La historia económica argentina y sus bandazos se pueden ver en los idas y vueltas de las calificaciones de riesgo que le asignan agencias como Fitch. Si el país fuera un equipo de fútbol, podría ser Nueva Chicago. El club de Mataderos acumula 22 cambios de categoría habiendo pasado la Primera, Segunda, Tercera y Cuarta división. Sube con todo, baja con todo. Y vuelve a empezar. Y nos volvemos a ilusionar.

En los años 90, la Argentina era la niña mimada de los mercados emergentes y los bancos norteamericanos contrataron gran parte de ejecutivos locales para abastecer el surgimiento a pleno de ese mercado. El país había domado la inflación, abierto la economía y retomado el crecimiento.

La crisis de 2001 y el descenso hasta la “D” fue la caída de un piano.
La crisis de 2001 y el descenso hasta la “D” fue la caída de un piano.

Fitch le puso nota BB, que en el idioma de las calificadoras significa que los préstamos tenían un bajo riesgo de incumplimiento. Hay dos planetas bien diferentes: los países que están entre “AAA” y “BBB-” son los denominados “Grado de Inversión”, y desde “BB+” hasta la “D” de “Default Total” son de “Grado Especulativo”.

La crisis de 2001 y el descenso hasta la “D” fue la caída de un piano. No hubo gradualismo. Fitch bajó la nota de corrido, escalón por escalón, BB-, B, CCC. En diciembre de ese año, Argentina anunció el default más grande de la historia con el aplauso del Congreso. La calificación llegó a D. El ostracismo financiero. Fitch fue subiendo la nota con cuentagotas con el kirchnerismo pero siempre dentro de bonos basura. Los fondos buitres devengaban jugosos intereses. El fallo del juez Griesa en Nueva York en 2014 forzó otro default técnico. Argentina volvió a los mercados con Mauricio Macri. La nota, fue “B”. Llegó Alberto Fernández y se consumó el noveno default. De nuevo el descenso al sótano.

¿Volveremos a jugar en Primera? Aún no estamos en “Grado de Inversión” pese al avance logrado en la gestión Milei. ¿Seremos de ahora en más Boca, siempre en Primera, o Nueva Chicago?