El economista Fernando Marull analizó el impacto de la renuncia de Marco Lavagna y desmenuzó la hoja de ruta del Banco Central (BCRA). Aunque destaca la acumulación de reservas en enero, advierte que la “pax cambiaria” enfrenta desafíos estacionales y -ahora- estadísticos.
Marull destacó el giro en la estrategia oficial de diciembre, que le permitió al Gobierno estabilidad en el tipo de cambio y acumular reservas a partir de dos pilares: un ajuste más flexible de las bandas cambiarias (abandonando el ajuste fijo del 1%); el regreso del BCRA al mercado comprador, algo que no ocurría desde marzo del año pasado.
Gracias a una suba en las tasas de interés y un aporte extraordinario del agro que agregó u$s 800 millones, el Banco Central logró cerrar enero con compras por un total de u$s 1100 millones. “A pesar de las medidas, el dólar no se movió, sostenido por la tasa y la circulación de dólares financieros”, explicó el economista en una charla sobre Perspectivas 2026 que organizó BAVSA.
Luego de las elecciones de octubre “el mercado cambiario estuvo totalmente controlado por el gobierno”, destacó en relación a la cancelación de deuda, “limpiando” el mercado de dólar futuro y bonos dólar link.

Respecto a las tasas de interés que fueron un dolor de cabeza antes de las elecciones de medio término, señaló que el mercado “sigue ilíquido estructuralmente”, por lo que las tasas se mantienen por encima del 30%.
“El Tesoro y el Banco Central buscan que las tasas de interés estén cómodamente por encima de la inflación”, aseguró.
Para el consultor, el pronóstico es positivo, sin embargo, puso énfasis en los ruidos estacionales que llegan en el segundo y tercer mes del año a los que ahora se puede sumar el factor INDEC.
Es que la salida de Lavagna se produce justo en un escenario de menor liquidación de divisas del agro, a la espera de la cosecha gruesa y sequía mediante, lo que puede alterar el mercado financiero: generar más presión sobre el dólar y obligar al Central a vender.
Ruido innecesario
En su lectura la inflación estaba “completamente controlada” y venía bajando. Por ejemplo, explicó, el 2,8% de diciembre sin el aumento de la carne (7%) era 2,2%. Por eso consideró “un error bastante malo del Gobierno”, frenar la difusión del nuevo índice que da lugar a una “novela ridícula”.

En enero, sin el efecto carne y nafta, la inflación era de 2,4% o 2,5% según su estimación que se alinea con la del mercado (no el REM, sino el pricing de los bonos) en 2,3% o 2,4%.
A contramano de otros pronósticos, Marull aseguró que la diferencia con la nueva metodología era de 0,1 puntos. “Ni cerca” del 3,4% que circula en los medios dijo y calificó este resultado de “estadísticamente imposible”.
“Si con la vieja metodología es 2,5%, con la nueva sería 2,6%; si es 2,8%, con la nueva sería 2,9%”, resaltó pese a que explicó que la nueva metodología pondera mucho más las tarifas (8,2% para luz y gas, frente al 3,5% actual).
“Frente a estos puntos que podría llevar a una inflación más alta el transporte público pondera menos con la nueva metodología, lo que beneficiaría al gobierno”, aclaró.
Frente a estos datos, lamentó el ruido en torno al INDEC que “venían haciendo un buen trabajo”.
El ruido genera la percepción de que se podría estar “mintiendo” con la inflación real. “Si el mercado lo interpreta muy negativamente, podría desestabilizar la demanda de pesos y afectar las proyecciones de compra de reservas”, expresó.
Frentes de tormenta
La estabilidad del verano entra ahora en una fase de prueba debido a tres factores críticos, según Marull.
Por un lado, la estacionalidad ya que febrero y marzo son históricamente meses “malos” para el peso. Tras la alta demanda de diciembre, el público suele volcarse a la dolarización de carteras.
A estos se suma la amenaza de la sequía que indica un recorte en la oferta de divisas del agro lo que restaría el oxígeno que permitió la recuperación de reservas en enero.
Los informes privados ya estiman que la falta de agua afecta el 16% de cosecha, pero aclaró que la minería compensaría una “sequía leve” cuyo costo puede ascender a u$s 3000 millones.
Si el ruido sobre la metodología del IPC “pega mal” y el mercado lo interpreta negativamente, podría desestabilizar la demanda de pesos, llevando a que los argentinos vendan bonos CER y compren dólares, saliendo del carry trade.
Este factor pone dudas sobre la meta de acumulación de reservas que monitorea el FMI y que ya se proyectaba con ajuste por la menor liquidación del campo.
“Si bien el plan económico está acumulando reservas y viene bien, este ruido metodológico puede hacer que las variables clave empiecen a moverse”, concluyó Marull.






