Formado en Harvard y en el Massachusetts Institute of Technology (MIT), Daniel Pérez Enrri, ex consultor del Banco Mundial y del Banco Interamericano de Desarrollo, presentó recientemente la segunda edición de Macroeconomía. Aplicaciones para Latinoamérica (Pearson) en co-autoría con el Economista en Jefe del Fondo Monetario Internacional, Olivier Blanchard. En línea, compartió con El Cronista WE su visión sobre la agitada coyuntura local. Es importante insertar a sectores en actividades de mayor productividad. No hubo cambios estructurales y tenemos déficit industrial de u$s 25.000 millones. La actividad económica creció pero no fue acompañada. La demanda agregada va por el ascensor y la oferta agregada va por la escalera, observa.
El volumen, de casi 900 páginas, es un clásico para estudiantes de grado y posgrado de Económicas de América latina. La primera edición, lanzada en 2001, requería una actualización en los contenidos, con correspondencia entre teoría y realidad, tratando temas como crecimiento, desarrollo económico y efectos de las políticas monetarias con tipo de cambio flexible.
El mercado de trabajo, la inflación alta, el ahorro y la demanda de dinero son algunos de los puntos tratados. A veces, el bastardeo de la moneda, que es una institución, no depende de las visiones de derecha o de izquierda: la escasez no tiene ideología, argumenta. E inmediatamente, el economista se refiere a la suba generalizada de precios, tema en agenda ya desde hace varios años. La inflación, que es una licuadora a 7000 revoluciones por minuto, es un jugador de peso en los desequilibrios macro (desaparece el cálculo y afecta la inversión). Tenemos un sistema que no es ni pro empleo ni pro exportación ni progresivo en términos de distribución, agrega.
Pérez Enrri habla de otros puntos contradictorios en la agenda local: los problema de internacionalización, inversión, infraestructura e inclusión. El modelo, que empezó con cambio alto y superávits gemelos, termina con volatilidad, inflación, déficit gemelos, gasto público sin calidad ni control y un tipo de cambio atrasado. Y sostiene que, a diferencia de lo que hicieron otras economías regionales al devaluar su moneda, el Gobierno ya no puede tomar el mismo camino. Ahora no lo pueden cambiar si no hay consistencia con otras políticas.
El descreimiento por parte de los ahorristas en la moneda argentina, en tanto, apoya su sustento en la historia económica del país de las últimas décadas. Al preguntarle su punto de vista sobre las medidas que restringen la compra de moneda extranjera como depósito de ahorro, expresa: El Gobierno privilegia tener divisas porque sabe que con los desequilibrios y la emisión que hay, y al carecer de superávits gemelos, tener superávit comercial le da, al menos, un control de la macroeconomía. Veníamos con viento de cola a 160 km/h por autopista y hoy seguimos a 70 km/h en camino de tierra. Esto no se arregla en el corto plazo aunque tampoco explota. Pero no le va a dar sostenibilidad si no hay un programa más consistente, advierte.
El cepo cambiario, asimismo, disparó el mercado paralelo y, como el pincel de un artista, comenzó a pintar al dólar en varios colores. El Gobierno generó distorsiones que, en última instancia, generaron un ajuste. Si tomamos este ajuste, primero, con la inflación sobre las jubilaciones, es mucho peor que el ajuste europeo en la baja de los salarios del sector público. Lo que gasta el jubilado en alimentos y otros consumos creció a mayor ritmo, más allá de que el Gobierno haga anuncios permanentes de aumentos a las jubilaciones. Prácticamente, ese ajuste representa más de un 20% en términos reales. Es el ajuste progresista, dispara.¿Crecer con lo nuestro?Cuando la economía está más cerca de problemas estructurales y de pleno empleo, la volatilidad económica puede tener consecuencias malas, advierte Pérez Enrri.
El ejemplo es la Argentina, que en los años 50 tenía un PBI per cápita parecido al de Canadá, Australia y Nueva Zelanda y, hoy, el país que baila al ritmo del tango llega a u$s 12.000 per cápita en tanto que esas naciones, cerca de u$s 40.000. Y no son cambios que puedan darse en pocos años sino en 40. En este aspecto, ilustra con una anécdota: Hace un tiempo, un embajador chino me comentaba que el país asiático esperaba, para 2035, tener el PBI per cápita de Italia de hoy. Los procesos son lentos. El pensamiento mágico cree que uno sale de la pobreza en 15 años para todos cuando tiene productividad de u$s 5000 per cápita.
La Argentina fue el caso más exitoso de involución económica en términos de crecimiento. Se armaron estructuras en las que la productividad no se incrementó. Algo hemos crecido, pero tuvimos una inserción internacional que es más por la expansión de las ventas a Brasil y soja a Asia, explica.
Esta idea va unida al debate entre acumulación y distribución. Pero, si la productividad no crece, aunque distribuyas, afecta la acumulación y tiene efectos a largo plazo, que ya se están notando. El país necesita consistencia macroeconómica. Soy defensor de crecer en la dimensión interna pero cuando los bienes públicos no tienen calidad, la inversión no tiene ni calidad ni cantidad, señala.
Pérez Enrri no deja de reconocer el peso que tienen hoy las instituciones en las economías modernas. Muchos países demostraron que, con incentivos y políticas públicas de calidad en la educación, llegaron a estándares de vida con menores recursos que los nuestros.
Para el economista, hay una confusión entre recursos y riqueza. La riqueza es una acumulación más intangible. Por algo será que en años de crecimiento, con más de u$s 120.000 millones extras respecto a otros gobiernos, más algunos fondos de la Anses, la Argentina ha cambiado poco la estructura de la pobreza, hoy en cerca del 25%, observa y agrega: La inflación le come el terrible ajuste a las jubilaciones y a los planes sociales. De nada sirven ciertas políticas públicas de calidad si la macroeconomía no tiene consistencia. El ahorro requiere de predecibilidad. Pero también es una estafa sobre el ahorrista. La persona que es anciana y se jubiló y le dicen te doy un 12%, 14%, nuevamente al pequeño ahorrista lo perjudican porque no tiene otra posibilidad. Esto es Hood Robin, ¿no es cierto? Es sacarle a los pobres para darle a los ricos.
¿Se acerca el fin del modelo? No. Los problemas estructurales de la energía, los u$s 9000 millones de déficit más otro tipo de problemas, dependen de última instancia de los precios internacionales y la reactivación futura de Brasil. Hubo incentivos al revés, en algunos casos. Cuando el Gobierno toma el comando, el país ya había empezado a crecer, la deuda ya se había comenzado a negociar. Pero si hubo u$s 80.000 millones de fuga de capitales, tiene que ver mucho con credibilidad e instituciones. z weFicha* Título: Macroeconomía. Aplicaciones para Latinoamérica
* Autores: Olivier Blanchard y Daniel Pérez Enrri
* Editorial: Pearson
* Páginas: 896
* Segunda edición: 2012