

La Cámara de Diputados otorgó media sanción al proyecto que reforma la Carta Orgánica del Banco Central, con 144 votos a favor, 102 en contra y 9 abstenciones. La iniciativa, que ahora deberá ser tratada por el Senado, constituye uno de los intentos más ambiciosos de los últimos años por blindar la disciplina monetaria, y su aprobación en la cámara baja representa un primer paso significativo en ese camino.
El corazón del proyecto reside en cuatro ejes que conviene detallar. En primer lugar, establece como misión única de la autoridad monetaria la preservación del valor de la moneda, abandonando el esquema de objetivos múltiples que regía hasta ahora. En segundo lugar, prohíbe el financiamiento directo e indirecto al Tesoro, cerrando la principal vía por la cual la emisión terminó históricamente cubriendo el desequilibrio fiscal. En tercer lugar, restringe la posibilidad de transferir al fisco las utilidades meramente contables o las originadas en diferencias de cambio, que en la práctica funcionaban como una fuente encubierta de emisión. Y en cuarto lugar, endurece el mecanismo de remoción de las autoridades de la entidad, reforzando su independencia frente al poder político.
El sentido de fondo de esta arquitectura es generar confianza en que la estabilidad de precios constituye un rumbo permanente y no una tregua transitoria. Al elevar a la categoría de ley la prohibición de emitir para financiar déficits, se busca que los distintos gobiernos queden obligados a mantener el orden de sus cuentas, y que esa obligación resulte creíble para los agentes económicos. No obstante, conviene recordar que ninguna norma es completamente irreversible, ya que una crisis fiscal de magnitud suficiente puede llevar en el futuro a modificar la legislación, tal como ocurrió en otros episodios de la historia argentina. De ahí que el blindaje legal, siendo una condición necesaria, requiera del complemento de un ordenamiento fiscal integral para volverse efectivo.
En el plano del humor social, los datos de la semana ofrecieron una señal de recuperación para la gestión. El índice que mide la confianza en el Gobierno aumentó un 6,4% respecto del mes anterior, aunque todavía se mantiene un 2,8% por debajo del nivel de un año atrás. La imagen positiva de la administración a nivel nacional se ubicó en el 41,2%, un registro que sigue siendo ocho puntos porcentuales inferior al de diciembre de 2025. El desagregado regional muestra que el interior del país continúa siendo el bastión de mayor aprobación, con un 45%, seguido por la Ciudad de Buenos Aires, con un 38,4%, y por el conurbano bonaerense, que alcanzó el 34,4%. Es una mejora en el margen, que interrumpe la tendencia declinante de los meses previos, aunque sin revertir el deterioro acumulado en el año.
El frente externo, por su parte, siguió aportando las noticias más contundentes. Las exportaciones de los principales complejos exportadores sumaron 49.511 millones de dólares en el primer semestre, un incremento del 24,6% interanual, explicado por una suba del 9% en los precios y del 14,2% en las cantidades. El dato revela que la mejora no responde solo a factores de precios, sino también a un genuino aumento de los volúmenes despachados. Entre los sectores más dinámicos se destacaron el petrolero y petroquímico, con un alza del 43,7%, el litio, con un salto extraordinario del 186,3%, y el complejo bovino, con un avance del 36,3%, mientras que solo retrocedieron los complejos azucarero, avícola y yerbatero.

El turismo internacional, en cambio, mantuvo su habitual signo deficitario, aunque con matices que conviene señalar. El turismo receptivo alcanzó los 466.200 visitantes, con un crecimiento del 9,1% interanual, mientras que el emisivo totalizó 697.200 turistas, con una caída del 17,3%. El saldo neto resultó negativo en unos 231.000 turistas, aunque la brecha viene reduciéndose de la mano del fuerte descenso de los viajes de argentinos al exterior. El ingreso de visitantes por vía aérea creció un 21,2% interanual, y Brasil se consolidó como el principal origen del turismo receptivo, con una participación del 36,1%.
Las reservas del Banco Central, por su parte, cerraron la semana en 49.791 millones de dólares, con una reducción de 864 millones respecto de la semana previa. Esa caída, sin embargo, no responde a una pérdida de divisas por intervención en el mercado, sino a la baja de encajes que suele producirse sobre el final de cada mes, un movimiento de naturaleza técnica y estacional que no altera la trayectoria de acumulación.
El balance de la semana combina, entonces, avances en varios frentes con las cautelas de siempre. En el plano institucional, la media sanción de la reforma monetaria representa un progreso concreto hacia la consolidación de la disciplina fiscal y monetaria, aunque su suerte definitiva dependerá del tratamiento en el Senado y, en última instancia, de la composición que dejen las urnas. En el plano social, la leve mejora de la confianza ofrece un respiro para la gestión, sin modificar el cuadro de fondo. Y en el frente externo, la fortaleza exportadora de los recursos naturales continúa siendo el principal sostén del programa. La conjunción de estos elementos dibuja una economía que avanza en la construcción de sus cimientos institucionales mientras aguarda que la recuperación de la actividad se afirme con la misma solidez que exhibe su sector exportador.




