Lo último que le faltaba a Colombia era un terremoto. Abelardo de la Espriella asumía hace una semana la Presidencia de un país con un conflicto armado de más de 60 años, agravado en los últimos cuatro por el avance del terrorismo; una división política extrema; y una economía que es una bomba de tiempo por uno de los mayores déficits fiscales de América Latina.
Como si fuera poco, el terremoto más devastador en décadas sacudió al eje cafetero cuando De la Espriella no llevaba ni 72 horas en el cargo. La Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres confirmó el jueves 273 muertos, 3.800 heridos y 377 desaparecidos. El sismo, de magnitud 7,4, dejó 12.584 viviendas destruidas, daños en otras 74.873 y 97.515 damnificados. La respuesta a esta catástrofe condicionará las otras tres grandes crisis.
Conflicto interno
Los cuatro años de Gustavo Petro —un exguerrillero del M-19— profundizaron el conflicto. La Paz Total, que buscaba acuerdos de desarme, terminó sin que ningún grupo se desmovilizara. Sus estructuras pasaron de 15.120 integrantes en diciembre de 2022 a 28.802 en julio de 2026.
Aprovechando el repliegue de las Fuerzas Armadas, todos se expandieron. El Clan del Golfo pasó de 253 a 392 municipios; el ELN, de 189 a 231; y las disidencias de las FARC, de 230 a 299.
Colombia pasó de unas 230.000 hectáreas de coca en 2022 a 261.000 en 2024, máximo histórico. Según la UNODC, la producción potencial de cocaína subió de 1.738 a 3.001 toneladas.
También aumentaron los territorios disputados: de siete en 2022 a 14. En 2025 hubo 116 enfrentamientos entre grupos, récord desde 2016. Subieron 62% los ataques contra la Fuerza Pública y 58% contra infraestructura y bienes civiles. Se registraron 277 ataques con drones explosivos, frente a 119 en 2024, y el secuestro aumentó 133%.
El Comité Internacional de la Cruz Roja concluyó que 2025 fue el peor año de la última década: 235.619 desplazados individuales, 87.069 víctimas de desplazamientos masivos, 176.730 confinadas por la violencia, 965 muertas o heridas por explosivos y 308 desaparecidas.

De la Espriella propone un regreso a la estrategia de Álvaro Uribe: el Plan Patriota 2.0, una reversión del Plan Colombia. Con cooperación de Estados Unidos, plantea volver a los bombardeos contra organizaciones armadas y a la erradicación de coca. Los operativos comenzaron el día de su asunción y Pete Hegseth, secretario de Guerra de Trump, anunció el miércoles que en breve empezarán operaciones conjuntas en Colombia.
El epicentro del terremoto está en uno de los territorios prioritarios para recuperar: el Chocó, parcialmente dominado por el ELN y el Clan del Golfo. Ese control dificulta el rescate y entorpecerá la reconstrucción. Los terroristas ya aprovechan la emergencia para atacar: mataron a dos soldados en Huila.
País partido
De la Espriella ganó la segunda vuelta por apenas 250.830 votos en un país de 50 millones de habitantes. Iván Cepeda, que sacó 48,7%, se impuso por entre 30 y 60 puntos en varias regiones del Pacífico y el Caribe.
El Presidente, sin experiencia política, carece de un partido nacional. Defensores de la Patria no tiene gobernadores ni alcaldes porque no existía en las elecciones regionales de 2023. En el Congreso la tiene difícil. Salvación Nacional, que lo apoyó en las legislativas de mayo, consiguió cuatro senadores con alrededor del 3,6% de los votos. El Pacto Histórico de Petro domina la cámara alta con 25.
De la Espriella busca alianzas, pero cada iniciativa exigirá negociaciones inciertas. Además, enfrenta el desafío destituyente de Petro, que no reconoce su presidencia por un supuesto fraude desmentido por el 100% de los observadores. Tras denunciar un disparatado plan de manipulación de la inteligencia israelí, Petro se declaró “jefe de la mitad de Colombia” y llamó a crear milicias populares.
El caso extremo fue la UNGRD. De la Espriella mantuvo durante las primeras horas a Javier Pava, funcionario de Petro, que informó al canciller Omar Bula que Colombia no necesitaba rescatistas internacionales. Casi 48 horas después, Pava fue desplazado y la Cancillería hizo los pedidos. Equipos extranjeros empezaron a llegar cuando ya habían pasado 72 horas del terremoto, la ventana crítica para encontrar sobrevivientes bajo los escombros.

Economía en rojo
Aunque Petro se jacta de que el PIB creció 2,6% en 2025 y 2,2% en el primer trimestre de 2026, sigue por debajo del promedio previo a la pandemia y está impulsado esencialmente por consumo, salarios y gasto público. El Gobierno nacional terminó 2025 con un déficit de 6,4% del PIB. El resultado primario empeoró de 2,4% en 2024 a 3,5%. Sólo Brasil tiene un déficit mayor entre las principales economías de América Latina.
Para estabilizar la deuda pública en 60% del PIB, Colombia necesitaría desde 2027 un superávit primario de entre 0,5% y 1,4%, según el Comité Autónomo de la Regla Fiscal. En abril de 2026, S&P bajó la calificación soberana de BB a BB-.
Entre 2023 y 2025, la inversión extranjera en petróleo y minería cayó 34%, hasta unos US$6.900 millones. La producción petrolera bajó 4%, a unos 746.000 barriles diarios; las reservas disminuyeron en 54 millones de barriles; y las importaciones de gas pasaron del 3% del consumo interno al 31%.
A eso se suma una bomba laboral. La reforma del gobierno anterior aumentó recargos nocturnos, dominicales y festivos, reforzó contratos y endureció condiciones para trabajadores de plataformas. Las cámaras empresariales estiman que elevará los costos laborales entre 6,8% y 35%, en un país donde el 54,5% del empleo es informal.
De la Espriella asumió con la promesa de un ajuste fiscal inspirado en Milei. Anunció el congelamiento del gasto público y reiteró su intención de reducir el tamaño del Estado hasta 40%. La meta era recortar unos u$s 6.000 millones en 2026. El terremoto la volvió incumplible. BTG Pactual calcula que la emergencia y la reconstrucción pueden requerir u$s 6.350 millones, cerca del 1% del PIB, sin contar el daño productivo en el eje cafetero, clave para las exportaciones.




