

Rafael Grossi, director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y candidato argentino a secretario general de las Naciones Unidas, disertó ante el congreso anual del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF) desde Doha, donde se encontraba en misión oficial.
“Me encuentro en este momento en Doha por mi actividad profesional, y en particular por un tema que quizá tiene que ver algo con lo que quiero compartir con ustedes, que tiene que ver con las tensiones internacionales en particular en esta región”, señaló Grossi al abrir su presentación, que conectó la diplomacia de seguridad con el mundo de las finanzas y los negocios.
Grossi fue explícito sobre la relevancia de las instituciones internacionales para el ambiente de negocios. “La República Argentina me ha hecho el honor de presentarme como candidato” a la Secretaría General de la ONU, recordó, y vinculó directamente esa candidatura con los intereses del sector privado: “Un mundo con ciertas reglas, un mundo con un esquema multilateral funcional, operativo y moderno es un mundo con mayor previsibilidad, que es uno de los valores que naturalmente los hombres y las mujeres de negocios siempre valoran y consideran importante en su gestión.”
El diplomático argentino subrayó que las instituciones multilaterales “en un mundo tan fragmentado tienen un papel a jugar, aunque no lo estén jugando en este momento”, advirtió.
El escenario global y su impacto económico
Grossi trazó un mapa de conflictividad que, a su juicio, los ejecutivos de finanzas no pueden ignorar. Identificó como rasgo distintivo del momento “el retorno de las grandes guerras interestatales” entre potencias, señalando que tanto Estados Unidos como Rusia —los dos países con los mayores arsenales nucleares del mundo— están “inmersos en guerras interestatales”.

Sobre el conflicto en Europa del Este y su impacto directo en la economía, fue preciso: “El altísimo impacto que esta guerra ha tenido en todo el reposicionamiento económico, presupuestario y de planificación de la Unión Europea es algo que ustedes deben estar viendo en los impactos respectivos en cada uno de los sectores en los cuales ustedes son activos”.
Como dato concreto, señaló que el gasto en defensa en los países de la alianza atlántica pasó de menos del 2% a “5 por ciento o más”, lo que calificó como “un ordenador macroeconómico con todas las implicancias microeconómicas y financieras” que derivan de esa reorientación hacia la industria de defensa.
El estrecho de Ormuz y el petróleo
Desde la península arábiga, Grossi alertó sobre el otro gran foco de tensión: el conflicto entre Estados Unidos e Israel con Irán. Describió un temor regional “enorme por las consecuencias de esta guerra”, que involucra no solo la cuestión nuclear —su área específica de trabajo— sino también “el cierre o estrangulamiento del estrecho de Ormuz, con todas las consecuencias económicas y comerciales que tienen que ver con el precio de los combustibles.”
En ese marco, reveló que el OIEA participa en negociaciones activas: “Estamos en vísperas, aparentemente, de un memorándum de entendimiento que no sería la paz, sino un espacio-tiempo que los actores en el conflicto se estarían dando de unos 60 días para la prolongación del cese del fuego y para la negociación de un acuerdo más definitivo.”
Resiliencia global con señales de alerta
A pesar del panorama sombrío, Grossi citó las reuniones de primavera de las instituciones de Bretton Woods como evidencia de “una cierta resiliencia de la economía global”, aunque advirtió que “se verifica indudablemente un ralentí, una desaceleración en el crecimiento global estimado.”
El funcionario también mencionó otros focos de conflictividad con impacto económico: las tensiones en el Indopacífico y la situación de Taiwán, y conflictos africanos en el Sahel y los Grandes Lagos, donde describió un “fuerte antioccidentalismo”.
