Cuando los empresarios hablan de rumbo económico, no se plantean debatir la dirección sino la velocidad. En el Coloquio de IDEA, no hay mucha discusión sobre el modelo que aplica Javier Milei. Pero reconocen que el resultado no es el mismo si está librado al tiempo natural del “derrame”, o si recibe el impulso de una acción política coordinada.
El Gobierno suele reaccionar mal cuando se le plantea que hace falta un modelo de desarrollo. El Presidente prefiere hablar de libertad. Espera que los privados vayan tomando decisiones a la par de las reformas. Pero los funcionarios no siempre son conscientes de que el orden en el que las ejecutan tiene un impacto.
Y cuando se habla de ruido político no miden tanto el fuego cruzado con la oposición (con la que no comulgan) sino al sinuoso y áspero camino que el Gobierno suele recorrer para consensuar criterios.
Para mencionar algún ejemplo, son los idas y vueltas que surgen con el Presupuesto, las diferencias entre sectores internos que demoran decisiones (algo que se vio en determinadas privatizaciones) o la ausencia de una acción más decidida para enfrentar problemas reales del sector privado.
A los empresarios no les cae bien el Milei agresivo. Prefieren al Presidente empático que pide paciencia y promete prosperidad. Pero no pueden dejar de darle atención a los dirigentes que se embarran en los debates políticos más micro, como sucedió ayer con Patricia Bullrich.
Les gustaría ver un idea y vuelta que sea efectivo, que traduzca un accionar que no implique “intervenir”, sino impulsar. Discutir qué hacer con la educación, evaluar las herramientas proempleo o ver si hacen falta otras respuestas para mejorar infraestructura no es rendirse a los lobbys, sino conducir la búsqueda de soluciones.


