Un fenómeno que se asocia con la desindustrialización de los novena suma preocupación en el sector privado y será parte de la agenda de la reunión entre el ministro de Economía, Luis Caputo y la cúpula industrial, este viernes.
La combinación de un tipo de cambio apreciado, desplome del consumo y una apertura comercial que ocurre mientras el mundo se vuelve proteccionista, está generando un “efecto tenaza”, explicó un referente del sector industrial.
En la previa al encuentro entre el equipo económico y Martín Rappallini, titular de la Unión Industrial Argentina (UIA), el INDEC informó que la capacidad instalada fue de 53,8%, casi tres puntos por debajo con respecto al mismo periodo de 2024.
La entidad fabril informó que el sector cerró el año con un crecimiento del 1,6% interanual, aunque se ubicó un 9,6% por debajo de los niveles de 2022.
En cuanto al empleo registrado, los datos del Centro de Estudios UIA (CEU) reflejan que la caída de puestos se aceleró en octubre con una pérdida de 6718 empleos en relación a septiembre (-0,6%). En tanto, el acumulado asciende a 60.224 puestos de trabajo desde el último máximo alcanzado en agosto de 2023.
Si bien el sector coincide en la necesidad del equilibrio fiscal propuesto por Javier Milei, la preocupación por la “economía real” encendió las alarmas. Los industriales aseguran que el modelo actual genera costos que podrían derivar en una destrucción definitiva del tejido productivo.
El diagnóstico es claro. Por un lado, el dólar corre detrás de la inflación, encareciendo la producción local. Por otro, la apertura facilita el ingreso de productos extranjeros en un mercado interno estancado.

“Si la actividad creciera un 20%, compartir ese mercado con las importaciones no sería problema. Pero hoy, cada contenedor que entra es mercado que pierde la fábrica local”, explican fuentes del sector. A esto se suma el “desvío de comercio”: ante el cierre de fronteras en potencias como EE. UU. o México frente a China, los excedentes globales recalan en Argentina como destino de liquidación.
El efecto “Parripollo”
Según un informe del CEPA, entre enero y septiembre de 2025 se incorporaron más de 9200 nuevas empresas importadoras de bienes de consumo, un aumento del 70% respecto del mismo período de 2023.

Las importaciones totales de Argentina pasaron de u$s 66.988 millones en 2023 a u$s 79.703 millones en 2024, y alcanzaron u$s 87.077 millones en 2025. Si bien hay un proceso de “normalización” despierta preocupación el “importador de oportunidad”, fascinado por la desregulación, pero sin estructura.
El empresariado local no carga contra la apertura, pero advierte por el impacto en el tejido productivo y en el mercado laboral donde el empleo formal se mueve al cuentapropismo y la “reventa” de bienes que se importan a bajo valor se volvió una salida rápida ante la pérdida del salario.
Lo que se advierte con cautela es un regreso al fenómeno del “parripollo” de los 90: aquel símbolo de la desindustrialización donde trabajadores despedidos volcaban sus indemnizaciones en emprendimientos de subsistencia que terminaban saturando nichos de mercado.
Además de indumentaria y calzado, esta tendencia se advierte en accesorios y bijouterie; cosméticos y productos de perfumería; tecnológicos y piezas para telefonía y juguetes infantiles.
El sobrestock es uno de los riesgos entre los emprendedores del mundo importador que traen paquetes de hasta 50 kilos por el servicio de courier comercial; la competencia se hará más agresiva con la llegada de contenedores con la misma carga que encargan grandes compañías con mayor capacidad de compra.
“En el mejor de los casos, el importador son dos personas y una oficina; el industrial tiene máquinas, inversión y una estructura de empleo que, una vez que se destruye, no se recupera más”, sentenció el industrial.
Ropa barata, la contracara
El sector textil es el que más debate generó en la discusión precios locales vs importados. El informe de la consultora Analytica arroja datos clave. Efectivamente, bajo la gestión Milei, la ropa y el calzado se abarataron un 30,6% relativo frente al promedio de la economía.

En noviembre de 2023, un salario promedio compraba 9 jeans y hoy 13. A la par, las importaciones de indumentaria crecieron un 97,3% en 2025 (u$s 681 millones), el nivel más alto de la serie histórica y las compras vía Shein o Temu explotaron un 274,2%.
Como contracara, se perdieron 18.333 puestos de trabajo registrados en el complejo textil y de calzado desde finales de 2023. Es una caída del 15,1%, alcanzando el mínimo histórico desde 2009.
El empleo asalariado privado está siendo canjeado por el monotributo social, un refugio de subsistencia ante la falta de oportunidades en el mercado laboral.
Una apertura “anacrónica”
Para los industriales, el equipo de Caputo está “enfocado en la macro financiera” y descuida la calle. Critican lo que consideran una apertura antes de “nivelar la cancha” impositiva, entre otras deficiencias como las de logística e infraestructura.
“Estamos canjeando el tejido empresarial por una baja temporal de precios”, advirtió un industrial en referencia a las declaraciones de Caputo y Federico Sturzenegger a favor del ritmo de la apertura.
Tras la polémica frase del titular de Hacienda: “nunca compré ropa en Argentina” el Ministro de Desregulación redobló la apuesta y apuntó contra el principal planteo de los empresariales: “nivelar la cancha” para competir con productos importados.
Luego de los cruces, este viernes por la mañana, los industriales estarán cara a cara con Caputo. Uno de los planteos que los hombres de la industria esperan que se traslade a la mesa es conciso: cuando el contexto global cambie y los precios internacionales suban, Argentina ya no tendrá ni máquinas ni operarios para volver a fabricar lo propio. La exigencia no es el cierre comercial, sino una apertura inteligente que no sea un “tiro en el pie”.







