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La ciencia volvió a mirar hacia el océano profundo con asombro. A cientos de metros bajo la superficie, una medusa de dimensiones descomunales apareció ante las cámaras de una expedición internacional que exploraba el Mar Argentino, dejando imágenes que rápidamente recorrieron el mundo.

El registro confirmó la presencia de la medusa gigante fantasma, un organismo casi legendario para la biología marina, cuya extensión puede compararse con la de un vehículo de gran tamaño. Su aparición no solo impactó por su escala, sino por el contexto: fue observada fuera de los límites donde suele habitar y en condiciones que permitieron documentarla con un nivel de detalle inédito.

Una aparición inesperada en aguas profundas

El hallazgo ocurrió a más de 250 metros de profundidad, durante una misión científica que analizaba ecosistemas poco explorados del Atlántico Sur. Allí, el vehículo operado de forma remota captó la silueta translúcida y rosada de la Stygiomedusa gigantea, con tentáculos que se extendían por varios metros y brillaban tenuemente en la oscuridad.

El hallazgo de esta medusa cambio el foco de la investigación (Fuente: archivo).
El hallazgo de esta medusa cambio el foco de la investigación (Fuente: archivo).Schmidt Ocean Institute

María Emilia Bravo, bióloga del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) de Argentina y líder científica de la expedición, explicó a El Mundo que el encuentro fue completamente inesperado. La especialista, dedicada al estudio de comunidades bentónicas, señaló que se trata de una especie extremadamente rara, ya sea por su baja abundancia o por vivir en ambientes de muy difícil acceso. Esa condición explica por qué existen tan pocos registros a nivel mundial.

La expedición que permitió el registro

La misión científica se desarrolló a bordo del buque laboratorio R/V Falkor (too), partiendo desde el Río de la Plata y recorriendo más de 3.000 kilómetros hasta el extremo sur del continente. El objetivo principal era estudiar los ecosistemas del fondo marino, pero la aparición de la medusa gigante cambió el foco del interés global.

Bravo detalló que la maniobra para acercar el vehículo fue compleja debido a la longitud de los brazos orales del animal, que pueden alcanzar hasta diez metros. La destreza de la piloto del ROV permitió observar no solo a la medusa, sino también a los peces simbiontes que la acompañaban, una relación biológica clave para entender su comportamiento.

Por qué el hallazgo es clave para la ciencia

Desde el Instituto Oceanográfico Schmidt, la directora ejecutiva Jyotika Virmani destacó que cada incursión en el océano profundo revela cuán vasta es la vida marina. Recordó que el mar concentra cerca del 98 % del espacio habitable del planeta, una cifra que refuerza la importancia de estas investigaciones.

Además del registro de la medusa, la expedición identificó el arrecife de coral de Bathela candida más grande conocido hasta ahora y ambientes de filtraciones frías ricos en compuestos químicos. Estos descubrimientos amplían el mapa de ecosistemas vulnerables y de alto valor para la biodiversidad del Atlántico Sur.