En enero de 2025, hace exactamente un poco más de un año, viajé a Santiago de Chile. En los shoppings, la gente recorría los locales con valijas, para poner adentro todas las cosas que iba comprando. En los diarios locales había notas del boom del “tour de compras” de los argentinos.
A la vuelta, en el aeropuerto, un argentino con una bicicleta fue detenido por un oficial de Aduana. Le dijo que la bicicleta era “usada”, pero que se “había olvidado” de declararla a la salida del país.
Hace un año, una bicicleta urbana en Argentina podía conseguirse por u$s 774. En un comparativo con 10 países, era la más cara, solo superada por un país. Hoy, la bicicleta está a u$s 606, una baja del 22% en dólares. Pero el dato es que, en el mismo ránking de 10 países, cayó del puesto 9 al puesto 4, siendo hoy más económica que en 6 países (Brasil, Chile, Colombia, Estados Unidos, Francia y Polonia). Solo hay tres países donde es más barata, siendo China el puesto 1 con el menor precio, a u$s 507.

Así se desprende de un monitor de precios que realizan Marcelo Capello y Federico Belich, de la Fundación Mediterránea.
La variación de precios relativos es una montaña rusa en Argentina. En el verano de 2023, desde Uruguay, Chile, Brasil o Paraguay cruzaban la frontera para cargar nafta o ir al supermercado. En el verano de 2025, los argentinos arrasaban con sus valijas en los shoppings del exterior. La marca deportiva Decathlon informó en febrero del año pasado que Florianópolis, en Brasil, lideró la sede con mayores ventas mundiales debido a la presencia de turistas argentinos. La empresa tiene tiendas en 70 países.
Si bien 2025 terminó con turismo emisivo récord, con más de 12 millones de argentinos que pudieron viajar al exterior, también fue desacelerando a lo largo de los meses. En enero de 2025 habían viajado al exterior casi 2 millones de personas, un aumento interanual del 73%, según el Indec. Para diciembre de 2025, la cifra cayó a 705 mil, una suba interanual de solo 1,7%.
Cambios en precios relativos
En alimentos, Argentina suele encabezar con los precios más bajos, sobre todo en carnes, según el comparativo de la Fundación Mediterránea. Así ocurría el año pasado y así sigue siendo en diciembre de 2025, última actualización disponible.
En servicios ocurre lo contrario. Argentina está entre los países más caros para salir a comer afuera o pagar el celular. Con respecto a 2025, se mantiene caro en relación con los demás países del ránking, y el 90% de los servicios relevados muestra aumentos de precios en dólares o mantiene el precio.
En bienes durables e indumentaria es donde se observan los mayores cambios. Existen tres productos entre los diez analizados en los que Argentina presenta precios más altos que todos los demás países: freidora de aire, vestidos y zapatillas. Pero el informe hace una aclaración: “No obstante, la progresiva mayor apertura que se observa en Argentina y las reducciones en algunos impuestos internos han acortado las diferencias de precios con otros países”.
Una heladera, por ejemplo, que en 2025 costaba u$s 1473, hoy está a u$s 901, una baja del 38%. Argentina era el segundo país más caro entre todos los analizados y hoy está en la mitad de la tabla. Otra baja importante se registró en un televisor inteligente, que pasó de costar u$s 1.115 a u$s 790, una caída del 29%.
Si bien es prematuro hablar de una “convergencia” de precios en los bienes transables —aquellos que se pueden comercializar entre varios países— y Argentina sigue teniendo productos con precios más elevados que otros países, ocurre que brechas de precios que alcanzaban el 90% hoy bajaron al 30%. Entre los motivos se encuentran las mayores importaciones y la eliminación o rebaja de aranceles. A la mayor oferta se suma que la demanda no acompaña: el mercado interno sigue sin arrancar.

Cuando la economía estaba cerrada, como durante el Gobierno anterior, “arrasar” en Chile era negocio porque una computadora o un jean podían conseguirse a la mitad de precio. Hoy la ecuación es distinta en la “nueva Argentina” que plantea el presidente Javier Milei. La contracara de la mejora de precios en los bienes locales es el debate entre apertura comercial y desempleo, que se reactiva ante cada cierre de empresa. El desafío de la normalización de precios será el costo social en la transición.






