Protagonista como ministro de Economía durante parte del gobierno de Eduardo Duhalde que heredó la gran crisis en 2002 y testigo privilegiado del derrumbe europeo desde su cargo de embajador argentino ante la Unión Europea durante la última década, Jorge Remes Lenicov cuenta con vastos pergaminos para opinar sobre dos temas cruciales en la agenda actual: el sacudón económico que aqueja a la Argentina y el vendaval que azota al Viejo Continente.
Radicado en su La Plata natal y a poco de haberse desligado de la función pública, Remes Lenicov levanta el perfil luego de su larga estancia en Bruselas y se muestra crítico con ciertas decisiones de política económica del gobierno nacional. El mismo economista que tomó algunas de las decisiones más difíciles y polémicas durante el apocalíptico verano de 2002 - la derogación de la Ley de Convertibilidad y la pesificación de los depósitos en dólares, entre otras medidas- hoy insta al kirchnerismo a reconocer sus errores y asumir los costos políticos que ello supone.
En diálogo con El Cronista WE, señala a la inflación en particular como el principal ítem a solucionar y en general alerta respecto a las contradicciones actuales de un modelo económico del que se siente parte en su etapa embrionaria. "Poco a poco, y sin estruendos, se fueron dejando las bases que dieron sustento al crecimiento que hemos tenido", reconoce.
l Por su experiencia como embajador en la Unión Europea, ¿qué cree que puede aprender un dirigente europeo sobre la crisis argentina en 2001?
- En una crisis, lo que uno aprende es que siempre hay pérdidas. Y ante eso, uno tiene que buscar repartir los costos lo más equitativamente posible. Europa está haciendo que el costo de la crisis lo paguen solamente la clase media y los trabajadores. Para discutir cómo salir, hay que discutir quién paga. Siempre alguien paga. Yo creo que en Europa esa discusión no está presente. Manejan los temas como si no hubiera costos y nadie se rasga las vestiduras cuando la desocupación llega al 25% por ciento en España.
l ¿Cómo distribuyeron los costos en su gestión durante el 2002?
- En el caso nuestro, los exportadores tuvieron un impuesto, los acreedores tuvieron una quita... y bueno, salimos muy rápidamente. La deuda pública fue a default y a la deuda interna la estiramos a tres años adicionales con baja tasa de interés. Después vino Néstor Kirchner y al resto de la deuda pública le hizo una quita. Lamentablemente, los ahorristas no cobraron todo. Los trabajadores tampoco. ¿Quién cobró todo? Nadie. Por eso es una crisis. Se tienen que tomar medidas para salir sin hipotecar el futuro. Nosotros en marzo de 2002 dejamos de caer y cuando Kirchner asume la Presidencia, el país ya estaba creciendo. El otro aprendizaje es que, lamentablemente, la salida económica es más rápida que la salida social.
l ¿Qué herramientas tiene actualmente la Argentina para resguardarse de los efectos de la crisis internacional?
- En primer lugar, yo no hablaría de crisis internacional. En 2008 sí, porque afectó a todo el mundo y cayó 1%. En cambio, para este año los organismos internacionales pronostican un crecimiento del 3,3%. Pero vamos a suponer que hay una mayor desaceleración. Y en ese sentido estamos teniendo problemas en el flanco externo. Sino no se explica por qué el Gobierno toma las medidas que toma en relación a las reservas. Lo que está ocurriendo es que, debido a la inflación interna, el tipo de cambio se está retrasando y eso, sumado a algunas medidas perjudiciales a las industrias, hacen que estemos perdiendo competitividad. Y esto genera más importaciones. En este escenario, el país tiene menos instrumentos de política económica que hace cuatro años. Además, hoy hay déficit fiscal y hace cuatro años teníamos superávit. El Gobierno está haciendo uso de otras cajas - la última es la de la ANSES- pero no hay mucho más para utilizar como medida anticíclica. Vamos a tener problemas, de hecho los estamos teniendo, pero yo no los puedo atribuir de momento a la situación internacional.
l ¿Qué es lo que más le preocupa de la economía argentina?
- Yo encuentro tres temas preocupantes. El primero es la inflación. Estamos entre el 20 y 25%, no en el 10%. Algunos lo niegan y es una barbaridad. Siempre he pensado en que hay mirar la experiencia de los que les va bien, en lugar de mirarse tanto el ombligo. El mundo no tiene inflación: miremos a los países vecinos, a China, a los países desarrollados. La teoría, la práctica y la política económica demuestran que es perjudicial. Porque con inflación es difícil sostener los salarios, es difícil bajar la pobreza, genera problemas para recibir inversiones. Y todo esto además provoca incertidumbre, lo cual lo estamos viendo con el tipo de cambio. El Gobierno está actuando equivocamente al pensar que puede contener la inflación controlando el tipo de cambio y las tarifas. Nosotros tenemos 70.000 millones de pesos en subsidios. Es un tema muy preocupante. El segundo tema, más de tipo estructural, es la pérdida de capacidad de incorporar inversiones que modernicen el aparato productivo y que generen mejor
infraestructura en energía y en transporte. Tenemos un problemón enorme ahí. Nos hemos quedado: Brasil, por ejemplo, tiene un desarrollo más sostenible. Nos vamos a enfrentar con un serio problema energético en los próximos años.
l Sin acceso al mercado de capitales y con acciones como la expropiación de YPF, ¿de qué forma cree usted que llegarían las inversiones?
- Es que no veo la forma. En el caso de YPF, yo creo que el estado argentino está en todo su derecho de hacerlo, pero que las formas de hacerlo se contraponen con el uso internacional, y esto espanta las inversiones. Por otro lado, no entiendo por qué todavía no se arregló con el Club de París. Ahora YPF dice que para crecer necesitará 35.000 millones de dólares en los próximos cinco años. La pregunta inmediata es, ¿de dónde sacamos esa plata? Eso es una contradicción del Gobierno. Cuando se toma una medida no hay que pensar en el corto plazo sino también en el impacto a futuro. Haber tenido las tarifas casi regaladas en Buenos Aires puso contenta a mucha gente, pero a la vez generó que hoy no tengamos energía porque ninguna empresa va a invertir con precios por debajo de sus costos.
l ¿Y el tercer tema que le preocupa?
- El tercero es una situación compleja respecto al déficit fiscal, que se está viendo principalmente en las provincias. El Estado Nacional todavía puede financiarlo de alguna manera, pero las provincias no tienen capacidad de financiación, porque las pocas que pueden ingresar al mercado internacional de capitales lo tienen que hacer a tasas del 10 o 12%. El déficit fiscal limita las posiblidades de tener políticas anticíclicas o políticas expansivas. En ese sentido, yo creo que poco a poco y sin estruendos, se fueron dejando las bases que dieron sustento al crecimiento que hemos tenido.
l ¿Atribuye esos lineamientos a la gestión de Duhalde en la que usted participó?
- El tipo de cambio competitivo lo fijamos nosotros. También planteamos un equilibrio en la cuenta corriente del balance de pagos, tener equilibrio fiscal e ir a una estabilidad de precios. Eso se mantuvo hasta 2008 y el país tuvo un comportamiento económico muy pero muy bueno, con superávits gemelos. Cuando asume el presidente Kirchner, mantiene esos lineamientos: los equilibrios, la baja inflación, el tipo de cambio competitivo y comenzó la acumulación de reservas para pagar deuda. Pero nuestra política monetaria, a pesar de algunas críticas que hemos tenido, nunca fue expansiva, fue moderada. Porque para salir de un tipo de cambio fijo y retrasado no hay que indexar ninguna variable ni hay que cebar la bomba. Eso fue el Rodrigazo.
l ¿Cómo se vuelve a esa situación de equilibrio?
- Esto depende de que se provea un marco en el que la gente vea que los precios no van a aumentar, que el manejo de los fondos será bajo ciertas reglas. Hoy algunos empresarios me dicen que no se animan a realizar inversiones porque no saben si les van a dejar ingresar luego insumos o bienes de capital. Yo comparto plenamente que hay que defender la industria nacional. Es vital que florezca. Pero tiene que haber mecanismos más eficientes para esto. Ya hay algunos economistas cuyos análisis dan que estamos en un período de estancamiento. Creo que hay que esperar un poco. Si el Gobierno insiste en este tipo de políticas, es posible que vayamos a una recesión o a un estancamiento. Estamos con problemas, pero con problemas manejables. Es absolutamente distinto a 2001. Por favor, no hay que ser alarmistas en esto: estamos a tiempo de cambiar, pero hay que cambiar.
l ¿Qué opina de la política de control cambiario del Gobierno?
- Creo que el dólar históricamente en la Argentina es un activo de reserva de valor. Y cuando la gente ve que la inflación puede seguir alta, y que la tasa de interés va a seguir muy negativa en términos reales, entonces se va al dólar. Pero los controles del Gobierno no revierten la situación. Lo que debería hacer es fijar una política anti-inflacionaria. Lo mismo sucede con el control a las importaciones, que cuando es sistemático contradice las reglas de juego del comercio internacional.
l ¿Cómo evalúa la batalla cultural a favor de la pesificación que se viene fogoneando en los últimos meses?
- Nosotros pesificamos la economía en el 2002. Está toda pesificada. Queda sólo una buena parte de las operaciones inmobiliarias en dólares, pero convengamos que es un mercado muy pequeño. Lo que ha logrado esta cuasi corrida es que los depósitos en dólares bajen. Y los depósitos en dólares son muy importantes porque están enganchados con créditos en dólares para exportar.
l ¿Y por qué la gente sigue refugiándose en el dólar?
- Y precisamente porque hay inflación. Porque la gente no ve señales de que el Gobierno va atacar el tema. El Gobierno insiste en que es del 10%. Creo que lo primero que debería hacerse es sincerar la situación. Es fundamental por más que cueste. Yo dije que la convertibilidad no iba más, que íbamos a pesificar, por supuesto con un costo político muy grande, pero el país empezó a salir de la crisis. Ahora, si nadie quiere asumir el costo de sincerar la inflación, tendremos problemas.
l ¿Cuál sería el costo de reconocer la inflación para el Gobierno?
- Primero, develaría realmente dónde estamos parados. Y los que ven todo positivo se darían cuenta de que hay algunos problemas. Por supuesto que luego vendrá una discusión contractual y de subsidios. Pero cuando uno está ante una coyuntura compleja, no puede atacar los problemas de a uno. Ni mucho menos atacar las consecuencias. Tiene que ir a las causas y de manera conjunta. Por eso en este contexto no hay que devaluar, porque lo que generaría es más inflación y se entraría en una espiral. Una devaluación sería atacar las consecuencias en lugar de las causas.
l ¿Le parece adecuada la actual conducción de política económica?
- Es una cuestión de estilos. A mí me gusta la conducción económica unificada, donde el ministro hable, explique lo que está haciendo y lo que hará a futuro. El problema actual es que hay varios que hablan, y aparentemente tienen peso en las decisiones. Esto genera cortocircuitos para los que toman decisiones. Es una pena. z we