

Lo que comenzó como un programa para recuperar una especie desaparecida de una región desértica terminó convirtiéndose, décadas más tarde, en un particular caso de conservación que llamó la atención de investigadores.
A comienzos de la década de 1980, un grupo de asnos salvajes asiáticos fue liberado en el desierto del Néguev, después de años de reproducción controlada. La iniciativa buscaba restablecer una población que había desaparecido de la zona como consecuencia de la caza y la pérdida de hábitat.
El proyecto comenzó con pocos animales, 28 ejemplares fueron reintroducidos entre 1982 y 1987 en Ein Saharonim, dentro del cráter Ramón. Posteriormente, entre 1992 y 1993, otros diez individuos fueron liberados en Wadi Paran.
Con el paso de las décadas, los animales no solo consiguieron establecerse y reproducirse en libertad. Su presencia también volvió a introducir en el ambiente procesos naturales asociados con los grandes herbívoros, desde el consumo de vegetación hasta el transporte de semillas a través de grandes extensiones.
Por qué liberaron 28 asnos salvajes en pleno desierto
La historia se remonta a mucho antes de 1982. El asno salvaje asiático había ocupado históricamente distintas zonas de Asia occidental, incluido el desierto del Néguev, pero sus poblaciones disminuyeron de manera drástica debido principalmente a la caza y a las alteraciones de su hábitat.
La subespecie que originalmente habitaba la región terminó extinguiéndose. Ante esta situación, en 1968 se creó un núcleo de reproducción en cautiverio en la reserva Hai-Bar Yotvata, utilizando ejemplares procedentes de poblaciones iraníes y turcomanas.
Después de más de una década de reproducción controlada, comenzó la etapa más ambiciosa, devolver los animales a la naturaleza.
Así, a partir de 1982, los primeros ejemplares fueron trasladados hasta el cráter Ramón y liberados para que pudieran establecer una población independiente.
Qué ocurrió 40 años después de liberar a los animales
La evolución de aquella pequeña población terminó siendo uno de los aspectos más llamativos del proyecto.
Los animales lograron reproducirse y expandirse por diferentes sectores del Néguev, aunque estudiarlos no fue sencillo. Su comportamiento esquivo llevó a los investigadores a recurrir a métodos como el análisis de ADN obtenido del estiércol y el seguimiento mediante GPS para conocer su distribución y diversidad genética.

Pero el interés científico no se limita al crecimiento de la población. Los grandes herbívoros pueden intervenir en numerosos procesos ecológicos al desplazarse, alimentarse y depositar materia orgánica en diferentes puntos.
Uno de esos mecanismos es la dispersión de semillas, después de consumir frutos o vainas, algunas semillas atraviesan el aparato digestivo y son depositadas mediante las heces lejos de la planta original. De esta manera, los animales pueden contribuir al desplazamiento y establecimiento de distintas especies vegetales.
El caso del Néguev se convirtió así en un ejemplo de cómo la reintroducción de una especie puede tener efectos que van más allá de recuperar únicamente su población.
Cómo los asnos pueden ayudar a recuperar un ecosistema
Los animales de gran tamaño pueden modificar su entorno simplemente mediante sus actividades cotidianas. Al caminar grandes distancias, consumir vegetación y producir estiércol, transportan nutrientes y semillas de un sector a otro.
En ambientes áridos, estos procesos pueden adquirir especial relevancia debido a la escasez de agua y vegetación.
Además, distintas investigaciones sobre équidos salvajes han observado que su búsqueda de agua puede generar excavaciones que dejan el recurso accesible para otros animales. No obstante, este fenómeno ha sido documentado especialmente en otros ecosistemas áridos, por lo que no conviene atribuir automáticamente todos esos efectos al proyecto del Néguev sin evidencia específica.
La experiencia iniciada en 1982 demuestra, en cualquier caso, que una reintroducción planificada puede conseguir que una población vuelva a establecerse después de haber desaparecido localmente. La literatura científica confirma que 28 individuos fueron liberados inicialmente y otros diez se incorporaron posteriormente, dando origen a la población actual.
Un proyecto que comenzó hace más de cuatro décadas
El programa no fue una liberación improvisada. Los animales provenían de un núcleo reproductivo creado años antes y los investigadores continuaron estudiando posteriormente aspectos como su comportamiento social, movimientos, reproducción y diversidad genética.
Más de cuatro décadas después del comienzo de las liberaciones, el caso permite observar qué ocurre cuando un gran herbívoro vuelve a ocupar un ambiente del que había desaparecido.


