

El ex viceministro de Economía, Gabriel Rubinstein, encendió una luz de alarma sobre la estrategia financiera del Gobierno de cara al 2026. El consultor aseguró que el Ejecutivo está desaprovechando una ventana ideal para normalizar el mercado de cambios y se mostró crítico con el ritmo de acumulación de las bandas del dólar, señalando que el Banco Central está lejos de los niveles de solvencia requeridos.
En diálogo con el programa Modo Fontevecchia por la pantalla de Net TV, el economista coincidió en que la gestión actual está dejando pasar una oportunidad histórica para unificar el mercado, amparado en un “verano financiero” que podría ocultar debilidades estructurales profundas en la hoja de balance de la autoridad monetaria.
Rubinstein fue contundente al ponerle números al faltante de dólares en las arcas del Central: “Como arrancamos de 18.000 negativas, tendríamos que tener más o menos 30.000 positivas como mínimo. Estamos como 40.000 o 50.000 millones de dólares abajo”.
Esta situación, advirtió, se minimiza por el contundente apoyo de Washington, pero no deja de ser un riesgo. “Claro, si vos tenés un tipo que tiene 100.000 millones de dólares que te dice que te va a ayudar, vos te quedás tranquilo. Pero la debilidad se manifiesta y es importantísima”, precisó.
Así, para el exfuncionario, la estrategia actual es insuficiente para blindar la economía ante shocks externos. En lugar de la actual política de administración, sugirió un esquema mucho más agresivo de acumulación que implique convalidar un tipo de cambio más alto para incentivar la liquidación masiva.

Al respecto, detalló su propuesta de utilizar el aval norteamericano como un seguro de piso, pero liberando el precio: “Saber que, a un valor más alto, ponele $ 2500, vas a tener ese put que te da la Unión Americana te frena el pánico en algún punto. De esa manera podés darte el espacio para ir comprando muchos más dólares, tres, cuatro, cinco veces más de lo que el Gobierno piensa comprar”.
Rubinstein advirtió que no resolver este problema de fondo genera una dependencia extrema de la política internacional. “El hecho de que tu situación cambiaria hoy dependa 95% de la voluntad de un tipo que se llama Scott Bessent, que es el secretario del Tesoro americano, trae una fragilidad estructural. Si Trump sube el pulgar, está todo bien. Si Trump baja el pulgar, está todo mal”, graficó.
En esa línea, el economista lamentó que no se utilice el capital político post-electoral para tomar decisiones difíciles ahora. “Después de una exitosa elección, y con la ayuda americana, yo diría: el momento es ahora. Tenés tiempo políticamente de tener un salto inflacionario no muy grande durante unos meses y después tener una macro verdaderamente mucho más sólida”.
Sin embargo, lamentó que la Casa Rosada parece priorizar el índice de precios a corto plazo por sobre la robustez de las reservas, apostando a llegar a las elecciones de 2027 con la inflación lo más baja posible, aunque eso implique mantener las restricciones y el atraso cambiario.
“Para mí, lo recomendable, sin ninguna clase de populismo, sin ninguna consideración política de corto plazo, sería empezar a solucionar el problema cambiario en serio y no esta tímida política de compra de reservas”, insistió Rubinstein, marcando la diferencia entre la táctica electoral y la estrategia macroeconómica.
Finalmente, advirtió sobre los riesgos de patear los problemas hacia adelante confiando ciegamente en el apoyo externo: “Porque mantener todo el tiempo la inflación tratando de que baje, que igualmente está alta, pero tratando de que baje, y un día desensillar y tener un salto cambiario… ¿a quién le sirve? Es como postergar el problema. Si el Gobierno no quiere postergar el problema, debería hacer algo diferente en materia cambiaria”.




