Argentina y Chile están en uno de los mejores momentos de su relación bilateral. Los presidentes -Javier Milei y José Antonio Kast- manifiestan afinidad ideológica y se prodigan mutuos elogios. El intercambio comercial es creciente y fuerte en energía: Argentina exportó u$s 2754 millones en 2025. Chile, por su parte, asiste al sistema eléctrico local con intervenciones puntuales.
Y, de ambos lados de la cordillera, varios proyectos de desarrollo contemplan al vecino.

Argentina despacha el 60% del gas que compra Chile y también un 40% del petróleo del país trasandino. Se trabaja en un proyecto de cooperación inédito, que potenciaría e integraría las cadenas energéticas y productivas de ambos países.
Las ventajas de las sinergias son muchas, según coinciden de los dos lados de la cordillera. Sin embargo, el pasado entre ambos países dista de ser un lecho de rosas.
Hace casi 50 años, un conflicto armado en el canal de Beagle era inminente y se evitó por una intermediación del Vaticano. La democracia llegó en distintos momentos (aquí en 1984, y en Chile, en 1990). Y los modelos económicos supieron tener miradas diferentes.
Las relaciones comerciales resultaron, además, dañadas por una decisión de gobiernos argentinos. El país tenía un contrato de suministro “ininterrumpible” para abastecer de gas a Chile, firmado en los ‘90.
En 2004, Argentina comenzó a recortar los envíos y Chile recibió menos de lo contratado. Las industrias chilenas fueron las primeras afectadas. Luego, entre 2007 y 2008 (entre las presidencias de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner) los cortes se volvieron casi totales, especialmente en invierno. Argentina priorizó el uso del gas para los hogares locales y, de esa forma, socavó una relación comercial clave.
El vínculo se reanudó casi diez años después, en septiembre de 2018. Se autorizaron nuevamente exportaciones “interrumpibles” de gas natural, primero en volúmenes relativamente pequeños, y sobre todo durante los meses de verano, cuando sobraba producción en Argentina.
Hoy, el gasoducto GasAndes está funcionando al máximo de su capacidad y hay proyectos para que los ductos entre ambos países sigan expandiéndose.
Ximena Rincón, ministra de Energía de Chile, conversó sobre estos temas con “El Cronista”.

-¿Cómo está hoy la relación Argentina-Chile en términos energéticos?
-A mí que me ha tocado vivir en distintas épocas esta relación, creo que estamos en un muy buen pie. Se han alineado los astros con miradas compartidas desde el punto de vista de la importancia del desarrollo productivo, del emprendimiento, de la asociación pública-privada.
Los mejores años de Chile fueron aquellos años en que hubo alianza estratégica público-privada y donde la política era capaz de ponerse de acuerdo. En ese sentido, los liderazgos del presidente Lagos o presidente Frei marcaron una hoja muy importante que el presidente Kast, viniendo de otro mundo, la ha puesto como eje de su trabajo.
Y, de hecho, ha formado un gabinete con distintas miradas. Yo vengo de ese otro mundo y él me integró al trabajo en el gobierno.
Desde el punto de vista de las relaciones binacionales con Argentina, que es un socio estratégico en el continente, es una oportunidad.
-¿Qué representa esta visita a la Argentina?
-Esta, que es la primera gira que hace un ministerio, o el Ministerio de Energía, fuera de Chile, es una gira que viene con todo el sector del aparato público: el regulador, la comisión, el coordinador eléctrico, la empresa pública estatal ENAP.
Y viene con todos los empresarios, una delegación de más de 30 empresarios que se sientan a conversar con sus pares argentinos, liderados por el canciller y por el secretario de Minería y Energía, Daniel González. Es un espacio que valoramos y apreciamos y que debiera dar inicio a conversaciones que nos permitan hablar de un acuerdo de integración energética entre Chile y Argentina.
-Hay posibilidad de abastecer más gas por el norte? Hay un gasoducto que podría reactivarse.
-Sí, y para nosotros es importante tener acuerdos de largo plazo. Nosotros tenemos una normativa vigente en Argentina que termina el 2028 desde el punto de vista del precio.
-¿Se refiere al Plan Gas? (un acuerdo del Gobierno argentino que establece un piso al precio que se comercializa el gas)
-Exacto. Y limita cuánto Argentina puede comercializar de gas. Y debemos hoy día empezar a conversar de lo que pasa cuando termine el Plan Gas. Uno tiene que conversarlo con tiempo. Y si logramos un acuerdo de integración energética, se pone encima de la mesa el gas, se pone encima de la mesa la energía eléctrica.
Chile tiene una capacidad instalada de energías renovables importante en el norte, que pierde por falta de demanda y, por lo tanto, puede ser un win-win entre Chile y Argentina.”
-¿Ve una oportunidad para que Argentina exporte más gas y Chile ofrezca energía eléctrica?
-Tenemos que hacer lo que hicimos hace 30 años atrás, cuando conversábamos sobre la integración minera. Había claramente una visión de los proyectos que había que desarrollar en el mundo privado y lo que se necesitaba era un marco amplio de regulación que permitiera dar certeza.
Y de ahí surge el tratado minero con Argentina, que tenía además asociados dos protocolos: Pascua Lama y El Pachón. Pascua Lama no pudo desarrollarse finalmente, pero El Pachón sí tiene hoy día un espacio importante.
Pero surge a partir de identificar los proyectos privados a desarrollar. Y yo creo que aquí tenemos que hacer un poco lo mismo.
-¿Qué implica concretamente?
-Identificar ambas partes, Argentina y Chile, cuáles son los desafíos, los proyectos, las áreas de intercambio o de conectividad que necesitamos y, a partir de eso, fijar la hoja de ruta. Y hemos acordado con el canciller Pablo Quirno y con el secretario de Energía y Minería, Daniel González, darnos un plazo de dos semanas en que los equipos de ambos gobiernos hagan el levantamiento de las necesidades, desafíos, proyectos o miradas que tiene el sector privado para, a partir de eso, trazar una hoja de ruta.”
-¿Esa hoja de ruta podría incluir más gas argentino?
-Tenemos el mismo objetivo, o debiéramos tenerlo, desde el punto de vista de política pública: que nuestros ciudadanos y ciudadanas tengan seguridad energética y energía competitiva. Vale decir, un precio que obviamente sea correcto.
Y, por lo tanto, nuestra mirada tiene que ser —y al menos así lo ha señalado el presidente Kast, y supongo que también el presidente Milei lo debe tener en su hoja de ruta— dar respuesta a los ciudadanos.
El tema energético es un tema sensible. Nada de lo que tú quieras hacer se hace sin energía. Ni en educación, ni en emprendimiento, ni en salud, ni en ciencia, ni en innovación, ni en inteligencia artificial. La energía hoy día es el suministro clave.

-Argentina tiene problemas en la red de transmisión eléctrica. Muchas renovables no pueden conectarse. Si no pueden entrar los argentinos, ¿cómo podrían entrar renovables chilenos?
-Nosotros también lo tenemos. Si por este ducto no pasa nada, ¿cómo puede pasar algo más? Es lo mismo. Entonces, cuando tú eres capaz de visualizar la cantidad de proyectos a desarrollar, tienes que poner los riesgos, sin lugar a dudas, pero también las oportunidades. Y tienes que hacer el análisis económico de lo que significa invertir.
Voy a irme a la minería, que es como el más claro y certero hoy día. La minería necesita energía para desarrollarse. Ergo, la línea de transmisión es vital.
Y si hay un evidente negocio que lo único que necesita es la transmisión, va a ser fácil que el sector privado invierta. Pero tiene que haber certeza jurídica.
-¿Qué certeza te ofrece Argentina cuando en algún momento no pudo cumplir sus compromisos?
-No voy a poner juicio de valor a lo que ocurrió hace tantos años.

-Argentina tenía un contrato con Chile y decidió no cumplirlo
-Creo que uno tiene que sacar lecciones aprendidas de esas cosas. Por eso es tan importante poder tener un tratado de integración, justamente para evitar que esas cosas pasen. Ya lo vivimos y yo creo que aprendimos la lección.
De hecho, ese hecho, esa circunstancia, hizo que Chile tomara decisiones de inversión que hoy día le han permitido desarrollar una matriz energética donde el componente renovable es altísimo.
-¿Hoy tiene más certezas?
-La historia ha ido construyendo una relación entre los países que tiene hoy día un intercambio eléctrico y un intercambio de gas que está vigente.
Para Semana Santa tuvimos una situación de riesgo en el suministro de gas por parte de Argentina y creo que nuestros equipos técnicos en Chile y en Argentina, los equipos políticos, las cancillerías y las empresas actuaron correctamente.

-¿Lo resolvieron?
-El suministro se suspendió, pero no se interrumpió y en cuatro días el tema se resolvió. Porque aprendimos la lección.
Y lo importante es que no se generó pánico, no se generó incerteza, no se generó incertidumbre. ¿Por qué? Porque entendimos que era importante mantener la calma, tomar las medidas del caso y hacer que el suministro volviera a fluir.
-¿Chile tiene gas propio?¿Cómo hace los inviernos?
-Tenemos en el sur, Magallanes, pero muy poquito. Y hay trabajos de exploración, de búsqueda, pero todavía no hay ningún yacimiento que nos permita decir: ‘Vamos a proveer nosotros el gas. En invierno compramos GNL, pero tenemos diésel todavía, sobre todo en los sistemas aislados en Chile. Tenemos 109 sistemas aislados en nuestro país que no funcionan con renovables y que funcionan absolutamente con petróleo básicamente.
Y tenemos todavía en nuestro plan de descarbonización un número importante de centrales aún a carbón, pero estamos en el plan que nos hemos trazado sacándolas del sistema y reemplazándolas por energías renovables con respaldo de gas.”
-Usted hace mucho énfasis en un tratado. ¿Por qué tiene tanta importancia?
-Porque el tratado lo que te permite es hacer el zoom específico en el área tributaria, en el área aduanera, en el área de servicios.
Es mucho más que un contrato entre partes privadas. Te da el soporte de los Estados detrás.
Y tiene la virtud de ser una hoja de ruta. No para un año, sino para 30 años.







