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La economía del conocimiento ya “juega en primera”: genera casi u$s 10.000 millones al año, crea empleo calificado y aporta un flujo de divisas constante en un país marcado por la volatilidad. Pero ese avance convive con riesgos concretos que pueden limitar su escala: tensiones cambiarias que desalientan la liquidación de exportaciones, recortes en educación que afectan el principal insumo del sector y una adopción de inteligencia artificial muchas veces sin estrategia clara.
El resultado es un escenario donde el potencial está probado, pero su consolidación depende menos del mercado global y más de las condiciones locales.
El sector se consolidó como el tercer complejo exportador de la Argentina, con ventas externas por u$s 9563 millones en 2025 y un crecimiento interanual del 8%.
Con más de 9000 empresas activas, el sector gana participación en la matriz productiva y aparece como una de las pocas fuentes de generación de divisas con dinámica propia y menos dependiente de precios internacionales.
El tema fue eje del panel “La Economía del Conocimiento Argentina ante la aceleración de la IA”, organizado por Argencon en Expo EFI 2026, donde referentes de empresas globales y del ecosistema local analizaron el impacto de la inteligencia artificial en productividad, empleo y exportaciones.
A nivel laboral, los datos oficiales refuerzan la escala alcanzada. Según la Subsecretaría de Industria y Economía del Conocimiento del Ministerio de Economía, en base al SIPA, el sector emplea actualmente a 285.000 personas.
Solo en 2025 sumó 9000 puestos de trabajo y, desde 2023, acumula más de 17000 nuevos empleos. Se trata de una de las pocas actividades que mantuvo expansión sostenida incluso en un contexto de recesión doméstica.

La dinámica exportadora también muestra continuidad. En 2024, las ventas externas habían alcanzado los u$s 8927 millones, con un crecimiento del 15,5% interanual, según el informe Argenconomics de Argencon. El salto a niveles cercanos a u$s 9600 millones en 2025 consolida una tendencia que no se interrumpió pese a la volatilidad cambiaria.
Para Sebastián Mocorrea, presidente de Argencon, el cambio tecnológico en curso tiene un carácter estructural. “La inteligencia artificial representa una transformación comparable a la llegada de Internet. La capacidad de adaptación va a definir el posicionamiento de los países en los próximos años”, señaló.
En ese sentido, remarcó que la experiencia previa de Argentina en servicios digitales puede facilitar la transición, aunque con mayores exigencias en escala y especialización.
Uno de los puntos centrales del debate fue el mercado laboral. Lejos de anticipar una caída del empleo, los datos relevados por el sector muestran una expansión más moderada, con cambios en la composición de la demanda.
Verónica Asla, Latam Leander de EY GDS, indicó que el crecimiento continúa, pero con perfiles distintos: “El año pasado incorporamos mil personas y este año proyectamos otras mil. El sector sigue demandando talento, aunque con mayor foco en capacidades vinculadas al uso y gestión de inteligencia artificial”.
El diferencial competitivo se desplaza hacia habilidades analíticas y de resolución de problemas. En ese marco, Asla agregó que “el mercado global prioriza cada vez más perfiles con capacidad de generar valor, más allá de tareas operativas”.
Los desafíos que plantea la IA
La adopción de inteligencia artificial también plantea desafíos de implementación. Sofía Vago, CEO de Accenture, advirtió que muchas compañías avanzan sin una estrategia clara: “En muchos casos no está definido para qué se implementa la IA. El foco debería estar en cómo mejora procesos y habilita nuevos modelos de negocio”
El diagnóstico es que la economía del conocimiento ya tiene escala relevante dentro del esquema exportador y muestra capacidad de crecimiento aun en contextos adversos. El desafío hacia adelante pasa por sostener esa dinámica en un escenario de mayor competencia global, con foco en productividad, especialización y calidad del capital humano.
¿Fábrica de dólares?
Federico Vacarezza, profesor de Comercio Internacional de la Universidad Austral, sostuvo en charla con El Cronista que: “Somos mucho más que soja y petróleo”.
El docente agregó que la economía del conocimiento tiene potencial para convertirse en el principal generador de divisas del país. “Argentina está en condiciones de seguir experiencias como la de Irlanda para avanzar en un cambio profundo de su estructura económica”, señaló.
Sin embargo, advirtió que existen limitaciones concretas para sostener ese crecimiento. “Los recortes a la educación universitaria son un freno a la expansión de este sector. Es una actividad intensiva en capital humano: se necesitan fortalecer las capacidades educativas, financiamiento y estímulos adecuados”, explicó.
En esa línea, remarcó que el potencial está, pero no es automático. “Puede ser una verdadera fuente de prosperidad para la economía argentina, pero requiere una estrategia consistente”, afirmó.
Vacarezza destacó que el país parte de una base sólida, con universidades reconocidas y capital humano competitivo, aunque alertó sobre los riesgos de no consolidar ese diferencial: “Sin una estrategia clara y sin recursos, ese potencial puede encontrar límites”.
Por último, planteó que el sector debería escalar en la agenda económica. “La experiencia de Irlanda en servicios y educación es un camino a seguir. Se puede hacer, pero este sector debería ocupar un lugar prioritario en la agenda productiva”, concluyó.
Por su parte, Leo Anzalone, director del CEPEC, agregó en esa misma línea que, la economía del conocimiento ya se consolidó como un actor relevante dentro de las exportaciones argentinas.
“En 2025 generó alrededor de u$s 9.500 millones y, a diferencia de otros complejos, tiene una característica clave para el país: no es estacional. El flujo de divisas que aporta es continuo”, sentenció el economista.
Anzalanone remarcó que se trata de un sector con margen para seguir creciendo durante varios años, impulsado por la demanda global de servicios y sin las restricciones físicas que enfrentan actividades como el agro, la minería o el oil & gas. “Aun así, su escala todavía está lejos de esos complejos en términos de volumen”.
Y advirtió: “Al mismo tiempo, aparecen limitaciones. Si el esquema cambiario no acompaña, una parte de esos ingresos no se canaliza a través del sistema formal, lo que reduce su impacto macroeconómico”.
Así, el consenso es que requiere una estrategia de desarrollo clara. Más que volumen, su principal aporte es la estabilidad en la generación de divisas, un atributo especialmente relevante en una economía como la argentina.




