

Había una vez un Estado de Bienestar, que asistía a los ciudadanos ante infortunios y desaventuras. Con esa irónica frase comenzó su programa un conductor de la radio española Onda Madrid. Se refería a los pobres seguros de asistencia que brinda el Gobierno para con los desocupados que, en su país, llegan a seis millones, o el 26% de la población activa. Por suerte, ya no están tan solos: cada vez más firmas de asistencia y aseguradoras crean servicios especiales que cubren la infortunada pérdida del empleo. Una especie de Estado del Bienestar de los tiempos posmodernos.
Las coberturas, que suelen llevar el rótulo de Canasta básica, incluyen no sólo la compra de alimentos, sino que incorporan servicios psicológicos para recuperarse del trauma, el armado de un currículum vitae y su presentación en sitios de empleo online, entre una curiosa lista de adicionales. Irrumpen también en el resto de la Eurozona, donde la desocupación llegó en enero a un récord de 12%, según datos de Eurostat. También se expanden en la Argentina, aunque por motivos diferentes: en el país, la combinación de un escenario de pleno empleo, en ciertos sectores, sumado a un elevado temor a perderlo, transforman al producto en atractivo para explotar comercialmente, además de rentable.
Europ Assistance es una de las que brindan esta asistencia. Con el nombre canasta básica, el contrato incluye alimentos de primera necesidad pagos por hasta seis meses, psicóloga a disposición, búsqueda de empleos online y gastos de estudio educativo para hijos, entre otros. El servicio se activó hace más de un año y se vende en ciertos grupos de afinidad, como grandes cuentas corporativas, siempre acompañados de pólizas de seguros contra accidentes personales u otras. Es un complemento que sirve para hacer tangibles las pólizas, más atractivas, explica a Seguros José Luis Fernández, gerente Comercial de la compañía.
La modalidad es prestacional (no indemnizatoria). La firma paga los tickets de supermercado por entre $ 200 y $ 1.000, de acuerdo al límite contratado. La duración es de entre dos y seis meses. En la actualidad, a través de aseguradoras y otros canales, tiene 150.000 cápitas del servicio colocadas. No todos tienen trabajos en relación de dependencia, también es útil, por ejemplo, para un monotributista, que de un día para otro puede tener un accidente y deja de trabajar por un tiempo, añade Fernández. Las tasas de despido o de frecuencia (de activación del servicio), son bajas, pero constantes, confiesa el ejecutivo, al reconocer que el escenario con alto empleo hace atractivo este segmento.
Aon Risk Services es otro de los que ofrece el servicio de Canasta básica, desde 2010. Marina Levin, gerente de Marketing de la firma, explica a Seguros que, en especial, contrata a las compañías de asistencia cuando se trata de grandes grupos de afinidad, no a demanda, porque tiene un costo muy alto. De esta forma, el broker, que administra en especial los riesgos de grandes empresas y multinacionales, ofrece el servicio a través de un tercero, cuando los beneficiarios, por ejemplo, son un grupo importante de empleados de sus clientes. Igualmente, a veces también se ofrece en directo en algunos paquetes de multi-asistencias desde operaciones de telemarketing, dice Levin, al indicar que cubre el gasto de alimentos de primera necesidad antes casos de pérdida de empleo o muerte. Por eso, finaliza, es un buen producto para ofrecer a mutuales.
Temerosos y sin respaldo
En el país, dos variables impulsan el segmento. El principal es la ausencia de beneficios estatales ante la pérdida del trabajo. El seguro de desempleo, creado en 1994, es de $ 400 mensuales (hace 19 años era de $/u$s 300), pero no incluye a los empleados en negro, ni a autónomos, ni a personal bajo regímenes especiales.
Por último, está el temor al desempleo. Según el Indec, la desocupación en la Argentina fue de sólo 6,9%, en 2012. Sin embargo, una encuesta de Poliarquía, realizada en marzo, reveló que un 45% de la población argentina está muy preocupada o bastante preocupada frente a la posibilidad de que alguien en el hogar pierda el empleo.
Pedro Ylarri











