El 49% de los profesionales de la industria farmacéutica afirma que la falta de habilidades específicas y talento es hoy la principal barrera para avanzar en la transformación digital, según datos de GlobalData. La aceleración tecnológica que atraviesa la industria no está siendo acompañada al mismo ritmo por una evolución equivalente del capital humano.

Las empresas incorporan plataformas de inteligencia artificial, modernizan sus sistemas de datos y rediseñan sus modelos de investigación clínica. No obstante, el cuello de botella ocurre cuando esa infraestructura requiere de articular conocimiento científico con fluidez digital.

La industria farmacéutica se encuentra atravesada por cuatro fuerzas transformadoras que están reconfigurando su esencia. La primera es la consolidación de la medicina personalizada y las terapias avanzadas. La transición hacia modelos de precisión demanda integrar biología, análisis computacional, validación de biomarcadores y plataformas bioinformáticas. Esta revolución redefine las habilidades necesarias para operar ese nuevo paradigma.

La segunda tendencia es la expansión de las tecnologías de la salud y la digitalización integral. El sector se digitaliza para habilitar cadenas de valor conectadas y basadas en datos. Los avances en IA y monitoreo remoto permiten decisiones más rápidas, reducen costos operativos y fortalecen la seguridad del paciente. Sin embargo, esta promesa tecnológica requiere capacidades internas que muchas organizaciones todavía no tienen.

De acuerdo con el informe El futuro de la salud en América Latina, de Deloitte, la región sigue enfrentando desafíos en materia de interoperabilidad, infraestructura digital y gobernanza de datos. Además, sostiene que la adopción tecnológica exige competencias nuevas en todos los niveles del sistema de salud.

Finalmente, se encuentra el avance de la agenda ESG y la sostenibilidad. Los criterios ambientales, sociales y de gobernanza funcionan como una parte importante de las métricas con las que se evalúa el desempeño de una compañía. Algunos aspectos a tener en cuenta pueden ser la reducción de la huella ambiental, la transparencia en ensayos y la integridad en las prácticas comerciales.

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Estas tendencias tienen un impacto directo en la forma de ver al talento en la industria. Las compañías necesitan perfiles que combinen formación científica, habilidades digitales, y una mentalidad data-driven. Esta combinación es escasa en el mercado y compleja de desarrollar rápidamente dentro de las organizaciones.

A su vez, los modelos laborales evolucionan hacia estructuras híbridas y globales, donde los equipos están distribuidos en diferentes países y los procesos requieren una interacción entre funciones científicas, tecnológicas y regulatorias.

El employer branding también se resignifica. Las farmacéuticas ya no compiten solamente contra otras empresas del sector, sino también contra compañías tecnológicas, startups científicas, centros de investigación avanzada y organizaciones con propuestas de valor altamente atractivas para perfiles digitales.

Así, la promesa de propósito debe estar acompañada por oportunidades reales de aprendizaje continuo, movilidad interna y proyectos donde el talento sienta que puede crecer mientras contribuye a transformar el sistema de salud.

A esto se suma la necesidad de equilibrar innovación y ética en un entorno regulatorio que avanza a un ritmo más lento que la tecnología. El uso de la inteligencia artificial plantea desafíos tanto legales como sociales. Por eso, es clave garantizar transparencia y responsabilidad en la toma de decisiones, especialmente cuando su impacto alcanza directamente a pacientes y a los sistemas de salud.

Este escenario exige talento capaz de sostener la confianza en el sector. Si bien no es una tarea sencilla, pequeños cambios orientados a una adopción tecnológica más sustentable, impulsada por equipos diversos, intergeneracionales y con profesionales debidamente capacitados, pueden marcar una diferencia en el futuro de la industria