

En los escritos bíblicos, se mencionan ciclos de siete años alternando entre situaciones de prosperidad y adversidad. También se asocian a tiempos necesarios para sanar situaciones asociadas a daños. Los Estados Unidos y Europa ya llevan un período de crisis económico-financiera con importantes repercusiones sociales y políticas que no aparecen superadas.
En general, los países latinoamericanos aprendimos de experiencias previas que era mejor no acumular desequilibrios que luego implosionan con mayores costos y situaciones traumáticas. Sin embargo, no está probado todavía que tengamos sistemas lo suficientemente robustos que resistan condiciones muy adversas.
Ya en los últimos meses, notamos un momento de suave inflexión en las circunstancias aplicables a la Argentina. No solo habrá dificultades para generar demanda externa de bienes y servicios desde Europa y los EE.UU., sino que también las condiciones para inversiones y la asunción de riesgos pasan por un endurecimiento.
Si bien desde la Argentina no somos un país tan expuesto a esos mercados, no debemos ignorar las repercusiones indirectas, particularmente aquellas que se podrían trasmitir por vía de Brasil y China, y que si son relevantes para nosotros. En estos momentos, aparecen más fuertes los desafíos que antes estaban subsumidos en la recuperación y crecimiento en las condiciones previas. Aquí resulta especialmente relevante la forma de coordinación entre agentes económicos.
Si bien está claro en muchos lados que hubo y existen fallas del sistema que corresponde corregir y controlar, incluyendo los efectos perniciosos de abusos, también sabemos que sus deficiencias de funcionamiento repercuten en menores ingresos, insatisfacción y amenazas para la democracia. En este sentido, las mejoras pasan por varios aspectos. Mencionaremos algunos sin pretender hacer una lista exhaustiva.
Uno hace a la eficiencia y equidad de las reglas. Se busca preservar la iniciativa mediante innovaciones y mecanismos descentralizados, ya que el caso contrario lleva a abusos y, en definitiva, a un pobre desarrollo si no a un exceso de autoritarismo que magnifica los errores humanos. Si las reglas no cumplen con un sentido común aumentan las confusiones llegando a justificar sus trasgresiones. Ello abarca desde un sistema tributario hasta el diseño del mercado cambiario.
Otro corresponde a la medición socialmente aceptada y confiable de evolución de indicadores económicos, como ser la evolución de precios. Su ausencia lleva a mayores fricciones por diferencia de lecturas entre proveedores de la producción, falta de credibilidad en el marco para los contratos, mayor costo del capital y la pérdida de un mecanismo de alerta para poder evitar potenciales problemas de competitividad.
Un tercero pasa por a ir disminuyendo un alto deterioro en el poder adquisitivo de la moneda. Si no ocurre, se pierden recursos en disputas por mecanismos defensivos que incluyen ajustes nominales de ingresos más que buscar vías de aumentar cantidades en bienes y servicios asociados a mayor bienestar. Además, surge un anhelo de los residentes para protegerse mediante el uso de moneda extranjera implicando un drenaje de recursos internos.
Ello es particularmente relevante cuando nos enfrentamos con un relativo agotamiento del capital reproductivo después de haber usado la capacidad instalada y afrontar la natural obsolescencia de la misma. También hay que tener en cuenta que la maduración de nuevas asignaciones no es instantánea. Además, recién entonces se podrá apreciar su aporte. Mejoras en la coordinación se traducirían en resultados tangibles en materia de la movilización de recursos, su calidad, competitividad y eficiencia.
En la práctica, en el equivalente a un mecanismo de relojería se busca coherencia en el uso de variables, ente sí y a través del tiempo, para enfrentar situaciones más demandantes. Ello debe proveer la base de lograr competencias perdurables más allá de las condiciones del momento. Se pretende encontrar una tendencia persistente de mejora más allá de los ciclos, que pueden requerir períodos bíblicos, pero que tratemos que sean menos pronunciados.
* Director Ejecutivo de Quantum Finanzas y ex secretario de Finanzas (1999-2001).










