

En esta noticia
- ¿Qué pasa con la actividad industrial y sus tres fases?
- ¿Puede la industria estar entrando en una nueva etapa?
- ¿Qué sectores impulsan el crecimiento económico?
- ¿El consumo está en niveles récord o sigue estancado?
- ¿Cómo se conecta esto con el discurso oficial?
- ¿Se consolida el crecimiento o persisten las dudas?
La economía argentina encadenó señales positivas en el arranque de 2026, pero el debate sobre la consistencia de la recuperación sigue abierto. Un informe del IERAL Fundación Mediterránea plantea un interrogante central: ¿se está iniciando una “fase 4” de crecimiento?
El análisis parte de los últimos datos del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), que mostró en enero una suba de 0,4% mensual, tras un fuerte avance de 1,8% en diciembre. En términos interanuales, el crecimiento fue de 1,9%, mientras que el nivel de actividad se ubica 6,4% por encima de noviembre de 2023, previo al inicio del actual gobierno.

“En ese sentido cobra más impulso la posibilidad que estemos iniciando una fase 4 en lo que hace al crecimiento económico”, señala el informe.
¿Qué pasa con la actividad industrial y sus tres fases?
En el comportamiento de la industria el informe también divide en etapas bien diferenciadas durante la actual gestión.
La primera fase estuvo marcada por una fuerte contracción: la producción industrial cayó 11% en los primeros cinco meses. Luego vino un rebote significativo, con una recuperación en los siete meses siguientes que permitió volver a niveles de noviembre de 2023.
Pero esa dinámica no se consolidó. En una tercera fase, la actividad volvió a caer: la producción industrial retrocedió 6%, incluso mientras el nivel general de actividad mostraba estancamiento.
Este comportamiento refuerza una de las principales críticas de sectores opositores: la recuperación económica no sería homogénea y la industria manufacturera seguiría rezagada.
Sin embargo, el dato más reciente introduce un matiz: en enero, la actividad industrial registró un repunte de 3,1%, superando incluso la mejora captada por el EMAE.

¿Puede la industria estar entrando en una nueva etapa?
La pregunta queda abierta: si la industria tuvo tres fases —caída, recuperación y nueva contracción—, ¿este rebote marca el inicio de una cuarta etapa?
El propio análisis sugiere cautela. La estructura industrial sigue mostrando fuertes divergencias sectoriales. Mientras algunos rubros crecen —como tabaco (+11,3%), refinación de petróleo (+8,7%) y alimentos (+7,4%)—, otros acumulan caídas pronunciadas, como textiles (-28,7%) y automotriz (-16,9%).
Esto refleja problemas más profundos vinculados a la competitividad, el tipo de cambio y la apertura económica, factores que impactan de manera desigual sobre la industria, señala el informe.
¿Qué sectores impulsan el crecimiento económico?
Más allá de la industria, el crecimiento reciente se apoya en sectores específicos. Según el informe, los mejores desempeños corresponden a intermediación financiera, minería y agro, junto con transporte y servicios empresariales.
En cambio, entre los sectores más rezagados aparecen la industria manufacturera, la construcción y el turismo internacional.

Esta dinámica alimenta otro eje del debate económico: los sectores que más crecen no son necesariamente los que más empleo generan, lo que ayuda a explicar por qué la mejora en la actividad no se traduce de forma inmediata en mejores indicadores laborales.
¿El consumo está en niveles récord o sigue estancado?
El informe también aborda uno de los puntos más discutidos en la conversación pública: el consumo.
Por un lado, el consumo privado total alcanzó niveles récord. En el cuarto trimestre de 2025, se ubicó 4,4% por encima del mismo período de 2024, con un crecimiento acumulado de 8,9% en los primeros años de gestión.
Pero al ajustar por población, el panorama cambia. El consumo per cápita se ubica en niveles similares a los de 2011 y todavía por debajo de 2017.
Esta dualidad explica por qué conviven diagnósticos opuestos: expansión en términos agregados, pero recuperación más lenta en el ingreso individual.
¿Cómo se conecta esto con el discurso oficial?
El análisis del IERAL dialoga con la postura del equipo económico, que en las últimas semanas defendió la idea de que la economía está en expansión.
El ministro Luis Caputo sostuvo que “los datos dicen exactamente lo opuesto” a quienes plantean un escenario recesivo, y remarcó que la actividad, el consumo y las exportaciones muestran niveles elevados.
Desde esa perspectiva, los repuntes recientes —incluido el de la industria— serían parte de un proceso más amplio de normalización macroeconómica.
¿Se consolida el crecimiento o persisten las dudas?
El informe concluye con una advertencia implícita: la mejora macroeconómica es condición necesaria, pero no suficiente.
“El buen desempeño macroeconómico […] permite comenzar a recomponer el nivel de vida”, señala, aunque aclara que solo un crecimiento sostenido durante años permitirá revertir el estancamiento acumulado.
En ese contexto, la hipótesis de una “fase 4” funciona más como una señal de expectativa que como una confirmación. Y deja planteada la pregunta central del momento económico:
¿se trata del inicio de un nuevo ciclo de crecimiento o de una recuperación todavía frágil y desigual?


