La pública confesión de sus aspiraciones presidenciales de cara a 2015 marcó un punto de inflexión en su oscilante y siempre y ambigua relación con la Casa Rosada. Y precipitó lo que se venía venir: una riesgosa embestida a cara descubierta que el gobierno de Cristina Kirchner lanzó contra el gobernador bonaerense Daniel Scioli y que tiene como telón de fondo la gran batalla por la sucesión presidencial. Porque hasta entonces, el ex motonauta podía jactarse de haber sabido capear una y otra vez el temporal cada vez que su vínculo político con Néstor Kirchner primero, y con Cristina después, puso a prueba su lealtad, dejándolo expuesto a la ya consabida y brutal medicina K para disciplinar a los díscolos... y a los no tan díscolos. Pero amén de sus cortocircuitos recurrentes con la pareja presidencial, el gobernador nunca sacó los pies del plato. Soportó impertérrito todo tipo de desplantes y, por convicción o conveniencia, eligió, contra viento y marea, poner la otra mejilla. Basta recordar cuando a pocas semanas de asumir, allá por 2003, Kirchner lo envió literalmente al freezer (y allí estuvo un buen tiempo hasta que su figura siempre incómoda volvió a resultar funcional a la estrategia oficial) por salir a decir que había que actualizar las tarifas de los servicios públicos. O cuando Cristina lo atacó a viva voz en 2005, en plena sesión en el Senado, acusándolo de montar una operación en su contra con la complicidad de algunos medios.

Lo cierto es que ninguna de aquellas rencillas llegó tan lejos como esta última: la exposición en público de sus deseos presidenciales con vistas a 2015 fue la gota que rebalsó el vaso de la intolerancia K. Una bomba en la boca del siempre medido gobernador que desató un verdadero vendaval en el corazón del poder. Así fue como el Gobierno pasó del acoso encubierto al ataque liso y llano contra el gobernador; económico y político. Los pedidos de informes en el Parlamento provincial promovidos por Gabriel Mariotto, las duras y constantes críticas del vice a las políticas de seguridad bonaerenses, los retos de Cristina por cadena nacional por ser mal administrador y ni que hablar del retaceo de fondos que puso a la Provincia al borde de la emergencia económica y la obligó a desdoblar el pago del aguinaldo a estatales, fueron sólo algunas de las penurias a las que se vió sometido el ex motonauta. Y no serán las últimas.

Diga lo que diga, o haga lo que haga, está claro que Scioli nunca será una figura potable para el kirchnerismo; el puro, el más fanáticamente K. Y menos aún, para Cristina. Y lo que tanto les perturba de su figura no es solo su moderación y permanente discurso dialoguista, tan opuesto al estilo confrontativo de los K. O su envidiable performance en todas las encuestas. No. Es, también, la larga lista de amigos del gobernador -y su exhibición como potenciales aliados en su carrera por alcanzar la Presidencia en 2015- lo que tanto irrita a la mandataria y acrecienta su antigua desconfianza hacia él. Scioli lo sabe, aunque su juego consista en hacerse el distraído y seguir sumando fotos de inconfundible significado político A saber:

* Hugo Moyano: ex aliado K, encabeza junto con Scioli la nómina de enemigos acérrimos del Gobierno. En los últimos días, el líder de la CGT no sólo salió a decir que la presión que sufre el gobernador es insoportable, sino que hasta denunció un golpe de estado encubierto contra el mandatario bonaerense, luego de que la Nación le girara a la Provincia sólo $ 1000 millones de los 2800 que necesitaba para pagar en tiempo y forma sueldos y aguinaldos. La foto que compartieron semanas atrás en un picadito de fútbol en la quinta La Ñata, organizado por el propio Scioli, terminó de sellar la suerte del gobernador. Desde entonces, la potencial alianza Scioli-Moyano con vistas a 2015 le quita el sueño a la Rosada, más aún desde que el camionero salió a respaldar los sueños presidenciales de Scioli.

* Alberto Fernández: el ex jefe de gabinete de los Kirchner es un interlocutor habitual de Scioli. Y ha salido a bancar públicamente el proyecto presidencial del gobernador en más de una ocasión. Es obvio que la Casa Rosada incluye a Fernández en su lista de enemigos. Es que Cristina no se olvida que poco después de dejar el Gobierno, el ex jefe de Gabinete pasó a ubicarse en el denominado kirchnerismo crítico y, desde ese lugar, no ha dejado de cuestionar las políticas del Gobierno. Además, CFK jamás le perdonó a Alberto su alejamiento del poder tras la crisis del campo. Desde entonces, nunca más volvieron a hablarse.

* El PJ orgánico: la Casa Rosada imagina que Scioli buscará sumar la mayor cantidad de aliados posibles dentro del PJ para apuntalar su proyecto presidencial. Y ahí es donde aparece una lista de mandatarios provinciales como el cordobés José Manuel de la Sota o el salteño Juan Manuel Urtubey (ambos tienen sus propias aspiraciones para 2015) que generan desconfianza en la Presidenta. Otro potencial aliado dentro del PJ es el actual intendente de Tigre, Sergio Massa. Igual que Scioli, Massa se caracteriza por su alta popularidad y buena relación con los medios. Hay sectores del PJ que imaginan la fórmula Scioli Presidente-Massa Gobernador para 2015. Pero desde que renunció a la jefatura de Gabinete en 2009, Massa mantuvo un perfil bajo y se dedicó a gestionar Tigre. El también ex titular de la Anses tuvo sus idas y vueltas en su relación con el Gobierno y su vínculo con Scioli también es oscilante. Habrá que ver si en algún momento deciden o no enfrentar juntos al kirchnerismo.

* Mauricio Macri: el jefe de gobierno porteño viene sufriendo en carne propia el destrato del gobierno nacional, que tiene muy en claro que esta vez la carrera presidencial del ingeniero -que no tiene reelección en la Ciudad- seguirá hasta el final. Es un adversario de peso y, en ese marco, se entiende la pelea política -con más o menos picos de tensión- entre la Nación y el gobierno porteño. Hace unos meses, Macri y Scioli compartieron un partido de fútbol y aquella foto sacó de quicio a la Presidenta. Porque además, el encuentro se produjo en la antesala de uno de los momentos de mayor tirantez entre Nación y Ciudad: la pelea por el traspaso de los subtes. Los rumores de un supuesto proyecto político común no tardaron en ser desmentidos por ambos sectores, pero la dupla genera escozor entre los ultra-kircheristas que no les perdonan su afinidad noventista, menemista y liberal conservadora. Es que en definitiva, Scioli y Macri tienen proyectos políticos similares y sus orígenes no son tan distintos: ambos usaron el deporte como trampolín a la política y también cultivaron buenas relaciones con Carlos Menem. Demasiada coincidencia como para que un kirchnerista que se precie no encuentre una conspiración en marcha.

* Roberto Lavagna: hace pocas semanas, Daniel Scioli se reunió en privado con el ex ministro de Economía para conocer su visión sobre la marcha de la economía. No hubo fotos del encuentro, pero obviamente no faltó medio que no se hiciera eco y especulara con una eventual alianza para 2015. Casualidad o no, la divulgación del convite coincidió con la publicación de un artículo de Lavagna en Clarín en el que hablaba de los desajustes de la economía y criticaba a la Presidenta. Suficiente para envenenarse con la noticia.

* La Juan Domingo: la corriente sciolista del peronismo bonaerense nació hace apenas dos meses para fortalecer la figura del gobernador, apuntalar su proyecto 2015 y disputarle poder al vice Mariotto, ligado a La Cámpora. De hecho, se perfila como la contracara de la agrupación fundada por Máximo Kirchner. A diferencia de ésta, La Juan Domingo tiene referentes del conurbano y el PJ. La lidera el ex intendente de Avellaneda, Baldomero Cacho Alvarez. El propio Mariotto salió a atacarla apenas hizo su presentación en sociedad y señaló que sus dirigentes siguen anclados en el pasado. Seguramente, un reflejo del pensamiento íntimo de CFK.

* La prensa independiente: un dato que molesta al ultra kirchnerismo es que Scioli nunca adhiriera a la cruzada del Gobierno contra la prensa ndependiente. Por el contrario; durante toda su ascendente carrera política, Scioli hizo gala de una alta exposición mediática y siempre cultivó una buena relación con medios y periodistas. En la conferencia de prensa del domingo pasado en La Plata, Scioli volvió a diferenciarse elípticamente del Gobierno en ese aspecto cuando destacó su irrestricto respeto a la libertad de prensa. A buen entendedor...

* La farándula anti-K: las relaciones de Scioli con lo mediático no se limitan al mundillo periodístico. Su excelente vínculo, por caso, con la dama de los almuerzos televisivos, Mirtha Legrand (por ahora fuera del aire con su clásico ciclo), o con la conductora Susana Giménez, otra figura del espectáculo que está en las antípodas de la ideología K, siempre despertó escozor en el kircherismo más rancio, temoroso del predicamento de ambas divas en su nutrida audiencia. En verdad, los kirchneristas poco tienen que reprocharle a Scioli en ese aspecto. La lista de famosos que, convencidos o no, apoyan al Gobierno es inagotable.

Así las cosas, los gestos políticos de Scioli y su exposición junto a eventuales aliados, aparezcan o no en la foto de rigor, no hace más que echar nafta a su complicada relación con Cristina. Y lo peor es que resta aún un largo camino de aquí a 2015, cuyo tránsito, señales de alarma en la economía mediante, no será un lecho de rosas para el gobernador. Su gran problema es su dependencia económica del poder central. La batalla será larga y recién comienza. z we