con los últimos datos oficiales disponibles de comercialización y una estimación del movimiento posterior hasta comienzos de agosto, la campaña 2025/26 llega a este mes con más de la mitad de la soja todavía sin comercializar”, afirmó Luciana Bilbao, analista de Granos de Gestor Max.
Sobre una producción de 51,5 millones de toneladas estimada por la Bolsa de Comercio de Rosario, Gestor Max calcula que a comienzos de agosto se habían vendido entre 23,5 y 24 millones de toneladas. Por lo tanto, quedarían entre 27,5 y 28 millones de toneladas todavía sin comercializar, alrededor del 54% de la cosecha.
A los valores tomados como referencia por la consultora, se trata de entre u$s 9400 millones y u$s 9.600 millones pendientes de una decisión definitiva de venta.
Bilbao advierte, además, que existe otro fenómeno detrás de esos números: el productor no sólo demora las ventas, sino también la decisión sobre el valor al que cerrará parte de sus operaciones.
“El productor no solamente está vendiendo más lentamente: también está demorando la fijación del precio de una parte importante de la soja que ya comercializó”, señaló.

Para Gestor Max, una de las explicaciones está en que la comparación se realiza contra un 2025 en el que la reducción temporal de los derechos de exportación generó un incentivo extraordinario para anticipar ventas.
Pero ambas especialistas encuentran otro factor: la soja continúa funcionando como reserva de valor.
El girasol, en la vereda opuesta
Mientras una parte importante de la soja permanece en manos de los productores, el girasol atraviesa un fuerte ciclo de comercialización e industrialización.
Las exportaciones de aceite crudo de girasol acumularon 916.000 toneladas durante el primer semestre, con una mejora del 63,4% frente al año pasado. Junio marcó además un récord para ese mes, con embarques por 228.000 toneladas.
A la vez, las ventas externas de harina y pellets de girasol llegaron a 1,042 millones de toneladas entre enero y junio, 52,7% por encima del mismo período de 2025.
D’Angelo aportó un elemento que ayuda a conectar ambos mercados: la mayor demanda internacional de aceites vegetales.
Según la analista de AZ-Group, durante los últimos meses se observaron precios firmes para la soja, principalmente por el incremento de esa demanda, que permite a la industria argentina sostener un buen ritmo de procesamiento y exportaciones.
En el caso del girasol, esa firmeza también aparece en las cotizaciones. El aceite alcanzó un valor FOB de US$ 1.379 por tonelada al 11 de agosto, 5% más que un mes antes.
La molienda creció casi 30%
La aceleración de las exportaciones fue acompañada por una fuerte actividad industrial.
La molienda de girasol alcanzó 2,874 millones de toneladas durante los primeros seis meses del año, aproximadamente 29% más que en 2025.

En marzo, además, el procesamiento había marcado un máximo histórico mensual de 567.144 toneladas, según el relevamiento difundido por ASAGIR.
El desempeño industrial refuerza así el contraste con la soja: mientras la molienda de esta última retrocedió 1,8% durante el semestre, la de girasol avanzó a tasas de dos dígitos.
Más hectáreas
El buen momento de la cadena comienza a trasladarse a las decisiones para la próxima campaña.
La Bolsa de Cereales de Buenos Aires proyecta una superficie de 3 millones de hectáreas de girasol para el ciclo 2026/27, lo que implicaría aumentar el área sembrada otro 5,3%.
La expansión estaría encabezada por la Cuenca del Salado, con un incremento proyectado del 15%; el Oeste de Buenos Aires y Norte de La Pampa, con 14%; y el NEA, con 11,1%.

Al 5 de agosto ya se había implantado el 9,8% de la superficie nacional prevista.
El panorama, sin embargo, no está exento de riesgos. El USDA proyecta que la producción mundial de girasol crecerá 13,8% en la campaña 2026/27 y llegará a 62,62 millones de toneladas, impulsada especialmente por Rusia, Ucrania y la Unión Europea.
Para la Argentina, el organismo estadounidense estima una producción de 8 millones de toneladas, 6,7% superior a la campaña anterior, y exportaciones de aceite por 2,05 millones.
Pero la recuperación productiva de los países del Mar Negro incrementará la competencia. Rusia proyecta exportar 5 millones de toneladas de aceite y Ucrania, 4,95 millones.
Así, pese al crecimiento esperado de la producción y las exportaciones argentinas, la participación del país en el comercio mundial de aceite de girasol podría retroceder del 14,3% al 13,1%.






