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Se cumplen cincuenta años del golpe de Estado de 1976, que dio inicio a la última dictadura cívico militar, un ciclo que sumió al país en una larga noche de represión que se extendió durante siete años y medio.

El denominado Proceso de Reorganización Nacional que encabezó durante buena parte de su duración Jorge Rafael Videla, secundado por Emilio Massera y Orlando Ramón Agosti, derrocó primero a María Estela Martínez de Perón, y suprimió luego al Congreso, los partidos políticos y sindicatos. Lo que siguió fue, a la postre, uno de los períodos más sangrientos de la historia argentina.

A medio siglo de aquel 24 de marzo, una encuesta nacional de la consultora Explanans, que recabó entre el 18 y el 28 de febrero las opiniones de 4068 personas en 91 ciudades de todo el país, revela que el apoyo a la democracia y a los derechos humanos resiste con fuerza en la sociedad argentina.

Pero los datos del informe, al que accedió El Cronista, también evidencian una grieta generacional que merece atención.

Derechos humanos: respaldo mayoritario pero en disputa

Casi siete de cada diez argentinos (68,9%) tiene una opinión positiva sobre los derechos humanos en el país. Solo el 28,1% expresa una visión negativa.

Dentro del bloque positivo, los resultados se dividen en dos posturas casi equivalentes. El 35,8% cree que los DDHH son necesarios pero que no se debe hacer política con ellos. El 33,1% los considera un emblema nacional.

En efecto, como bien señalan los autores del estudio, el consenso no es ausencia de disputa. “Los datos muestran que no se rompe la agenda democrática ni la tradición de DDHH, pero sí se discute su sentido, sus usos y representaciones”, explican en sus conclusiones.

La brecha política es pronunciada. Entre quienes votaron a Sergio Massa en el balotaje de 2023, el 63,7% tiene una opinión muy buena. Entre votantes de Javier Milei, ese número cae al 9,7%.

Las mujeres valoran más los derechos humanos que los varones. El 40,3% de ellas tiene una opinión muy buena, contra el 25,4% de ellos. La visión negativa entre varones duplica a la de las mujeres.

Democracia: un piso que resiste la polarización

El 78,4% de los encuestados afirma que la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno. Solo el 12,6% considera que en algunas circunstancias un gobierno autoritario podría ser preferible.

El dato resulta llamativo en un contexto de alta fragmentación política y desconfianza institucional. La democracia, a diferencia de otras variables, logra sostenerse por encima de la grieta partidaria.

La adhesión democrática es alta en todas las provincias relevadas. CABA lidera con el 84,4%, seguida por Mendoza con el 80,8% y la provincia de Buenos Aires con el 80,5%.

Entre los votantes de Massa, el 89,6% prefiere la democracia. Entre los de Milei, ese número baja al 69,7%, aunque sigue siendo mayoritario. Incluso en el electorado libertario, la democracia mantiene legitimidad.

El dato de los jóvenes: una señal que no hay que ignorar

El grupo de menores de 30 años presenta los números más bajos de adhesión. Solo el 72,1% de ellos prefiere la democracia, frente al 81,1% entre adultos de 30 a 50 años y mayores de 50.

Al mismo tiempo, el 15% de los jóvenes considera que un gobierno autoritario puede ser preferible en ciertas circunstancias. Ese porcentaje supera al de cualquier otro grupo etario de la encuesta y el promedio general.

Paradójicamente, los jóvenes muestran, en otros indicadores, una valoración más positiva de los derechos humanos que los adultos mayores. El 38,9% de los menores de 30 tiene una opinión muy buena sobre los DDHH, contra el 28,1% de los mayores de 50.

La combinación resulta singular: los jóvenes valoran más los derechos humanos, pero a la vez se muestran más permeables a la idea de que la democracia podría no ser siempre la mejor opción.

El dato abre una pregunta relevante a 50 años del golpe: el consenso democrático construido con esfuerzo tras la dictadura no se transmite de forma automática entre generaciones. Se construye, o se erosiona, en cada nuevo contexto político y cultural.